0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl jueves la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila fueron declaradas zonas de emergencia de interés nacional, a causa de sus incendios forestales fuera de control. Esta declaración de emergencia no se daba desde el apagón eléctrico que sufrió nuestro país en el 2025. Ayer, España solicitó a la Comisión Europea la activación del mecanismo comunitario de respuesta ante este tipo de catástrofes. Francia hizo lo mismo, a consecuencia de tres grandes incendios que queman en la bahía de Arcachon –y que afectan al enclave vacacional de Cap Ferret–, en las Landas y en el departamento de Var.Este tipo de iniciativas institucionales dan idea de la envergadura de los fuegos que destruyen ahora zonas francesas o del centro peninsular. Hasta la fecha, los incendios de Guadalajara, Madrid o Ávila han calcinado una enorme cantidad de hectáreas. El número de confinados y evacuados suma decenas de miles de personas, puestas a salvo de unas llamas que avanzan favorecidas por las condiciones meteorológicas extremas y por el viento, que ayer era de hasta 50 kilómetros por hora en la zona afectada.De la gravedad de estas condiciones se tiene noticia ya en muchos lugares de España. En lo que va de año han ardido más de 130.000 hectáreas, con principal afectación en el litoral mediterráneo, en Castilla y León y, ahora, en la Comunidad de Madrid y algunas provincias aledañas. Entre los días 3 y 7 de este mes, un incendio amenazó en Catalunya todo el macizo de las Gavarres, aunque finalmente quemaron solo 2.300 hectáreas. A finales de junio, el número de hectáreas carbonizadas en España quintuplicaba el registrado a lo largo de los primeros seis meses del 2025.Las llamas han obligado a confinar o evacuar a decenas de miles de personasEs obvio que las políticas de prevención dejan mucho que desear. Todo indica, dado lo adverso de las condiciones meteorológicas, cada día más extremas, que la crisis climática que favorece las abrasadoras olas de calor es una causa principal de esta situación. Y, a la vez, que determinadas actividades humanas, a menudo impulsadas por grandes intereses económicos, son causantes principales del desajuste térmico. Contra esta realidad, poco puede hacerse sin consensos globales, que ahora parecen inalcanzables.Dicho esto, a escala nacional, autonómica, provincial e incluso local son numerosos los agentes institucionales, políticos, sectoriales o de otros órdenes que podrían actuar de modo más conveniente. Lo cual significaría más prevención, en diferentes niveles. Los bomberos no se cansan de repetirlo: hemos llegado a un punto en el que los incendios exceden por completo, al menos durante no pocas horas, su capacidad para apagarlos. A lo máximo que pueden aspirar entonces es a evitar víctimas mortales y pérdidas de viviendas, a perimetrar el fuego y a confiar en que el paso del tiempo y la evolución de las condiciones meteorológicas sean favorables.Las tareas de previsión no resultan suficientes y la respuesta de algunos políticos es lamentableLas responsabilidades están repartidas. Las más obvias recaen sobre los pirómanos causantes de algunos de los incendios: ante su desatino, el bosque mejor protegido está amenazado. Pero hay otras. Algunas afectan a los propietarios de bosques que no los mantienen debidamente, que no expurgan el sotobosque ni retiran los árboles abatidos por los temporales, convirtiéndolos en una bomba de relojería. También es cierto, digámoslo todo, que para superar esta carencia sería precisa una reforma estructural de la silvicultura, que va más allá del uso constante de recursos humanos o ganaderos para contribuir a la limpieza del bosque, y llega hasta la redefinición y revalorización de los productos que puede producir la masa forestal, a fin de que su cuidado sea económicamente viable.Las instituciones cargan también con su cuota de responsabilidad. En particular cuando abusan de los recortes en inversión pública hasta tal extremo que, de hecho, contribuyen a dejarnos indefensos ante las llamas que todo lo devoran. Y, de modo aún más irritante, cuando su reacción ante los incendios incluye descalificaciones cruzadas por políticos rivales. Ayer volvió a suceder, con un lamentable intercambio de insultos entre la presidenta de la Comunidad de Madrid –que al solicitar la declaración de emergencia cedió el control de las operaciones de extinción al Gobierno– y el ministro de Transportes. Los fuegos, ciertamente, no se combaten así. Se combaten con mucha previsión y con mucha coordinación institucional. Ya se falló en lo primero y resulta indecoroso que algunos fallen también en lo segundo.
Los incendios, una emergencia nacional, por Editorial
El jueves la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila fueron declaradas zonas de emergencia de interés nacional, a causa de sus incendios forestales fuera de control. Esta declaración de emergencia no se daba desde el apagón eléctrico que sufrió nuestro país en el 2025. Ayer,...











