Su nombre es garantía de éxito en España: Jose Coronado, ya sea en serie o en película, gusta. El actor, que este viernes 24 de julio estrena en Netflix el thriller psicológico Los creyentes, es una de esas anomalías que concitan el apoyo popular y académico: dos Goyas, uno ganado en el esperado retorno de Víctor Erice, lo avalan. Sin embargo, fuera de nuestras fronteras, y concretamente en Hollywood, no ha ocurrido igual.En una entrevista en el podcast de CINEMANÍA Mi vida en películas, Jose Coronado se ha hermanado con Ricardo Darín en su desagrado hacia Hollywood. O, mejor dicho, en su desagrado hacia las oportunidades que Hollywood les brinda a los actores extranjeros. En el caso de Darín, el argentino se negó a encasillarse como narcotraficante porque, adujo, un sudamericano tiene más registros interpretativos que el de vender droga.Coronado sí llegó a trabajar en la meca del cine, pero no pretende más peregrinaciones. “Primero hice una película en Hollywood, que era absurda, porque era Andy García haciendo de Lorca”, contó, en referencia a la abominable Muerte en Granada, la Manolete del poeta granadino.“Estuve ahí pero no me enteré. Me llevaban, me ponían una limusina, tres teléfonos para localizarme. Pero, luego, no podía hablar con el director [Marcos Zurinaga] y, cuando le hablaba, no le entendía”, lamentó Coronado en una entrevista en la que añadió otra lamentación mayor, relacionada con Sharon Stone.Negarle un beso a Sharon StoneDesde luego, su problema no fue Andy García, pues con él repitió en un título que ni siquiera llegó a estrenarse, What about love. Coronado advierte de que su inglés no es el de James Mason: “Sirve para pedir en restaurantes, pero ya está”, bromeó. “Los productores eran unos ucranianos que yo creo que comerciaban con armas o algo y que se montaron la película para evadir impuestos”, siguió, en tono de sorna (o no), Coronado.En What About Love, estaba Sharon Stone, lo que al actor lo salvó del abismo. “Eso ya me gustó más, porque tenerla delante…”, comenzó Coronado antes de ser frenado por unas risas del público. Pese a que reconoce que no es adicto a la mitología cinematográfica ni mucho menos (“Me da igual que sea quien sea”, añadió), Sharon Stone se valía por sí misma. “Por lo que vi, y luego corroboré, parece que tiene un cociente intelectual brutal, y así me lo demostraba en su forma de actuar”, explicó.“Había un momento dramático en el que Sharon y yo nos encontrábamos en un barco y ella le propuso al director que nuestros personajes se besasen”, dijo Coronado, que no daba crédito a lo que oía. El director se opuso “y yo, imbécil de mí, le di la razón”, remató Coronado. Inmediatamente se arrepintió: “Pero tío, has tenido la oportunidad de besar a Sharon Stone y tú mismo te pones a decir que no. Nunca me lo perdonaré porque… me hubiera gustado”.