0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa apoteosis se apoderó del Tour en la victoria más bonita y emocionante de la carrera de Tadej Pogacar en Grande Boucle. Palabras mayores, pero ajustadas a lo vivido en la montaña mágica de Alpe d’Huez, donde los grandes campeones sueñan con plantar su bandera. Lo hizo el mejor corredor del mundo en un día en el que la victoria parecía imposible. Atacando desde las lomas del puerto, subiendo en solitario los últimos 12 kilómetros, intentando alcanzar a Richard Carapaz y a Lenny Martínez, honrosos rivales del esloveno al que lograron humanizar en una jornada histórica. Con su quinto Tour en el bolsillo desde hace días, a Pogacar solo le resta profundizar en su camino hacia la eternidad con epopeyas mayúsculas. Atónitos volvió a dejar a todos con un triunfo de autor, explorando una vez más sus límites, y ganándose el llevar el nombre de una de las 21 curvas más famosas del ciclismo. Desde ahora compartirá la número once con Bernard Hinault.No es el puerto más duro del Tour, pero pocas cimas son más emocionantes que Alpe d'Huez. La montaña de las 21 curvas de herradura, cada una bautizada con el nombre de un ganador desde 1957, es mucho más que un puerto, casi un santuario. Cada verano congrega, con una fidelidad ancestral e inquebrantable, casi religiosa, a cerca de un millón de aficionados ,que convierten la ascensión en una fiesta inigualable. Como siempre, esta vez lucieron cientos de tiendas de campaña, numerosas barbacoas, bengalas, disfraces y un pasillo humano que apenas dejó respirar a los corredores. Alpe d'Huez es el momento más mágico del Tour de Francia. Aquí el que gana se convierte en leyenda, consagra su carrera para siempre. Lo sabía Pogacar, que planificó la etapa para dar un paso más hacia la eternidad. Pero los elementos se pusieron en su contra esta vez. Un equipo muy debilitado no pudo poner freno a una escapada muy numerosa y repleta de escaladores expertos. Una empresa titánica hasta para Pogacar, que comenzó la ascensión con una desventaja de 2m30. No se trataba solo de la dureza del puerto, sino de la batalla que debía librar contra todos los aspirantes. El Pogacar más humano sufrió como pocas veces se le ha visto para alcanzar a los escapados. Poco a poco fue reduciendo la distancia en una batalla contrarreloj. Por delante, Carapaz, Lenny Martínez y Sepp Kuss se esforzaban por alejarlo, pero el pequeño príncipe no se detuvo en su agónico esfuerzo.Después de 9,5 kilómetros contra el crono de todos ellos, el líder de la general les dio caza en las últimas rampas duras, a poco más de kilómetro y medio. El esfuerzo en la cara de Pogacar era más evidente que nunca. Se tomó un respiro y justo cuando cruzaba la pancarta de un kilómetro para el final abrió gas sentado sobre su bicicleta y sacó de rueda al esforzado Carapaz hasta hacerlo explotar. Lo imposible estaba sucediendo una vez más.Alpe d’Huez es mística y pasión. Es ciclismo del viejo, el de siempre, el de las piernas abrasadas antes que los números, el de los ataques por sensaciones y no pensando en el potenciómetro. Cada curva pertenece a un campeón y guarda un recuerdo. Ya sea la gesta de Coppi, la primera, o las de Pantani, que hasta ahora era el más rápido en subir sus 12 kilómetros. Pero eso se acabó. Porque Pogacar pulverizó los 36m40 segundos del italiano y los dejó en 35m24s. Más de un minuto le arrebató a la historia de este puerto el esloveno en su vigésimo sexta victoria. La más conmovedora de todas.Roberto Rodríguez Díaz (Salvatierra de Miño) es licenciado en Periodismo (UPSA) y máster por la BCNY (UB-CU). Trabaja en La Vanguardia desde 2008 donde ha cubierto desde el Mundial de Sudáfrica en 2010 hasta el Tour de Francia de 2025. Siguiendo al Espanyol desde 2020. En Twitter: @Roberto_roda
Pogacar conquista el mágico Alpe d'Huez con su gesta más emocionante
El esloveno trituró el récord de Pantani en una subida histórica que Carapaz y Lenny Martínez también honraron











