América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo. La tasa de homicidios triplica la media mundial, a pesar de concentrar solo el 8% de la población y de no registrar conflictos armados entre Estados. El 75% de esas muertes se cometen con armas de fuego. Desde comienzos de los años 2000, tanto los países de la región como la comunidad internacional han concentrado sus esfuerzos en controlar las armas. Sin embargo, las municiones, que las hacen alimentan, han quedado relegadas del foco de atención. Tanto unas como otras llegan a manos del crimen organizado y del narcotráfico por tráfico ilícito o por desvíos de arsenales estatales y de empresas de seguridad privada. La Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay ha sido identificada como un punto crítico para ese tráfico. En un operativo de la Policía Civil y Militar de Río de Janeiro en las favelas de Alemão y Penha, realizado en octubre de 2025 contra el Comando Vermelho, organización criminal de Brasil dedicada al narcotráfico, el tráfico de armas y el control territorial, se encontró un fusil FAL perteneciente a las Fuerzas Armadas argentinas. La principal hipótesis sobre su origen es el robo de 43 fusiles FAL y 2.500 partes que podrían ensamblarse para producir otras 400 armas, ocurrido en 2011 en el Batallón 603 de Fray Luis Beltrán, a 15 kilómetros de Rosario, al que se suma el robo de 19.600 municiones calibre 9 y 32 milímetros en 2015. Desde entonces, distintos operativos han dejado en evidencia la ruta ilícita de estas armas e involucrado a empresarios, narcotraficantes, hechos de corrupción y un lento accionar de la Justicia.