OpiniónEstados Unidos está dejando de ser la tierra prometida de la libertad para convertirse en la patria de sus peores instintos.22.07.2026 22:01 Actualizado: 22.07.2026 22:01 ¿Cómo –se preguntarían– es que, pasados 250 años de la Independencia, nuestros descendientes han elegido a un presidente que se siente rey? ¿Cómo han permitido que se borrase la división de poderes? ¿Cómo han tolerado el sesgo partidario del Poder Judicial? ¿Cómo no se alarman ante el evidente acoso a la libertad de expresión? Así, pienso yo, se expresarían los padres fundadores de la Unión Americana si abrieran los ojos ante el penoso estado actual de su democracia. Lamentarían todo ello, pero acaso más la evidencia de que Estados Unidos está dejando de ser la tierra prometida de la libertad para convertirse en la patria de sus peores instintos: el racismo, el nativismo persecutorio, los incomprensibles pactos con sus enemigos, la imperdonable traición a sus aliados.Aunque los republicanos han incurrido en todas esas faltas históricas, la responsabilidad no es solo suya. También lo es de los demócratas. Son los demócratas quienes han sucumbido, en buena medida, al perverso infantilismo político de la cultura woke. Para millones de votantes americanos no existe más valor moral objetivo que el que ellos decretan subjetivamente para sí mismos. Siendo muchos de ellos jóvenes universitarios y, por tanto, privilegiados, no sorprende que hayan olvidado las legítimas causas sociales y económicas que ha defendido el Partido Demócrata, a cambio de una militante exaltación de la identidad (sexual, racial, lingüística, tribal, nacional, religiosa) que rezuma venganza y odio. Por eso no es casual, entre muchos de ellos, la reaparición del antisemitismo. En casos extremos –como el del alcalde de Nueva York– se proclaman abanderados del socialismo, desdeñando por completo el fracaso sangriento de la URSS, China, Cuba, Camboya, que costó, literalmente, decenas de millones de vidas. Lo que esos “progresistas” representan y buscan es la disolución de la Unión Americana por vía del fanatismo más corrosivo y brutal: el teológico.Debido a esa lamentable e inédita polarización, la conmemoración del 4 de julio en Estados Unidos tuvo un tono triste. Y, sin embargo, no debemos olvidar lo que las democracias de Occidente deben a los padres fundadores. Lo mejor de la Revolución Francesa –la reivindicación de los derechos del hombre– se debió a su inspiración. Y las independencias de nuestra América, en su vocación constitucional, quisieron emular esas hazañas: Bolívar los admiró, igual que Alberdi, Sarmiento, Juárez y Martí.Sobre ambas variantes del poder absoluto, advirtieron los padres fundadores. La primera tiene un origen carismático: es la concentración de poder en una persona. La segunda tiene una índole cultural y social: es un delirio colectivo.A pesar de estas circunstancias, confío en que los “ángeles mejores” del alma americana –como dijo Lincoln– devuelvan la sensatez a ese país.Para los republicanos que han sacrificado su partido en aras del poder personal, escribieron:“La acumulación de todos los poderes –Legislativo, Ejecutivo y Judicial– en las mismas manos, ya sea de uno, de unos pocos o de muchos, y ya sea de forma hereditaria, autoproclamada o electiva, puede considerarse con toda justicia la definición misma de tiranía” –James Madison, El Federalista n.° 47, 1788–.Para los demócratas que masivamente han sacrificado su partido a un moralismo intolerante e irresponsable, escribieron:“Podemos recurrir a cada página de la historia que hemos hojeado hasta ahora para encontrar pruebas irrefutables de que el pueblo, cuando no ha sido controlado, ha sido tan injusto, tiránico, brutal, bárbaro y cruel como cualquier rey o Senado dotado de un poder incontrolable... Todos los proyectos de gobierno, basados en la suposición de una vigilancia, sagacidad y virtud continuas, así como en la firmeza del pueblo cuando este ejerce el poder supremo, son engaños e ilusiones... El principio fundamental de mi credo político es que el despotismo, o la soberanía ilimitada, o el poder absoluto, es el mismo, ya se trate de la mayoría de una asamblea popular, de un consejo aristocrático, de una junta oligárquica o de un único emperador. Igualmente arbitrario, cruel, sangriento y, en todos los aspectos, diabólico” –John Adams, Carta a Thomas Jefferson, 13 de noviembre de 1815–.A pesar de estas circunstancias, confío en que los “ángeles mejores” del alma americana -como dijo Lincoln- devuelvan la sensatez a ese país. Si los republicanos y los demócratas aíslan a sus respectivas alas fanáticas, volverán a la ruta de civilidad, tolerancia, diálogo, compromiso y responsabilidad trazada por sus padres fundadores. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.