Israel bombardeó la casa de Dalia Kayed durante la primera semana de la invasión israelí a Gaza, en represalia por los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023. De refugio en refugio, la palestina encontró en el tatreez, un tipo de bordado árabe, su forma de evadirse de las bombas que llovían del cielo: en sus propias palabras, "una forma de resistencia ante el genocidio". Como la historia del tatreez, lo que había sido algo meramente cultural se transformó en un acto de rebeldía, reivindicación y, sobre todo, una herramienta que le permitió resistir. Ahora, refugiada en España, imparte un taller sobre este arte organizado por Casa Árabe con motivo del Foro Internacional para la Cultura Palestina.Publicidad"Cuando no teníamos nada que hacer y solo podíamos esperar la muerte, bordaba para olvidar el ruido de las bombas", cuenta la refugiada gazatí de 21 años, que huyó en 2025 tras resistir durante casi dos años los ataques israelíes. Su relación con el tatreez comenzó mucho antes, a los nueve años, cuando su tía le enseñó a bordar como muchas mujeres habían hecho antes. Lo que no sabía Dalia es que su relación con esta parte de la cultura palestina cambiaría drásticamente años después.La artista hispano-palestina Maysun Cheikh explica a Público que, desde un comienzo, el bordado ha funcionado como una "gramática visual", representando el origen o el estatus social. Los motivos representan dibujos con formas naturales como el cedro, muy típico en la región, la paloma, o la hoja de naranjo. Los rasgos característicos de cada bordado permiten identificar realidades, como el origen mediante las formas y motivos o el estado civil con el color. El tatreez es, al fin y al cabo, una forma de contar historias y representar la realidad. Una realidad que se vio atravesada por la Nakba de 1948, cuando la creación del Estado de Israel supuso la expulsión de más de 800.000 palestinos de sus hogares. "Hay un bordado de antes de la Nakba y un bordado de después", sostiene Maysun. Este acontecimiento, que "rompe el mapa de Palestina", hace que el pueblo palestino tenga que "construir una nueva realidad que se ve reflejada a través del bordado"."El bordado se vuelve a convertir en contexto, vuelve a hablar, vuelve a ser gramática. Vuelve a mostrar la realidad de un pueblo que está cada vez más silenciado", explica Maysun. El pueblo palestino, cada vez más reprimido, ante una "ocupación que prohíbe banderas, que prohíbe el mapa de la Palestina histórica", busca en el tatreez una forma de expresarse y reivindicarse. En sus propias palabras, este "se convierte poco a poco en un arte de resistencia" que permite representar, y portar, estos elementos prohibidos. En los levantamientos populares entre 1987 y 1993, conocidos como la Primera Intifada, el bordado será considerado "la vestimenta de la resistencia". Los palestinos expresan con el tatreez su realidad, ya no solo su origen y su estatus, si no su contexto de opresión, usando el tejido como una manera de expresar lo que les era prohibido, como la bandera y sus colores.Luchar sin violenciaDesde la Nakba, la resistencia se ha articulado a través de la oposición al Estado de Israel, y la identidad del pueblo palestino se ha presentado como algo se se construye en negativo. Sin embargo, reivindicar la cultura construye en positivo. Para Maysun, bordar es una manera de luchar sin violencia, una forma de "lucha pacifista" que "anula los estereotipos negativos de los palestinos" y crea comunidad.PublicidadEl sionismo pretende romper el tejido social palestino, porque sin pueblo, sin comunidad y sin colectivo, no hay lucha contra la ocupación. Este acto se convierte así en un lugar donde se teje comunidad. Y es que solo con un pueblo unido se podrá sobrevivir al Estado de Israel en su búsqueda de "eliminar Palestina y sus orígenes". Dalia cuenta que su tía le enseñó a bordar con nueve años, y que le transmitió algo que "todas las mujeres enseñan a sus hijas y a sus nietas". "El bordado es un lugar de encuentro, es un lugar común que descubrimos para poder sentir eso que no nos dejan sentir, que es ser palestino", cuenta Maysun."Este arte es nuestro, no es suyo. No es de los israelíes"El Estado de Israel ha intentado borrar del mapa el pueblo palestino en su proceso de colonización con un genocidio que no es solo físico. Las activistas denuncian que el sionismo "está llevando a cabo un genocidio cultural" mediante la apropiación de sus tradiciones y costumbres. "Los israelíes intentan robar este arte y dicen que este arte es suyo, pues este es un arte de resistencia. Bordando contamos que este arte es nuestro, no es suyo. No es de los israelíes", afirma Dalia.Publicidad"Existir es resistir", dice Maysun. "Cuando tratan de invisibilizar a tu pueblo, hacer cosas para que se pueda visibilizar, representar tus raíces, es una forma de resistencia". Frente a los intentos del sionismo de borrar al pueblo palestino, visibilizarlo "es una manera maravillosa de luchar", explican las activistas."Su propia raíz está alimentando su presente""En la actualidad, muchas mujeres venden sus bordados para ayudar a sus familias y para vivir una vida mejor. En los campos de refugiados y en muchos lugares del mundo, las mujeres palestinas en la diáspora han encontrado el tatreez como una forma de sustento", cuenta Maysun. Una profesión que para ella es "honorable" ya que esas mujeres "obtienen un sustento digno y, además, hablan de su identidad y de sus raíces".Frente a la precariedad en la que Israel ha obligado a vivir a los refugiados, bordar es un arte que "les permite, por un lado, hablar de sus raíces y de su identidad y, por otro, les da un medio de vida sano y muy honroso". En palabras de Maysun: "Su propia raíz está alimentando su presente".
"Bordaba para olvidar el ruido de las bombas": el 'tatreez' como forma de resistencia palestina
Para las activistas Dalia Kayed y Maysun Cheikh, el bordado es una manera de luchar sin violencia, un modo de "lucha pacifista" y "una forma de resistencia ante el genocidio"....






