Algo se mueve en el sudeste asiático. Protestas 'piratas' en Indonesia, jóvenes prenden fuego al Parlamento en Nepal, activistas de la generación zeta derrocan gobiernos en Sri Lanka y Bangladés. Y ahora han llegado al gran gigante indio en forma de 'cucarachas'. Un enjambre de activistas inundó el lunes las calles de Delhi con pancartas, proclamas anticorrupción y máscaras de cucarachas. Eran miles, y los choques contra la policía no los amedrentaron. Al día siguiente, repitieron una marcha con unas 50.000 personas que se saldó con centenares de heridos, mientras la oposición al Gobierno se sumaba a las manifestaciones. El sábado, el Ejecutivo aceptaba sus exigencias forzando la dimisión del ministro de Educación y dejando claro que un nuevo partido, el Partido de las Cucarachas (Cockroach Janta Party), había irrumpido con fuerza en el tablero político indio. La pregunta ahora es hasta dónde llegará este movimiento surgido de internet y que cala, principalmente, entre los jóvenes. Todo comenzó el 3 de mayo, con una filtración de las pruebas nacionales de acceso a la carrera de Medicina, que llevó a la cancelación del examen. No era nada nuevo; episodios similares se habían vivido antes en la historia de esta famosa prueba que decide el destino de cientos de miles de estudiantes en la India y que está cargada de acusaciones de corrupción y nepotismo. En esta ocasión, más de una veintena de opositores se suicidaron al enterarse de que tendrían que repetirla. La polémica echaba más leña a la frustración de una juventud machacada por una enorme tasa de desempleo: entre los graduados menores de 30 años de la India, casi el 40% no tiene trabajo, según el informe de 2026 de la Universidad Azim Premji. Mientras se extendían las primeras quejas y protestas juveniles pidiendo transparencia en las pruebas de acceso, el 14 de mayo el presidente de la Corte Suprema, Surya Kant, tildó públicamente a la juventud desempleada de ser "cucarachas" y "parásitos de la sociedad que atacan al sistema". Aunque al día siguiente Kant intentó matizar que se refería exclusivamente a aquellos que "usaban certificados falsos" para conseguir trabajo, ya era tarde. Sus acusaciones se habían viralizado y habían creado un maremoto de críticas en redes sociales. El 16 de mayo, el estudiante indio Abhijeet Dipke, de 30 años, ofreció una propuesta para canalizar la ola de descontento juvenil: fundó el Partido de las Cucarachas. TE PUEDE INTERESAR Dipke, que cursa en Estados Unidos un máster de relaciones públicas, creó con ayuda de amigos una web y un formulario de Google para unirse al nuevo movimiento satírico que reivindicaba el nombre con el que Kant los había denostado. "Las cucarachas solo existen donde hay basura y porquería. Esto significa que nuestro sistema es ya tan corrupto que ha llegado el momento de que emerjan las cucarachas", afirmó Dipke ante los medios nacionales. En cuestión de horas, el movimiento recibió miles de formularios. En días, alcanzó los millones de seguidores en Instagram. En la actualidad tiene 25,5 millones, tres veces más que el partido en el Gobierno, el Partido Popular indio (Bharatiya Janata Party) de Narendra Modi. Un simpatizante del Partido de las Cucarachas de la India lleva una máscara antigás durante una protesta exigiendo la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, en Nueva Delhi el 24 de julio de 2026. (Reuters/Bhawika Chhabra) Ante el éxito espontáneo, Dipke cogió un avión de vuelta a casa para liderar las protestas. Sonam Wangchuk, un famoso activista indio en temas medioambientales y crítico con el sistema educativo, se declaró 'cucaracha honorífica' y comenzó el 28 de junio una huelga de hambre en el observatorio de Jantar Mantar de Nueva Delhi, punto de encuentro de los protestantes. El 18 de julio, tras perder nueve kilos, la policía lo trasladó forzosamente al hospital. Para entonces, las 'cucarachas' ya habían convocado una marcha hacia el Parlamento para exigir medidas contra la corrupción y la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, al que responsabilizan de las filtraciones del examen. No es país para jóvenes "La India es un país joven demográficamente, con una economía en crecimiento, pero que presenta niveles altos de subempleo y precariedad", explica Sanjay Ruparelia, profesor en Política y Administración Pública de la Toronto Metropolitan University. Ruparelia, quien lleva décadas estudiando la sociedad india, señala que esto se ha mezclado con "una generación que utiliza con destreza la tecnología digital", formada por unos 400 millones de personas (el 30% de la población tiene entre 16 y 29 años). Aunque comenzaron creando un movimiento con reclamaciones de transparencia educativa, se ha convertido en una plataforma contra la mala gestión y la corrupción. "En perspectiva, los temas educativos no han influido en la política nacional, pero los movimientos anticorrupción, sí", remarca Ruparelia. En esta línea, el académico pone como ejemplo las rebeliones estudiantiles que derrocaron en los dos últimos años a los gobiernos de Sri Lanka, Nepal y Bangladesh. "El propio Modi llegó al poder en la India gracias a otro movimiento similar liderado por Anna Hazare en 2011 y 2012", recuerda Ruparelia. Tripurdaman Singh, investigador en el Albert Hirschman Centre on Democracy, añade que una buena parte de esta generación Z, educada, enfurecida y con menos oportunidades laborales en las áreas urbanas que en las rurales, ni siquiera "ha conocido otro gobierno más allá de Modi", al que asocian con "un capitalismo de amiguetes y una desigualdad muy extendida". TE PUEDE INTERESAR En contraposición, las principales cabezas del Partido de las Cucarachas "son figuras jóvenes sin una clara vinculación política conocida, lo que juega en su favor", afirma Singh. En su manifiesto, publicado en su web, solo hay cinco exigencias: un Gobierno con paridad de género, asegurarse de que los presidentes del Tribunal Supremo no recibirán sillas honoríficas en el Parlamento tras jubilarse, la aplicación de la ley antiterrorista contra aquellos que cometan fraude electoral, castigar el transfuguismo político y cancelar las licencias de los medios de comunicación de los principales magnates del país. Esto no ha impedido que el movimiento popular reciba apoyo en las protestas de formaciones opuestas directamente al Gobierno, como el músculo organizativo del partido Aam Aadmi, los partidos comunistas u organizaciones sociales como el Ejército Bhim (colectivo dedicado a apoyar a las castas más marginales de la India), explica Sigh. Incluso el partido mayoritario de la oposición, el Partido del Congreso, participó en las protestas. Su líder, Rahul Gandhi, fue arrestado en una manifestación frente a la casa del primer ministro el martes. "La oposición ha olido la sangre", califica Singh, quien opina que está siendo "revitalizada" gracias a estas protestas frente a "un Gobierno que se encuentra en una posición desventajosa" y que probablemente afronte "repercusiones inmediatas en la controvertida legislación que pretende aprobar" ahora en el Parlamento. Estas leyes consisten en la delimitación de distritos electorales, por la que se ha tachado a Modi de manipulación electoral y de poner en peligro el equilibrio federal del país, y la iniciativa 'Una Nación, Una Elección', que busca la celebración de elecciones simultáneas a nivel nacional y provincial. Los riesgos de un salto a la política Más allá de los disturbios en las calles y el torpedeo de votaciones inminentes, queda en el aire la cuestión de si el Partido de las Cucarachas logrará consolidarse y no diluirse como otra tendencia viral más. "Su futuro no parece muy prometedor", vaticina Sigh, quien proyecta tres posibles escenarios. En el primero, los protestantes se acabarán cansando, quedando todo como "un fenómeno de redes sociales que supondrá una espinita clavada para el Gobierno, pero que Modi podría manejar". En el segundo, los líderes del movimiento finalmente constituirán un partido real con una organización sobre el terreno de cara a las elecciones, "algo que preocupará también a la oposición", de cuyo apoyo cuentan por ahora, pero que claramente busca "multiplicar sus fuerzas, no más competencia". En el último escenario, directamente llegarían a un entendimiento con la oposición. El análisis de Sigh se basa en el pasado de la India, en el que "los antecedentes no son muy alentadores" para los movimientos que han dado el salto formal a la política. "Cuando se transforman en partidos, se ven afectados por las presiones y exigencias de la política electoral: expectativas de los votantes, necesidad de financiación, gestión de coaliciones sociales, exposición mediática…", enumera el experto. TE PUEDE INTERESAR La fama alcanzada y el ojo mediático al que están ahora sometidas las principales cabezas del movimiento ya se han cobrado la cabeza de uno de los líderes del Partido de las Cucarachas, Vijeta Dahiya, uno de sus portavoces. Dahiya fue expulsado al descubrirse que se ausentó de las protestas para comerse una hamburguesa tranquilamente mientras los activistas eran gaseados y recibían cargas de la policía. El analista pone ejemplos similares que colapsaron en su trayecto político: el partido Aam Aadmi, surgido de las protestas anticorrupción de 2013, "se transformó rápidamente en un partido basado en la personalidad de su todopoderoso líder, Arvind Kejriwal, y se enfrentó a acusaciones de corrupción y autoritarismo". El partido Janata, nacido de las manifestaciones lideradas por Jay Prakash Narayan en los años 70, también se desintegró al poco de fundarse. "Estos movimientos cambian el panorama electoral, haciéndolo más disputado y ayudando a derrocar la hegemonía de los partidos dominantes; sin embargo, en términos de lograr cualquier tipo de transformación del sistema político, no parecen tener tanto éxito", concluye Sigh. TE PUEDE INTERESAR Pese a todo, los analistas destacan que es innegable el éxito alcanzado hasta la fecha por el movimiento viral. "Se está produciendo una convergencia de intereses entre diversos grupos, todos ellos acosados ​​y hartos de la absoluta arrogancia y el silencio de un Gobierno que parece no comprender cómo funciona la política democrática", destaca Mukulika Banerjee, profesora de la London School of Economics and Political Science. No obstante, Modi rompió el silencio durante el fin de semana, asumiendo la principal reclamación de las 'cucarachas': la dimisión de su ministro de Educación. Echar a Pradhan supone "una señal de que el Gobierno acepta su culpabilidad (en el tema de las filtraciones)", según Banerjee, algo que este gabinete no ha solido hacer "en su larga lista de errores". En una carta publicada en su cuenta de X, el ahora exministro anunciaba su renuncia: "Para garantizar que elementos antinacionales no se beneficien de la situación en Jantar Mantar y en todo el país, que la nación permanezca unida y que los estudiantes de la India no se vean envueltos en complicaciones legales y se centren en sus estudios y su carrera, he presentado mi dimisión al primer ministro". El Gobierno aceptó dos exigencias más: la retirada de las causas abiertas contra los manifestantes e indemnizaciones para las familias de los estudiantes opositores que se suicidaron. Mientras la plaza de Jantar Mantar se llenaba de celebraciones, los líderes del movimiento anunciaban la disolución de las protestas. "Hoy los estudiantes han ganado. Esta lucha de jóvenes quedará grabada en la historia", declaraba este sábado la cuenta oficial en X de las 'cucarachas', quienes proclamaron el fin de las protestas. Respecto al futuro del movimiento, Banerjee afirma que "mientras el poder judicial, la clase política o la policía sigan tratando a los estudiantes y a cualquiera que exija responsabilidades al Gobierno como cucarachas, el partido persistirá". De momento, el Gobierno se ha reestructurado y el ministro de Consumo, Pralhad Joshi, ha asumido este sábado la cartera de Educación. El resto de partidos, periodistas y votantes se mantienen a la espera de los siguientes pasos de la juventud india. Su influencia es indiscutible: en una semana de protestas, han logrado una victoria política que la oposición no había conseguido en los más de 12 años del Gobierno de Modi.