No fue la mejor, la más conocida ni la más longeva, pero sí la primera: Mediodía. Revista de Sevilla inauguró la etapa de las publicaciones periódicas que servirían de laboratorio de pruebas a unos jóvenes que soñaban con irrumpir en la literatura y acabaron pasando a la historia como la gran generación del siglo XX. Después vendrían la malagueña Litoral ―el gran referente, que cumple cien años en noviembre―, Papel de Aleluya, en Huelva, Gallo, en Granada, la murciana Verso y prosa, Meseta, en Valladolid o Carmen, en Santander. “Hay una competición sana entre todos y algo que no era tan habitual en la literatura, que es una reivindicación de las periferias. En todas partes hay revistas. Y todos se van asomando a lo que hacen los otros, creando un aire de época perfectamente identificable”, explica Eva Díaz Pérez, mientras ojea los originales que custodia la Real Academia de las Buenas Letras de Sevilla, de la que es miembro. La escritora y periodista fue nombrada comisaria del Centenario de la generación del 27 por la Junta de Andalucía y, dentro de las actividades de conmemoración, se enmarca la publicación facsímil en otoño de los 16 números iniciales de la revista, correspondientes a sus dos primeras etapas, en una edición de José María Barrera impulsada por la Biblioteca de Andalucía. Hubo una tercera, en 1939, con dos números nominativos dedicados a Jorge Guillén y a Adriano del Valle, además de dos suplementos bajo el título de Arenal de Sevilla. “Son las dos épocas más coherentes y que tienen que ver con el mismo ambiente cultural”, defiende el editor Abelardo Linares sobre la decisión de no incluir en este volumen de Ediciones Ulises esos últimos ejemplares, que posee también en su extenso catálogo.Mediodía nació en junio de 1926. Su espejo era Grecia, la efímera revista ultraísta de 1918. “Es la representante de las primeras vanguardias, que son más salvajes, más de locura. Y después llega la llamada vanguardia de orden”, detalla Díaz Pérez. La redacción la conformaban Eduardo Llosent, como director; Rafael Porlán, como secretario; Alejandro Collantes en tareas de administrador; y Joaquín Romero Murube, como redactor jefe. Pensada como una publicación mensual, Mediodía fue sufriendo alteraciones, sacando solo tres números en 1927 y otros cinco en 1928 ―en enero, febrero, marzo, junio-julio y en octubre―. Sus páginas van adquiriendo peso con la incorporación de nombres como Luis Cernuda, Bergamín o Fernando Villalón, a los que se irán sumando Pedro Salinas, Rafael Alberti, Dalí, Emilio Prados o Federico García Lorca con su Romance con lagunas, en el número siete. Entre otras singularidades, tuvieron cabida en 1928 unas surrealistas “fichas textuales” cargadas de alusiones al sexo a cargo del denostado Ernesto Giménez Caballero, antes de convertirse en el ideólogo del fascismo en España. A pesar de ser una revista heterogénea y abierta a diferentes artes ―literatura, música, pintura―, solo dio cabida a tres autoras: Carmen Conde, Ernestina de Champourcin y Maruja Mallo.El último ejemplar del primer período, el número 14, ve la luz en febrero de 1929, abriendo con un poema de Vicente Aleixandre titulado Cabeza, además de un texto de Francisco Ayala o dibujos de Ramón Gaya, en lo que sería su despedida hasta 1933. Ese año regresaría tras “un largo plazo de involuntario silencio”. Así presentaban sus impulsores la segunda etapa, con una tipografía renovada y sobria, muy alejada de sus inicios, pero manteniendo inamovible su precio: una peseta. En sus páginas asoman entonces obras de Jorge Guillén, Gerardo Diego o Adriano del Valle junto a los fundadores de la revista y otros escritores de primera línea como Antonio Machado y Juan Ramón. De este último se reproduce un poema manuscrito indescifrable ―anunciado como En flor yo en el índice de la revista, cuyo inicio se corresponde con el publicado posteriormente en 1946 bajo el título de En flor 50, dentro de La estación total con las canciones de la nueva luz―. Este intento de rescate sería breve, con solo dos números. Todavía tendría uno más en 1939, donde, según Linares, se adivinan aires “franquistas”.Muy poco después de esa fecha, el sueño de aquella generación se truncaría definitivamente. “Es un sueño que termina en una pesadilla larguísima y terrible”, rememora con nostalgia la comisaria del centenario. En la recuperación de ese espíritu se centrará el gran acto de la efeméride, con una exposición que se inaugurará en febrero del próximo año en la Fábrica de Artillería de Sevilla. “La idea es, sobre todo, llamar la atención sobre ese episodio luminoso de la historia de nuestra cultura, del que tenemos que estar especialmente orgullosos. La mayor parte de los creadores de la generación del 27 son andaluces. Y muchos de los que no lo son estuvieron y se inspiraron aquí”, remarca. Y ellas estaban ahí codo con codo, formaban parte de esas redacciones también y estaban en las tertulias. Las revistas vuelven a mostrar esa realidad”, señala sobre las autoras. Aunque en Mediodía apenas tuvieran cabida, destaca la influencia en otras publicaciones de Josefina de la Torre, Concha Méndez o María Zambrano, entre otras. En este punto recuerda una de las últimas imágenes unidas de esa generación irrepetible ―que será eje también de la muestra― compartiendo un ambiente festivo en el banquete homenaje a Cernuda en Madrid, en la primavera de 1936 con motivo de la publicación de La realidad y el deseo. “Es una foto feliz y dramática”, lamenta, porque muy poco después, el exilio o la muerte los dispersaría para siempre.