Una gran investigación muestra cómo la organización física del ADN controla la actividad de los genes y moldea la identidad de las células
En cada célula de nuestro cuerpo van empaquetadas las instrucciones de la vida. Todo está ahí, en una larga molécula de ADN que, si se estirase en línea recta, mediría casi dos metros. Esa secuencia de letras químicas plegada de forma inimaginable contiene lo necesario para que el organismo respire, coma, baile, duerma o lea esta noticia.
Podría pensarse, cuenta el investigador Benoit Bruneau, que ese libro de instrucciones está comprimido en el núcleo de las células de forma aleatoria, “como una bola de espaguetis”. Pero no. En realidad, “está alta y finamente organizado”, dice. Y todo, desde el orden de esas letras hasta cómo se pliega la molécula de ADN en el espacio y en el tiempo o los marcadores químicos que se pegan en su superficie, ayuda a determinar cuándo y dónde se expresan los genes y confieren identidad a las células. Ahora, una gran investigación científica publicada este jueves en Science ha trazado un mapa detallado de esas capas de la arquitectura del genoma en distintos contextos biológicos, desde un cerebro envejecido con alzhéimer hasta una insuficiencia cardíaca; y ha alumbrado el primer atlas del llamado “nucleoma”, una capa fundamental de la regulación genómica que ayudará a comprender mejor el desarrollo humano.








