José Luis Rodríguez Zapatero habló por sus cuerdas vocales en la televisión pública, pero también con el cuerpo. Se marcó algo parecido a una clase de pilates mientras Javier Ruiz disparaba las preguntas en una comparecencia que casi nadie esperaba y, sin embargo, a todo el mundo le urgía. Los hombros arriba, junto a las orejas. Los codos flexionados, arriba y abajo, sin acabar de tocar la mesa, que ya se sabe que hace ruido y benditos sean los técnicos de sonido. Las palmas estiradas, la alianza matrimonial a la izquierda, como el reloj. A veces esas manos las colocó como si fuera a bendecir el plató de Mañaneros 360, otras veces mantuvo las escápulas encajadas en la espalda. El rostro serio, porque este 23 de julio no está la cosa para bromear, después de tantos días de silencio y de lo que se ha escrito. “No”. “Jamás”. “En absoluto”. “Eso es así”. “Va a quedar así”. “Todo va a quedar acreditado”. Inspiró y espiró sin llegar a la apnea en un pulso en el que, y no es poco, ganó el periodismo. Ruiz es un entrevistador metralleta. El examen lo tenía preparado al dedillo, lo cual no deja de ser algo propio de este oficio, tan cuestionado y con razón. Apuntó y no dio tregua, insistió y mordió. Preguntó por las hijas y el expresidente del Gobierno lo recibió como el golpe personal que es, y lo notó su mandíbula. Manifestó su sorpresa por alguna de las cuestiones –“increíble”- y se retorció un poco –“otra vez me lo ha preguntado”— y respondió hablando de prudencia, de respeto y de estado de derecho, de lo diferentes que son los tiempos de la justicia, de la política y de los medios, ahora y siempre. Cuando le tocó hablar de Julio Martínez Martínez, quiso separar al amigo del supuesto traidor y mencionó que no va a valorar estrategias de defensa ajenas, que bastante tiene con la suya. “Entro en los hechos que conozco”, dijo. Con las joyas estuvo dubitativo, protestó por la publicación de su agenda, defendió con uñas y dientes a Gertrudis Alcázar, su secretaria. Tiró de ironía al referirse a Felipe González. Solo sonrió una vez. Con la última pregunta protestó: “¿Pero no era la última la anterior?”. No sonrió Ruiz, que apenas dos o tres segundos después dio paso al análisis de los colaboradores. Zapatero ya se había ido. Con el cuerpo bien estirado, como siempre que se hace pilates.
Entrevista a Zapatero, en ‘Mañaneros 360′: Una clase de periodismo y de pilates
Javier Ruiz disparó las preguntas en una comparecencia que casi nadie esperaba y, sin embargo, a todo el mundo le urgía












