¿Se imaginan un mundo con decenas de países cuyos mejores medios de comunicación están en el exilio? ¿En el que un periodista es asesinado cada cuatro días? ¿Donde cada vez más gobiernos autoritarios instalan en los medios un relato absolutamente falso sobre el desarrollo del país? No lo busquen en ninguna novela o película distópica, abran sencillamente los ojos porque ese mundo es el nuestro.La verdad es que resulta difícil, junto a otros momentos de risas, contener las lágrimas al escuchar alguno de los testimonios de los participantes estos días en Bogotá en la decimocuarta edición del Festival Gabo, que se celebra hasta hoy domingo en la capital colombiana y que se ha convertido en la gran cumbre internacional del periodismo independiente, imbricado con la literatura y otros modos de creación artística, como defendía su fundador, el premio Nobel Gabriel García Márquez (1927-2014).Catalina Gómez Ángel, con su premio Gabo a la Excelencia NUKAK / FUNDACIÓN GABOLa noche del viernes (madrugada del sábado en España) se celebró la gala de los premios Gabo, una suerte de Pulitzer en lengua española y portuguesa que distinguen el mejor periodismo del año en sus diferentes formatos, escrito, sonoro, audiovisual y fotográfico, así como la mejor cobertura de investigación de un tema. La estrella de la velada fue la periodista colombiana Catalina Gómez Ángel –los ojos de La Vanguardia en Irán, Ucrania y tantos otros lugares en conflicto–, que recibió el Reconocimiento a la Excelencia, el galardón a la trayectoria del certamen.De Catalina Gómez Ángel se destacó que sus crónicas ofrecen el contexto de lo que sucede, trasladan sensorialmente al lugar y explican qué le pasa a las personas concretas. La periodista dedicó el galardón “a mi familia, a quienes no he dado una vida fácil al decidir que contar lo que pasa en las zonas difíciles del mundo sería mi vida”. Criticó que actualmente incluso en las guerras, “los gobiernos acreditan antes a influencers, que jalean sus decisiones, que a periodistas, que les hacemos preguntas”. Narró cómo se recorrió las calles de Teherán y otras ciudades tras las últimas revueltas de antes de la guerra. Y recordó, al acabar el acto, que lleva 17 años trabajando con La Vanguardia, desde que empezara firmando con el seudónimo de Fèlix Pla “aunque enseguida pasé a usar mi nombre real”.Los premiadosCatalina Gómez ÁngelReconocimiento a la Excelencia PeriodísticaLa colaboradora de La Vanguardia, radicada en Teherán desde 2007 encarna “el mejor periodismo de una época”, según el jurado, por sus coberturas de Irán, Ucrania, Afganistán, Gaza, Siria y otros focos de conflicto.Óscar y Carlos MartínezTextoEstos hermanos salvadoreños narran a cuatro manos, en El exilio nos alcanza, su huida de El Salvador en junio de 2025 tras publicar su investigación sobre los pactos del presidente Bukele con las pandillas terroristas.‘A política da bala’ (varios autores)CoberturaReportaje que expone los asesinatos de la policía militar en el estado de Sao Paulo, basado en 227 casos, bajo el gobernador actual, Tarcísio de Freitas, con víctimas desarmadas y baleadas por la espalda.‘¿Quien quemó el bus?’ (varios autores)ImagenReportaje colombiano sobre la historia de Karo y Jonathan, acusados de terrorismo injustamente, en una criminalización de la protesta social.‘Se llamaba como yo’Audio (varios autores)Reportaje sonoro español que investiga una mentira de Estado, la que proclamó que una niña de 20 meses muerta en San Sebastián en 1960 fue ‘la primera víctima de ETA’. A partir del relato de su hermana.Gabriela BilóFotografíaSerie fotográfica en blanco y negro que muestra momentos decisivos del juicio que condenó a Jair Bolsonaro tras el intento de golpe de Estado en Brasil del 2023.Un tema impactante y disruptivo visto en el festival es la gran cantidad de redacciones en el exilio. Podría decirse que Nicaragua, Cuba, El Salvador... tienen hoy a sus mejores informadores fuera del país, a pesar de lo cual informan de lo que sucede en él, estructurados en medios de comunicación que se basan en tupidas redes clandestinas de informantes en el interior. Una realidad que ha reconocido el premio Gabo otorgando su premio de texto a El exilio nos alcanza, de los hermanos salvadoreños Óscar y Carlos Martínez, que se han visto obligados a trasladar junto a sus compañeros el periódico El Faro a México. “El dictador Bukele –cuenta Carlos– se presenta como un hombre rudo frente al crimen organizado. Nuestras investigaciones demostraron que, en realidad, llegó al poder tras alianzas con las maras, algo que podría hacer que fuera juzgado en EE.UU. Tuvimos que irnos de El Salvador el año pasado, pues emitieron órdenes de captura contra nosotros, y nos iban a enviar a prisiones en las que hemos reportado asesinatos, violaciones y mutilaciones”. Una cosa tiene clara en su nueva vida: “Me he prohibido hablar con taxistas... porque muchos son fans de Bukele y no lo soporto”.La cubana Mónica Baró, que reside en Miami tras su paso por Madrid –”aunque no soy trumpista”, matiza–, cuenta que “el ejercicio del periodismo independiente en Cuba conlleva penas de cárcel. Yo sufrí acoso policial, interrogatorios, multas, difamación en medios estatales... me anunciaron un proceso por mercenarismo, un delito que puede castigarse con la pena de muerte. Llegué al límite, no pude aguantar toda esa presión y me fui. Quedan pocos informadores independientes en el interior, un ejemplo heroico es el medio de Yoani Sánchez y su marido Reinaldo Escobar, que a menudo tienen cercada su vivienda y en esos períodos no pueden ni salir a la calle”.Una nueva situaciónDecenas de medios de comunicación de países como Nicaragua, El Salvador o Cuba, se han ido al exilioAl nicaragüense Carlos F. Chamorro, director de Confidencial (no confundir con el medio español), la dictadura de Daniel Ortega le confiscó la redacción de su medio y le despojó de su nacionalidad, junto a otras 457 personas. Ahora lo dirige desde Madrid. “Desde 2024 –relata– no tenemos ningún reportero en Nicaragua, pero no solo nosotros, se exiliaron veinte medios de comunicación. Este periodismo desde el exterior plantea nuevos retos, el prioritario es blindar y dar seguridad a nuestras fuentes en el interior”.Martínez puntualiza que “los periodistas no somos activistas, debemos verificar todo lo que publicamos, mi misión es informar y no destronar a nadie, el periodismo es que te mueres por saber cosas que no sabes y haces lo posible por tener la información, mientras que el activismo es que quieres convencer a otros de tus certezas, no tienen nada que ver”.Otra tendencia en auge es la del periodismo colaborativo, que –a la manera del crimen organizado– coordina equipos en diferentes países para realizar investigaciones que, en un solo Estado, quedarían cojas.Los hermanos Óscar y Carlos Martínez agradecen el premio Gabo de textoNUKAK / FUNDACIÓN GABOPor los pasillos y avenidas que conectan los diferentes espacios del festival se pasean referentes del oficio, como la filipina Patricia Evangelista –que ha documentado los sangrientos desmanes de la guerra contra las drogas en su país en el libro Que alguien los mate–, la mexicana Carmen Arístegui –que ha hecho temblar a varios presidentes con sus investigaciones–, el estadounidense Jon Lee Anderson, mítico reportero de guerra... Pero los espectadores que abarrotan los espacios también hacen colas para conseguir firmas de escritores literarios que optan por la no-ficción en todos o algunos de sus libros, entre ellos el catalán Pol Guasch –que ha venido aquí a hablar de su padre–, el madrileño Marcos Giralt Torrente, los argentinos Leila Guerriero o Javier Sinay, el británico J.S.Tennant, el chileno Christian Alarcón... No existe distinción, aquí, entre ellos y los redactores de medios porque, como enseñan los talleres de técnicas narrativas para el reporterismo que se imparten siguiendo las enseñanzas de García Márquez, la única distinción entre periodismos es el que está bien hecho (y, por tanto, bien escrito) y el que no.Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literarios
Catalina Gómez Ángel, premio Gabo: “En las guerras, los gobiernos ya acreditan más a influencers que a periodistas”
Los premios y el festival Gabo denuncian el retroceso de la libertad de prensa













