Vamos a centrarnos en este sector más rico. Si la educación de colegios caros argentinos ofrece un servicio tan deficiente, ¿por qué los privilegiados del país envían allí sus hijos para que se eduquen? La primera motivación sería que los otros son aún peores. “Malo, caro, pero el mejor” sería la respuesta parafraseando una publicidad de los televisores Grundig de hace cuarenta años atrás. Sin embargo, habría otra razón más profunda. Sociológicamente los colegios de élite en los diferentes países tienen como finalidad formar la clase dirigente de cada uno. Esto supone que los colegios “caros” tienen una doble finalidad: la reproducción de dirigentes capaces para gobernar y administrar una sociedad, por un lado, y seleccionar o bloquear el ingreso de nuevos miembros, por otro. En el alemán hay una diferencia clara entre el término Erziehung (la pronunciación sería “ertsíung”) y el término Bildung (“bíldung”). Erziehung se refiere a la educación formal, a la pedagogía que se utiliza para que un alumno aprenda algo en un tiempo definido. Bildung es lo que llamaríamos en la Argentina formación cultural. No tiene procesos definidos y apunta a la construcción de un ciudadano ilustrado.

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