Exfutbolista y comisario de arte, director del MACBA, Roma dice: “Me comí entero el sueño aspiracional de las clases proletarias. Pero hay mil veces más hipocresía en un salón burgués que en un vestuario”
Valentín Roma (Ripollet, 56 años) sigue construyendo una obra literaria fascinante con la publicación de Los trillizos (Periférica, 2026), que sigue a novelas en la misma editorial como El enfermero de Lenin (2017), Retrato del futbolista adolescente (2019) y El capitalista simbólico (2022). Un cuadro sobre las contradicciones, el desclasamiento, el resentimiento y ciertas enfermedades sociales modernas que Roma somete, con un finísimo y atravesado humor. El punto de partida de Los trillizos es un hombre que pasa la tarde con los hijos de su nueva pareja, trillizos. Sentado en un parque sin querer interactuar con el resto de padres, apunta: “La familia es una cédula opresiva”.
Pregunta. La familia es una fábrica de traumas, le ha dicho a Henrique Mariño en Público. Y a esa fábrica de traumas llega el protagonista en la cincuentena como padre postizo.
Respuesta. Llegar a una familia de esa forma es como llegar a un país diferente, con un paisaje diferente, articulado con sus códigos. La familia tendemos a explicarla en tres grandes espacios: el trauma, la experiencia inmediata y la teoría. Son los tres grandes nichos de aproximación a lo familiar: “Yo estoy dañado por la familia de una manera u otra”, “mira lo que me ha ocurrido” y “en realidad, lo que hay que hacer con los hijos y con los padres, es esto”. Él llega a través de la tercera puerta, una puerta cómoda, hasta que se encuentra con que no solo puede observar y teorizar los traumas de una familia que está ahí y a la que se incorpora, sino que él empieza a incorporar nuevos traumas y a padecerlos.









