Alcanzar un nivel de conciencia y reflexión con nosotros mismos y con los demás parece imposible en estos días. En ese contexto, se consolida una sociedad más racista y agresiva, violenta con los otros, donde la intolerancia y la estigmatización aparecen cada vez más rápido, y donde los niños y jóvenes aprenden y reproducen esos comportamientos. En los últimos meses, distintos informes advierten un aumento preocupante de la discriminación en la Argentina, especialmente en ámbitos educativos, laborales y de género. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer señaló en febrero de 2026 la persistencia y agravamiento de las violencias por motivos de género. A esto se suman otros datos alarmantes: el país figura entre los de mayor incidencia de bullying y ciberbullying, con motivos que van desde el aspecto físico y el origen hasta la orientación sexual; y, según el INADI, una amplia mayoría de jóvenes reportó haber sufrido situaciones discriminatorias. Episodios recientes (como amenazas de tiroteos en escuelas vinculadas a discursos de odio en redes) exponen hasta qué punto estas prácticas escalan y se vuelven más visibles. Sin embargo, rara vez dimensionamos la envergadura de estas cifras hasta que los hechos toman estado público. Casos recientes, desde situaciones de injuria racial en el exterior hasta expresiones discriminatorias en programas de entretenimiento, muestran cómo estos discursos no solo persisten, sino que se amplifican, reforzando prejuicios que llevan siglos desarmar.
Una sociedad más violenta
Alcanzar un nivel de conciencia y reflexión con nosotros mismos y con los demás parece imposible en estos días. En ese contexto, se consolida una sociedad más racista y agresiva, violenta con los otros, donde la intolerancia y la estigmatización aparecen cada vez más rápido, y donde los niños y jóvenes aprenden y reproducen esos comportamientos. En los últimos meses, distintos informes advierten un aumento preocupante de la discriminación en la Argentina, especialmente en ámbitos educativos, laborales y de género. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer señaló en febrero de 2026 la persistencia y agravamiento de las violencias por motivos de género. A esto se suman otros datos alarmantes: el país figura entre los de mayor incidencia de bullying y ciberbullying, con motivos que van desde el aspecto físico y el origen hasta la orientación sexual; y, según el INADI, una amplia mayoría de jóvenes reportó haber sufrido situaciones discriminatorias. Episodios recientes (como amenazas de tiroteos en escuelas vinculadas a discursos de odio en redes) exponen hasta qué punto estas prácticas escalan y se vuelven más visibles. Sin embargo, rara vez dimensionamos la envergadura de estas cifras hasta que los hechos toman estado público. Casos recientes, desde situaciones de injuria racial en el exterior hasta expresiones discriminatorias en programas de entretenimiento, muestran cómo estos discursos no solo persisten, sino que se amplifican, reforzando prejuicios que llevan siglos desarmar.









