SILVIA ROM�NActualizado Domingo,

julio

00:52Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York de 34 a�os, sigue subiendo como la espuma en las encuestas. En abril, su popularidad se situaba en el 40%; en la actualidad, ha alcanzado el 45%, y en algunas zonas de la gran ciudad escala hasta el 58%. Este pol�tico socialista, musulm�n y con un discurso casi anti-sistema se ha convertido en un aut�ntico fen�meno al conectar con una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos: el elevado coste de la vida. Se trata de un problema que afecta a hombres y mujeres, j�venes y ancianos, latinos y afroamericanos... A todos ellos, Mamdani les prometi� que har�a frente a esta crisis. Y as�, recientemente, se ha aprobado una moci�n clave para congelar el alquiler de los pisos en la megal�polis de 8,5 millones de habitantes.Lo curioso es que al preguntar a los encuestados si el cumplimiento de las promesas de campa�a es lo que les lleva a aumentar su respaldo hacia Mamdani la respuesta no es la esperada. Los neoyorquinos consultados aseguran que lo que les gusta del alcalde es verle por la ciudad: paseando por Queens, de visita en un colegio o disfrutando en una discoteca. Encuentros fortuitos, nada forzados, frescos... como los v�deos virales que protagoniza y que contribuyeron a auparle a la Alcald�a.Mamdani nunca podr� ser presidente en el pa�s de las barras y las estrellas. No cumple una condici�n indispensable: haber venido al mundo en EEUU. Naci� en Uganda, de padres indios, lleg� a Nueva York cuando ten�a siete a�os y no obtuvo la ciudadan�a estadounidense hasta los 27. Sin embargo, su figura representa una tendencia cada vez m�s extendida: el estrecho v�nculo que se establece entre los votantes y sus representantes locales. De cualquier partido o ideolog�a. Desde la izquierda m�s radical hasta la derecha m�s extrema. Los alcaldes conectan cada vez m�s, se proyectan mejor y muchos, muchos, est�n empezando a saltar a la pol�tica nacional. Y, si no, s�lo hay que recordar c�mo arranc� la actualidad internacional esta misma semana.Este lunes, Andy Burnham, alcalde del Gran M�nchester, se convirti� en primer ministro de Reino Unido. Hace apenas cinco semanas, el laborista ni siquiera era diputado. En un tiempo r�cord, Burnham se present� a las elecciones del distrito de Makerfield, las gan�, esper� a la marcha de su compa�ero de partido y 'premier', Keir Starmer, y fue catapultado al sill�n de Downing Street por sus correligionarios. �Qu� le avalaba? Nueve a�os al frente de una Alcald�a con un fuerte respaldo popular.Ahora bien, �es lo mismo gestionar una regi�n urbana de 2,8 millones de habitantes que un pa�s de 70 millones? �sa es la cuesti�n que se plantea en el caso de Burnham. La intensidad y la naturaleza de las decisiones que se toman, los sacrificios que exige el cargo, los vertiginosos retos que hay que superar... Sin embargo, muchos otros han logrado adaptarse antes a este desaf�o y en distintos puntos del planeta. Sin ir m�s lejos, en Reino Unido, donde Boris Johnson lleg� a primer ministro tras haber sido alcalde de Londres.En Francia, ha llegado a convertirse casi en una tradici�n. El ex presidente Jacques Chirac fue alcalde de Par�s; Fran�ois Hollande lo fue de Tulle; y Nicolas Sarkozy, de Neuilly-sur-Seine. En Italia, el ex primer ministro Matteo Renzi ejerci� previamente como alcalde de Florencia. En Alemania, el ex canciller Olaf Scholz se bati� el cobre antes en Hamburgo. En la actualidad, se da el caso de Claudia Sheinbaum en M�xico, que ocupa la Presidencia tras haber sido alcaldesa de Ciudad de M�xico. Por no hablar del todopoderoso presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien en su d�a fue alcalde de Estambul.Todos ellos utilizaron la 'peque�a pol�tica' como trampol�n hacia la 'gran pol�tica'. Convirtieron su gesti�n local en una marca nacional y su experiencia municipal en un proyecto para todo el pa�s. Llegaron con ventaja, pues ya eran l�deres reconocidos, sab�an c�mo conectar con el p�blico, hab�an tejido una red de relaciones personales -desde los barrios hasta las altas instituciones- y conoc�an de primera mano los quebraderos de cabeza de la ciudadan�a, como el transporte o la vivienda.En realidad, podemos estar ante una nueva forma de populismo o, mejor dicho, ante una nueva v�a para combatirlo. Si los l�deres populistas est�n desplazando gobiernos es porque se arrogan la virtud de saber qu� quieren los ciudadanos, de responder a sus intereses directos y de ser capaces de mejorar su forma de vida. Los alcaldes convertidos en mandatarios vienen directamente de ah�: de centrar su trabajo en mejorar el d�a a d�a de la gente.Ahora bien, no todo son luces. Las sombras aparecen con el primer tropiezo, pues los ciudadanos les conceden menos margen de error y son m�s exigentes con ellos. As�, si el flamante primer ministro Burnham deja de estar a la altura de las expectativas de los brit�nicos, no tardar�n en recordarle sus propias palabras: '�Te acuerdas de cuando criticabas a Boris Johnson por los confinamientos del Covid porque utilizaba a las ciudades del norte de Inglaterra como "canarios en la mina"? Ahora t� no nos puedes fallar'.