La extinción de los tres incendios que acaban de fusionarse este viernes por la tarde en uno solo en la esquina suroeste de la región madrileña se ve dificultada por un peligroso cóctel meteorológico: la conocida como regla del 30-30-30. Utilizada por bomberos, meteorólogos y expertos forestales, resume los tres factores que disparan el riesgo de que un fuego se convierta en un monstruo que avanza a ritmo de velocista y lo convierte en lo que ya es, un incendio de nivel 5 o quinta generación, es decir, que supera la capacidad de extinción: temperaturas por encima de los 30 grados, humedad relativa por debajo del 30% y rachas de viento superiores a 30 kilómetros por hora. Según detalla a este diario Javier Armeteros, delegado de la Agencia Estatal de Meteorología en Madrid, en la zona confluyeron el viernes dichas condiciones, las “más adversas″ a las que se puede enfrentar un bombero: 32 grados, humedad por debajo del 30% y “viento sostenido del oeste-suroeste de 30 kilómetros por hora y rachas de 50 a 60”. La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha recalcado que “es el peor incendio de la historia” de la región, al pasar de 600 a 6.000 hectáreas calcinadas y de 10.000 evacuados a 45.000 afectados, entre evacuados y confinados. Se han desalojado a los vecinos de Chapinería, Navas del Rey, Colmenar del Arroyo, Fresnedillas de la Oliva, Robledo de Chavela, Aldea del Fresno, Navalagamella y Zarzalejo, mientras Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa permanecen confinados.El fuego avanza sin control y, según advierten varios profesionales consultados, no se trata de un problema de efectivos o de medios, sino de condiciones desfavorables. “Medios no faltan, pero este incendio tiene tanta virulencia y tanta fuerza que no puedes meter ni siquiera medios a trabajar”, lamenta Israel Naveso, miembro del cuerpo madrileño y portavoz del Sindicato de Bomberos, mayoritario en la región. Porque el incendio de Madrid ya es de nivel 5, que es como llaman los técnicos a un fuego que se torna inextinguible. “Pero no lo es en todo momento, depende de la orografía. A ratos baja y se abre una ventana de oportunidad y puedes intervenir, en otros es imposible, hay que dejarlo correr”, explica. A un incendio de estas características “no se le puede meter mano de ninguna forma“, concluye el sindicalista, para explicar que lo grave es que ”está cogiendo zonas de interfaz, es decir, parte forestal y parte urbana, está atravesando municipios enteros”. A estas horas, la máxima aspiración de los bomberos es que “se mantenga el contador a cero”, es decir, que no muera nadie. “Está siendo un milagro, la verdad. Con el incendio ya fuera de la capacidad de extinción, a nosotros se nos ha dado la orden de dejar que el monte se queme, la única prioridad son las personas, los ciudadanos y nosotros mismos”, confiesa con sufrimiento e impotencia Naveso. A partir de ahí, teniendo en cuenta que el objetivo primordial es proteger la vida, “se está haciendo lo que se está pudiendo”. Así, sobre el terreno, los efectivos están “aguantando por los flancos”, pero no pueden hacer “un ataque directo a la cabeza” porque con un fuego de quinta o incluso ya de sexta generación “es ir directo a la muerte”, explica José María Bermúdez, portavoz del Cuerpo de Agentes Forestales de Madrid del sindicato CSIF. El fuego ha arrasado decenas de viviendas. Solo El Encinar del Alberche, hay 43 viviendas destruidas y 286 con daños.Para los equipos de extinción en Madrid y Ávila, supone la peor crisis a la que se han tenido que enfrentar con mucha diferencia, según las fuentes, que advierten de una posible “catástrofe” si las condiciones no cambian y si acaban uniéndose el incendio de la provincia de Ávila y el de Madrid porque el primero es “el que más carga de fuego trae y el que más hectáreas se está quemando”, explica Naveso. Como ocurra, “se va a quemar media Comunidad de Madrid”. Es tan grave la situación que “a nivel de plantilla todo el mundo, mayoritariamente, está renunciando a sus vacaciones para incorporarse a trabajar, para poder dar relevos a las dotaciones”, se felicita Naveso. “Nos estamos dejando el alma porque es muy duro lo que está pasando”, dice el sindicalista por teléfono, con la voz entrecortada. Para Naveso, la causa es “una tormenta perfecta de muchas circunstancias distintas en las que se han dado todas a la vez”. El primer ingrediente para amasar este desastre es la dejación de funciones de las administraciones respecto al campo: “Es muy evidente que el Gobierno madrileño no está invirtiendo lo necesario en el mantenimiento y la limpieza de sus montes”. El jueves, desde el puesto de mando de Cenicientos, Ayuso tildó de “verdadero problema de los españoles” la falta de limpieza de los montes como si fuera un asunto de otros y no competencia del Gobierno regional. Porque la falta de limpieza de los montes tiene un doble efecto letal: deja las pistas impracticables, lo que impide el acceso al foco de las llamas, y convierte en combustible para las llamas unos pastos tan crecidos. Si a esta falta de limpieza “se suma a todo lo que ha llovido durante el invierno, que ha provocado que crezca mucho el pasto, y se junta ahora con tres olas de calor en seis semanas, que se han chupado toda la humedad que había y han secado los pastos, y si a una chispa le sumas el viento, pues se dan las condiciones perfectas para que se hayan registrado varios incendios simultáneos”. Una de las claves es la vegetación seca, que favorece la rápida expansión de las llamas. Como el calor no desciende por las noches, no da tiempo a que la madera absorba la humedad y el agua, convirtiéndola en más propensa a arder. Esa velocidad frustra a los bomberos forestales. Este cuerpo lleva años advirtiendo de que cada vez es más difícil contener los conatos de incendio, es decir, los fuegos que queman menos de una hectárea gracias a una rápida reacción. Dicen que llegan a las llamas con la misma rapidez, pero ya es demasiado tarde. “Solemos tardar 30 o 45 minutos, como siempre, pero vemos que el incendio ya se ha extendido”, dice Guillermo Ruiz, bombero forestal. La esperanza es que el tiempo cambie. Un brigadista involucrado en las tareas de extinción de Ávila dice que durante la noche iba va a soplar del norte, lo que puede activar bastantes focos en la cara sur de Gredos. “Como los active y tiren, se come Casillas, La Adrada, Pideralaves o Casavieja”, teme este bombero, lo cual ampliaría enormemente la extensión del fuego, difícil de perimetrar, en una zona geográficamente compleja y de difícil acceso para muchos medios. Para este sábado, se espera una ligera mejoría: entra una masa de aire más húmedo y fresco, con máximas de 29 grados. Incluso es probable que llueva en la sierra norte, aunque no en la suroeste. Sin embargo, el viento girará a dirección norte-noroeste, y también con rachas fuertes de 40 a 60. A juicio del forestal Bermúdez, estamos ante un “panorama inédito”, tanto por la confluencia de tantos grandes incendios como por la declaración de emergencia nacional. “Anoche lo vimos como una jugada exagerada y con perfil político, pero ahora, viendo los mapas, tiene una justificación técnica. Los técnicos vieron lo que venía de Ávila y se asustaron. Es un incendio de una velocidad y voracidad increíbles, se ha recorrido la sierra de Gredos en dos días”, contextualiza Bermúdez. Para evitar que estas situaciones se repitan verano tras verano y sean cada vez peores, según el agente forestal, son fundamentales las inversiones. ”Está bien que se hagan en medios de extinción, pero lo que estamos repitiendo todos los profesionales es que necesitamos que lleguen al sector forestal, al agente forestal, a los bomberos forestales, a las cuadrillas que limpian los montes”. “Todos los veranos cuando viene el lobo lo repetimos, parece que por fin se ha creado conciencia social, pero llega octubre y se acabó y en vez de haber 10 cuadrillas limpiando pistas, hay una”, reclama el agente forestal, a favor del pacto de Estado que propuso Pedro Sánchez a las comunidades contra el cambio climático y los incendios forestales.
El peligroso incendio que acecha a Madrid: de quinta generación y con la regla del 30-30-30
“Nos estamos dejando el alma porque es muy duro lo que está pasando”, dice un responsable sindical de los bomberos










