Un sacerdote con sotana y mochila camina por un sendero polvoriento mientras se aleja de figuras militares, ilustrando la huida de un régimen en Nicaragua. (Imagen Ilustrativa Infobae)Un sacerdote nicaragüense que huyó a Costa Rica tras una orden de captura en su contra dijo que vive su ministerio en el exilio con la expectativa de regresar algún día a una Nicaragua libre, en un contexto de persecución contra la Iglesia Católica que, según ACI Prensa, dejó más de 1,030 ataques contra fieles católicos y forzó la expulsión o el exilio de más de un centenar de sacerdotes y cuatro obispos desde 2018.El religioso, que pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias contra su familia en Nicaragua, contó al medio que lleva 30 meses fuera de su país. Aunque hoy sirve en una parroquia costarricense, afirmó que la distancia no disipó la nostalgia por la tierra que dejó atrás.PUBLICIDADSu salida ocurrió de madrugada a inicios de 2024, después de que las autoridades emitieran una orden de captura en su contra. Se fue sin despedirse de su familia. “Yo salí de Nicaragua sin ver a mi madre, sin decirle: ‘mamá, me voy’. No pude despedirme de nadie; eso duele”.El sacerdote situó el comienzo del hostigamiento en 2018, cuando estallaron las protestas sociales contra el gobierno de Daniel Ortega. De acuerdo con un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la represión de esas manifestaciones dejó cientos de muertos y heridos.Un sacerdote nicaragüense vive su ministerio en el exilio en Costa Rica tras huir de Nicaragua por una orden de captura. (Imagen Ilustrativa Infobae)En ese período acompañaba pastoralmente a grupos juveniles. Según su relato, rezaba por los jóvenes y también buscaba alimentos y medicinas para universitarios y otras personas que sufrían agresiones durante la represión.PUBLICIDADEn sus misas empezó a predicar sobre dignidad humana y justicia social. Explicó que pedía respeto y libertad para “un pueblo que clamaba justicia, que reclamaba sus derechos”, y añadió: “Eso molestó, eso enfadó al gobierno”.Con el paso de los meses, dijo, comenzó a recibir llamadas y mensajes en su número personal. También afirmó que militares armados entraban al templo y grababan las homilías, una vigilancia que, según describió, se volvió constante.A finales de 2023 abandonó su comunidad y permaneció oculto. “Yo pasé el Año Nuevo huyendo, escondiéndome”. En enero de 2024, cuando se emitió la orden de captura, decidió cruzar la frontera. “Tuve que salir casi a medianoche, buscando cómo salvar mi vida. Huir prácticamente, sin sentido alguno, porque no había hecho ningún crimen”.PUBLICIDADEl caso, según la publicación, forma parte de una salida más amplia de religiosos nicaragüenses. El sacerdote Gustavo Meneses, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, indicó a ACI Prensa que en la actualidad viven en Costa Rica alrededor de 25 sacerdotes nicaragüenses.La persecución contra la Iglesia Católica en Nicaragua dejó más de 1.030 ataques y forzó el exilio o la expulsión de sacerdotes y obispos desde 2018. (Imagen Ilustrativa Infobae)Meneses sostuvo que no representan una carga para la Iglesia local, sino “un don de Dios entre nosotros”, porque han ayudado a cubrir necesidades dentro de las diócesis costarricenses, en especial en las que tienen menos sacerdotes.El secretario explicó que recientemente se realizó un encuentro privado entre estos religiosos. Señaló que fue “una oportunidad para que ellos se encontraran, para que se conocieran. Porque ellos mismos se van dando cuenta de quién son los que están aquí”.PUBLICIDADSegún Meneses, muchos comparten el dolor de haber dejado a sus familias. Dijo que, por encima de todo, les pesa haber tenido que abandonar su misión pastoral en Nicaragua.Por esa razón, consideró que uno de los principales desafíos para la Iglesia Católica en Costa Rica es ofrecerles acompañamiento humano y psicológico para atender las secuelas del exilio. También pidió a las autoridades acelerar los trámites de protección internacional para evitar que quienes escaparon de la persecución queden durante largos períodos en un “limbo jurídico” que los exponga a la deportación.El sacerdote exiliado contó que al cruzar la frontera “las lágrimas salían” y que, más de dos años después de aquel episodio, todavía siente “la nostalgia de un pueblo que ama”. Aun así, dijo haber reconstruido su vida gracias al apoyo de los obispos y sacerdotes costarricenses, que le dieron albergue y estabilidad para retomar el ministerio.PUBLICIDADFoto de archivo. Un hombre se arrodilla en la Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción de María cuando la policía nicaragüense prohibió una procesión y peregrinación católica en la capital el sábado, citando razones de seguridad interna, en Managua, Nicaragua, 12 de agosto de 2022. REUTERS/Maynor Valenzuela“Volví a nacer en esta tierra que me acoge”, afirmó. Añadió que mantiene la convicción de que “Jesús está conmigo y María Santísima, mi Madre amada y bella, no me desampara”.Su esperanza sigue puesta en el regreso. “Tengo la esperanza de que Nicaragua será libre”, dijo. Cada día, agregó, pide a Dios que “libere a Nicaragua de ese régimen cruel, indolente, asesino” y que le conceda “la gracia de volver a mi tierra linda, de poder ver a mi mamá”.Al referirse a quienes migran, Meneses resumió la posición de la Iglesia costarricense con una frase que, según el medio, dirigió a cualquier país de acogida: “El migrante no viene a demandar, el migrante viene a ofrecer, el migrante no es un problema, el migrante es una promesa de esperanza”.PUBLICIDAD