El Brent —barril de referencia en Europa— traspasó la psicológica barrera de los 100 dólares en una semana en la que redoblaron todas las campanas por una nueva escalada del conflicto entre EEUU e Irán. Con tal acústica los expertos se vieron obligados a dar un giro copernicano a sus relatos y trasladar la idea de que la guerra ha dejado de ser una amenaza regional. El cóctel explosivo de la reanudación de “ataques masivos” a las infraestructuras estratégicas iraníes, la cada vez mayor militarización del Estrecho de Ormuz —por donde transitaba el 20% del petróleo mundial— y la extensión del colapso de los flujos de crudo a otro cuello de botella, el de Bab el-Mandeb, bajo control de los hutíes yemeníes aliados de Teherán, ha elevado el termómetro de una confrontación que devuelve la preocupación a los mercados, los observadores diplomáticos y los economistas.

La interrupción de esta pasarela mercante recortaría otro 7% los flujos petrolíferos y perjudicaría seriamente los gasísticos, con precios superiores a los 62 dólares el MW/hora en Europa. Así como al oro negro, en máximos desde marzo, al inicio del conflicto contra Irán. Pero, además, dañaría la navegación por el Canal de Suez, chokepoint esencial de mercancías transoceánicas entre el Índico y el Atlántico por el atajo mediterráneo.