Cuando un niño con discapacidad llega a la familia provoca un terremoto en el que todo se tambalea. Los padres, que esperaban un hijo sano y con todas sus capacidades, tienen que dar la bienvenida a otro, cuya crianza viene repleta de unos desafíos con los que no contaban. Tras ellos, siempre apoyando, están los abuelos, que muchas veces tienen que hacer de tripas corazón para sostener a sus hijos mientras ellos afrontan sus dificultades.Por sus nietos y por sus hijos, tiran para adelante y ayudan, ayudan mucho, y se desviven por sus niños. Gerardo, abuelo de Alicia, y José Manuel, abuelo de Dani, son el mejor ejemplo de lo importante que es esta figura siempre, pero más si cabe cuando nace un niño con discapacidad, cuando todo apoyo y amor son pocos.Por su labor y, sobre todo por su ejemplo, celebramos con ellos este 26 de julio, Día internacional de los abuelos. Gerardo, abuelo de Alicia, con parálisis cerebral: "Somos muy felices juntos"Alicia tiene 13 años, es cariñosa y alegre y es el ojito derecho de Gerardo, su orgulloso abuelo. Desde que nació, ha estado a su lado, cuidando de ella y apoyando a sus padres, incluso cuando apenas podía sostenerse él. "El nacimiento de Alicia fue algo muy traumático, porque durante el embarazo todo iba bien. Pero la misma noche del parto ya hubo problemas. Ingresaron a la pequeña y, mientras estaba en la UCI, le dieron dos infartos cerebrales, que son lo que le provocaron la parálisis cerebral que tiene. Estaba tan grave que en las primeras horas nos dijeron que no era viable, que iba a morir… para mí fue tremendo. Todos esperábamos una niña sana y nos encontramos con una niña con unos problemas muy grandes", recuerda.Como todos los abuelos, esperaba su primer nieto con una gran ilusión, pero más en su caso si cabe, pues fue profesor durante años y siempre ha tenido una relación muy especial con los niños. "El mundo se me vino encima", reconoce.Sin embargo, fueron también sus vivencias como profesor las que no solo le ayudaron a tirar para adelante, sino que proporcionaron una valiosísima experiencia. "En mi vida como profesional me encontré con muchos niños con discapacidad y me volcaba con cada uno de ellos, así que imagínate lo que haría por mi nieta", dice emocionado. "Mi experiencia me sirvió para saber que había que tirar para adelante y trabajar para que tuviera la mejor vida posible".Su duelo, como otros tantos, lo vivió en silencio, se remangó y se puso manos a la obra. "Yo intentaba poner buena cara y animar a mi hijo y a mi nuera, pero la desazón que yo tenía era muy grande, porque no sabíamos si iba a poder caminar, hasta dónde iba a llegar… pero una vez en casa empezamos a trabajar con ella, porque siempre me he implicado mucho en su crianza". Fue Gerardo el que buscó la asociación que les sigue apoyando a día de hoy, Apamp (Asociación de Familias de Personas con Parálisis Cerebral de Vigo), y quien les acompañaba a las reuniones de los colegios buscando la mejor escolarización. "Por mi experiencia, sabía los problemas que podía haber con estos niños en los colegios, y por eso estaba muy intranquilo, me peleé por que tuviera los recursos, fui a la consejería, la cambiamos de centro…", cuenta.A día de hoy, Gerardo sigue siendo esencial en la la vida de Alicia, y viceversa. La lleva al campamento de verano al que acude cada día, la recoge, se va con su familia de vacaciones para apoyar a sus padres e incluso pasa fines de semana con ella para que sus padres descansen.Él se siente muy reconocido por lo que hace, pero, sobre todo, le hace feliz. "Somos muy felices juntos y, aunque es cierto que la incertidumbre y el miedo por el futuro están siempre ahí, vivimos el presente, y estoy muy orgulloso de ella, me la llevo a todas partes. Ella para mí representa mucho y espero que yo para ella también".Implicado hasta la médula, no dejará de pelear nunca por ella. "Abuelos, padres, tíos... todos tenemos que coger la bandera y obligar a las administraciones a ser más ágiles y a que atiendan a las personas que más lo necesitan, tenemos que ser más exigentes", reivindica.Estoy muy orgulloso de ella, me la llevo a todas partes. Ella para mí representa mucho y espero que yo para ella tambiénJosé Manuel, abuelo de Dani: "Estoy superorgulloso de todo lo que ha conseguido"Dani es muy conocido en redes sociales. El vuelo de Dani, que tiene casi 28.000 seguidores, es un perfil en el que cuenta su día a día como un chaval con autismo que hace triatlón y que lucha por ser cada día más autónomo.Pero poco saben que detrás de todos los logros que ha conseguido en estos 15 años también está su abuelo José Manuel, que lo ha apoyado desde que nació.Ya jubilado, antes de que su hija dejara de trabajar para atender a Dani, era él quien lo llevaba y recogía de la guardería, lo cuidaba. "Sentía que no me necesitaban, hasta que llegó Dani y volví a sentir que era necesario, fue una gran luz en mi vida. Para mí fue maravilloso", recuerda.Fue en la época en la que cuidaba de Dani cuando empezaron a sospechar que le pasaba algo, sobre todo porque tenía algunos problemas de conducta. "A veces me arañaba, pero aprendí una técnica y dejó de hacerlo. Lo que yo hacía, cuando me iba a arañar era directamente ponerle la cara, y en vez de arañarme, me abrazaba y me decía ‘lo siento’, porque él sufría, no quería hacerlo, pero no se podía controlar. Pero para mí no era trabajo, aprendí a ser mejor persona con Dani", asegura emocionado.Como su relación eran tan cercana, vivió el diagnóstico de Dani muy intensamente, por él y por su hija. "Después de ir a muchos especialistas, le dieron el diagnóstico en Madrid, pero en lugar de darle soluciones, le dijeron que con el tiempo iría a peor. Le recomendaron que lo medicara, pero mi hija se negó y llegó a casa con un disgusto enorme. Mi hija es una luchadora y el disgusto le duró unos días. Después nos pusimos a buscar profesionales que nos dieran una alternativa, encontramos una fundación, empezaron a aplicar un método para mejorar su conducta, a controlar la frustración para que no pegara… y mejoró una barbaridad", cuenta.Aunque su hija dejó de trabajar, José Manuel seguía muy presente en su vida. "Viví momentos muy duros, porque además veía sufrir a mi hija, que no dormía… Cuando la veía muy cansada, me la llevaba a mi casa, porque ella tenía que descansar", recuerda. Viví momentos muy duros, porque además veía sufrir a mi hijaCon los años, mucho trabajo y mucho apoyo, poco a poco fue mejorando, sobre todo gracias al deporte, pues además de aprender a nadar solo, ha hecho surf, escalada… y ahora es todo un campeón en triatlón, deporte que practica con chicos de su edad. "Es muy constante, trabaja y trabaja hasta que consigue la cosas", dice orgulloso.Ahora que Dani es mayor y necesita menos apoyo, su relación es menos intensa, pero, como recalca, no está triste, sino todo lo contrario. "Lo veo evolucionar: va al cole solo, a comprar, ahora está aprendiendo a coger el bus... Su cara de felicidad cuando consigue algo es… Me encantaría tenerlo en mi casa todos los días, claro, pero tiene que desarrollarse, hacer su deporte, sus terapias… Estoy superorgulloso de mi nieto, de todo lo que ha conseguido. Soy muy fan de él, y no lo cambiaría por ninguno".
Gerardo y José Manuel, unos abuelos implicados y orgullosos de sus nietos con discapacidad: "No lo cambiaría por ninguno"
El 26 de julio se celebra en varios países del mundo el Día internacional de los abuelos.












