Contra toda l�gicaUna larga enfermedad como la que compartieron Santi y Ester no es, en absoluto, un agujero negroNASA / ESA / CSAActualizado Viernes,

julio

01:07Audio generado con IAAyer muri� mi amigo Santi. Ten�a mi edad y hace un par de a�os le encontraron un tumor en el ri��n. La pasamos bien juntos. Muy muy bien. Tambi�n la �ltima vez, en diciembre, antes de que Ester y �l se fueran de viaje a M�xico. Recuerdo las risas, esas risas extra�as cuando alguien bromea con su propia tragedia al proponerte alguna idea loca. �Qui�n sabe si va a haber otra�, se burlaba con su voz ronca.Miro su foto en la �ltima conversaci�n de WhatsApp que mantuvimos: guap�simo, con su pelo plateado y su media sonrisa. Reprimo las ganas de escribirle un mensaje. Qu� soplo fugaz, la vida. Y qu� f�cilmente lo olvidamos. Me viene a la cabeza aquello que dijo Robert Browning y que a Borges le gustaba repetir, a prop�sito de los misterios de la belleza: �Cuando nos sentimos seguros, ocurre algo: una puesta de sol, la muerte de un amigo, el final de un coro de Eur�pides, y otra vez estamos perdidos�.Pienso tambi�n en Nick Cave, que enterr� a su hijo de 15 a�os despu�s de que �ste se precipitara por un acantilado. Hay una escena en One More Time with Feeling, el documental de Andrew Dominik que recoge los meses posteriores a la desgracia, en la que Cave hace una reflexi�n: �l, que siempre hab�a forzado la vida, llev�ndola al l�mite, para convertir aquellas experiencias en canciones, es incapaz de sacar nada de ese dolor. �Es como un agujero negro que lo absorbe todo y no deja escapar nada�.Pero, sobre todo, me acuerdo de Ester. No con compasi�n, sino justamente lo contrario. La mayor�a de la gente atraviesa la vida sin ser del todo consciente de que un d�a se va a acabar. El trabajo, las obligaciones, las evasiones, los imprevistos, el cansancio... Todo se acumula y nos envuelve como una red amortiguadora que impide advertir que estamos vivos. Damos por hecho que a este d�a lo seguir� otro, y al siguiente otro; que la persona que est� a nuestro lado permanecer� ah� todo el tiempo que (ambos) queramos. Cuando, en realidad, la vida es un fr�gil prodigio. O como dir�a Morente: �Estamos vivos de milagro�.Si le preguntamos a cualquiera c�mo preferir�a abandonar este mundo, la mayor�a responder� lo esperable: de repente, dormido, algo r�pido, sin darme cuenta... Casi nadie escoger� un progresivo desgaste. Y, sin embargo, siento que una larga enfermedad como la que compartieron Santi y Ester no es, en absoluto, un agujero negro. Ser conscientes de que cada d�a es precioso, exprimir al m�ximo una hora con la persona a la que amas porque sabes que ese tiempo es limitado, disfrutar todo lo que se pueda hasta que no queden ni las raspas de las existencia... Todo eso brilla como una deslumbrante manifestaci�n del amor. No todo el mundo tiene la oportunidad de vivir -aun en el dolor y la desesperaci�n- con ese nivel de consciencia.A este d�a lo seguir� otro, con sus noticias y sus rutinas. Yo seguir� perdido e inseguro durante un tiempo. Pero gracias a Santi -ven aqu�, cabronazo, de qu� te r�es- no se me olvidar� que sigo vivo.