En una época en la que asistimos a un marcado deterioro del Poder Judicial de la Nación, en la que existen magistrados sospechados de inacción en causas de trascendencia institucional; en la que quienes obtienen resultados deficientes en los concursos pueden verse favorecidos por criterios discrecionales sustentados en entrevistas personales todo puede pasar. También puede advertirse que la influencia de determinados operadores políticos puede llegar a incidir en el orden de mérito de los postulantes; y en la que la actuación del Ministro de Justicia parece privilegiar una eventual adhesión a las ideas del gobierno por sobre las condiciones intelectuales, la idoneidad y los conocimientos jurídicos de los candidatos, resulta oportuno traer a la memoria a aquellos magistrados que, a lo largo de toda su trayectoria, demostraron una conducta irreprochable y un desempeño judicial que honró a la magistratura. Son muchos los ejemplos que podrían evocarse. Sin embargo, hay uno que, por su singularidad, merece un recuerdo especial: el de la Dra. Carmen Argibay. Su trayectoria permite advertir el profundo contraste entre una jueza que hizo de la independencia, la integridad y la fidelidad al derecho los pilares de su actuación, y la conducta de muchos magistrados que, en cambio, se muestran proclives a someterse a las influencias de los poderes de turno o a las presiones ejercidas por actores políticos y económicos
Una magistrada con convicciones que siempre defendió el estado de derecho
Por “su independencia, integridad y fidelidad al derecho” es fácil recordar a la Dra. Carmen Argibay, una jueza que se destacó por su contraste con otros magistrados que “se muestran proclives a someterse a las influencias de los poderes de turno”, señala el autor.






