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JUL.

2026 - 00:01Gloria Mu�oz interpreta en 'Las gratitudes' a Michka, una mujer que padece afasia y que necesita decir todas las gracias que sean necesarias antes de perder el habla.Javier NavalGloria Mu�oz define el teatro como su tabla de salvaci�n, un espacio donde se siente viva y puede olvidarse de lo que la hace sufrir por un momento.En Las gratitudes, Marie, uno de los tres protagonistas de esta novela editada en Espa�a por Anagrama y que firma la escritora francesa Delphine de Vigan, dice interpelando al lector: "�Os hab�is preguntado alguna vez cu�ntas veces al d�a dais las gracias?". Las respuestas que ella misma da son variadas, "por el cambio, por el pan, por el paquete de tabaco", pero �son suficientes? �Se dicen siempre de forma sincera? O se dan "unas gracias de cortes�a, de conveniencia, autom�ticas, mec�nicas. Casi huecas". En definitiva, �es necesario mostrar m�s veces gratitud? Marie siente que s�, que deber�a haberle dicho m�s veces gracias a Michka, la mujer que la acogi� cuando era una adolescente abandonada y perdida.Gloria Mu�oz (Madrid, 1948), que da vida en la versi�n teatral de esta enternecedora historia a Michka, una septuagenaria que padece afasia, cree que en su vida ha dejado demasiadas gratitudes en el aire. "Soy muy habladora, pero siento que hay cosas que no he podido decir porque quiz� no era el momento adecuado o porque sent�a que la vida estaba bien as�, pero ahora s� que ten�a que haber dicho m�s veces, por ejemplo, te quiero", explica Mu�oz, que perdi� en un tr�gico accidente de tr�fico a su hijo en agosto del a�o 2024. "Uno piensa que tendr� tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde", nos recuerda De Vigan, una frase que Mu�oz invita a leer con detenimiento y a poner en pr�ctica antes de que la p�rdida se adelante.Michka sufre afasia, un trastorno neurol�gico que afecta a su capacidad de comunicarse y que le hace olvidar palabras o cambiar su significado. Por eso tiene prisa y quiere resolver todo aquello que la inquieta antes de perder completamente el habla. �Se le acaba, como a ella, el tiempo?Por desgracia, no somos siempre conscientes de cu�ndo llegar� nuestro final o cu�ndo ser� el �ltimo d�a que veremos a esa persona a la que amamos antes de que fallezca. Por eso siento que hay que aprovechar cada momento porque la muerte es tan inesperada que no da segundas oportunidades. A veces hablamos demasiado, pero no decimos las cosas importantes. Dar las gracias no es un deber o una obligaci�n es una necesidad vital.Su padre era actor de Radio Madrid y desde muy ni�a vio c�mo se hac�an las radionovelas, que entonces se llamaban seriales. Desde entonces, el teatro le ha dado muchas oportunidades vitales. �Ha sido su tabla de salvaci�n tras el fallecimiento de su hijo -era el actor Juli�n Ortega y ten�a 41 a�os-?La conexi�n que se establece con el p�blico, los compa�eros maravilloso que te encuentras en los ensayos y los textos tan inspiradores como el de Las gratitudes te ofrecen esa tabla de salvaci�n. Lo m�s bonito de ser actor de teatro es que conviertes unas l�neas escritas en un trozo de papel en un personaje de carne y hueso. Es un proceso sanador, donde sientes que ganas algo de tiempo.Dice su personaje de 'Las gratitudes', que se estren� en el Teatro de la Abad�a (Madrid) y que ahora est� en plena gira, que "envejecer es aprender a perder". �Ha perdido ya demasiadas cosas?Nunca te recuperas de la muerte de un hijo; tengo la tristeza siempre presente, pero es una herida con la que hoy puedo vivir. El dolor siempre est� ah�, pero a veces te da una tregua y se mantiene oculto. Salir al escenario te hace olvidar por un rato aquello que te hace sufrir y s�lo por eso merece la pena hacer teatro.Lleva trabajando desde 1965, con profesionales como Jos� Luis G�mez, Mario Gas, Carme Portaceli, Calixto Bieito, Gerardo Malla o Claudio Tolcachir. El director de 'Las gratitudes' es Juan Carlos Fisher. �Es el �nico espacio en el que a�n podemos encontrar lo que define a la humanidad?Al menos es un sitio donde la gente est� dispuesta a pasar dos horas de su vida escuchando a otros seres humanos, sin consultar el tel�fono, sin entrar en una red social, sin responder a ning�n mensaje. Tengo la sensaci�n de que vivimos una �poca en la que hablamos m�s con las m�quinas que con las personas; un tiempo con muy poca humanidad.Y, por si fuera poco, a�n nos queda por vivir el impacto de la inteligencia artificial. �Le preocupa?Supongo que los efectos m�s destacados me pillar�n demasiado mayor para afectarme personalmente, pero creo que deber�amos empezar a preocuparnos m�s por la gente que nos rodea, por lo que sienten, por sus inquietudes y su sue�os que por la inteligencia artificial. Desde luego a m� la inteligencia que m�s me importa es la emocional.Su �ltimo papel en el cine ha sido en 'Amarga Navidad', la pel�cula que ha estrenado este a�o Pedro Almod�var y, tras la muerte de su hijo, su primer compromiso teatral fue hacer 'Historia de una escalera', de Antonio Buero Vallejo, en un montaje que volver� a principios del pr�ximo a�o al Teatro Espa�ol (Madrid). �No tiene planeado retirarse?Estoy jubilada, al menos as� consta oficialmente porque los actores podemos compaginar esa situaci�n con nuestro trabajo. Pero cada vez que me ofrecen un proyecto me siento una privilegiada. La interpretaci�n me ha dado eso que se necesita en la vida para seguir remando y no me planteo dejarlo mientras me encuentre bien.En los a�os setenta, con 22 a�os, sufri� una crisis vocacional y estuvo a punto de abandonar la interpretaci�n. La rescat� Juan Margallo que la anim� a hacer teatro independiente. �Qu� les dir�a a los j�venes que hoy est�n empezando?Que los sue�os s�lo tienen sentido si te esfuerzas por cumplirlos. A m� a�n me ilusiona la sensaci�n de que el teatro es un juego que compartes con tus compa�eros y, aunque hoy no tengo la misma agilidad f�sica que entonces, algo que me impide hacer muchas cosas, y acumulo los sinsabores que te da el paso del tiempo, sigo teniendo ganas de jugar.Directivos