Pilar Sordo, psicóloga, advirtió que “cada vez hablamos menos de lo que nos pasa y esperamos que el otro entienda igual”. La escritora chilena analizó cómo cambió la forma de conversar, qué ocurre cuando faltan palabras y por qué ese vacío afecta los vínculos y la estabilidad emocional.La reflexión surgió durante una entrevista donde Sordo habló sobre la evolución de los vínculos sociales y el lugar del lenguaje en la vida cotidiana.Según la especialista, muchas personas usan menos vocabulario para explicar lo que sienten. Esa reducción no queda sólo en el habla: también limita la forma de entender lo que pasa por dentro.Para Pilar Sordo, el problema actual no es únicamente que se hable menos. El punto central es que muchas conversaciones perdieron profundidad.La psicóloga señaló que el intercambio de lenguaje por emoticones, respuestas breves o mensajes automáticos empobrece la manera de comunicar lo que una persona siente.Cuando faltan palabras, también se achica la posibilidad de explicar un enojo, un duelo, una necesidad o una incomodidad. El otro queda obligado a interpretar.Sordo también marcó un segundo problema: la falta de paciencia para escuchar. “Hemos ido reduciendo la paciencia, porque no solo me cuesta decirte lo que me pasa, sino que cada vez tú tienes menos paciencia para escucharme a mí”, afirmó.Ese doble movimiento complica los vínculos. Una persona no logra decir con claridad lo que le pasa y la otra tampoco sostiene el tiempo necesario para escuchar.La conversación, entonces, pierde su función principal. Ya no sirve para que dos personas se encuentren, sino que se transforma en una sucesión de frases incompletas.Por qué una conversación necesita algo más que hablarLa especialista explicó que una conversación real exige exposición. No alcanza con responder, asentir o esperar el turno para contestar.Para Sordo, conversar implica aceptar que lo que dice el otro puede modificar algo propio. Si no existe esa posibilidad, el intercambio queda vacío.“La conversación tiene que tener ese desafío en el que yo me exponga a transformarme con lo que tú me dices”, planteó durante la entrevista.Esa idea marca una diferencia importante. Hablar no siempre significa comunicarse. Dos personas pueden intercambiar frases sin sentirse escuchadas ni atendidas.La falta de vocabulario emocional agrava ese problema. Si alguien no puede nombrar lo que siente, termina usando rodeos, silencios o reacciones que el otro interpreta como puede.Cómo influye el diálogo interno, según Pilar SordoSordo también se detuvo en el diálogo interno, un tema que investigó durante ocho años. Su conclusión fue directa: “Cómo te hablas define tu amor propio y tu visión del mundo”.Según la psicóloga, la manera en que una persona se habla a sí misma no sólo determina su autoestima. También influye en la forma en que interpreta a los demás.Si alguien se percibe como confiable o noble, tiende a mirar el entorno desde ese lugar. Si su autopercepción es más dura, esa lectura también puede afectar sus vínculos.