Análisis Exclusivo suscriptores Cooperación dejaría de centrarse en derrotar a grupos insurgentes para convertirse en una plataforma regional orientada a amenazas transnacionales.Donald Trump y Abelardo de la Espriella Foto: Archivo EL TIEMPO / Agencias22.07.2026 11:03 Actualizado: 22.07.2026 11:03
A poco más de dos semanas de la posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia, prevista para el próximo 7 de agosto, Estados Unidos ya comienza a dar señales de que prepara un profundo relanzamiento de la cooperación en seguridad con el nuevo gobierno, una estrategia que algunos altos funcionarios estadounidenses ya bautizan como "Plan Patriota 2.0", en alusión a la mayor ofensiva militar lanzada contra las Farc durante el gobierno de Álvaro Uribe.Aunque por ahora no existe un documento oficial que detalle el alcance de esa iniciativa ni un anuncio formal de la Casa Blanca o del Departamento de Defensa, una serie de hechos ocurridos durante las últimas semanas en Washington apuntan en esa dirección y sugieren que ambos gobiernos trabajan para reconstruir una alianza estratégica que, según reconocen funcionarios y congresistas estadounidenses, perdió impulso durante la administración de Gustavo Petro, en momentos en que crecieron el narcotráfico, las disidencias de las Farc, el ELN y otras organizaciones criminales. LEA TAMBIÉN La señal más explícita llegó esta semana de Joseph M. Humire, subsecretario adjunto de Defensa para Asuntos de Seguridad de las Américas, funcionario encargado de supervisar la política de defensa estadounidense en Canadá, México, Centroamérica, Suramérica y el Caribe.Joseph Humire, subsecretario de Guerra para la Defensa Nacional de EE. UU. Foto:Departamento de DefensaTras reunirse con integrantes del equipo del gobierno entrante, entre ellos el ministro de Defensa Jorge Eduardo Mora, Humire aseguró que la histórica cooperación militar entre ambos países será llevada a "nuevos niveles" mediante lo que denominó un "Plan Patriota 2.0".Aunque el funcionario no ofreció detalles sobre cómo estaría estructurado ese eventual programa, ni anunció recursos o nuevas iniciativas concretas, el solo hecho de rescatar un nombre tan cargado de simbolismo constituye un mensaje político.El Plan Patriota marcó el momento de mayor cooperación militar entre Washington y Bogotá y estuvo asociado a la ofensiva que debilitó decisivamente a las Farc durante la primera década de este siglo.¿Qué discutieron en Washington delegaciones de ambos países?Además, la declaración de Humire no ha sido un hecho aislado.La semana pasada, una delegación del presidente electo, que incluyó al vicepresidente José Manuel Restrepo y a los ministros designados de Hacienda, Comercio, Relaciones Exteriores y Defensa, desarrolló en Washington una intensa agenda de reuniones con representantes del Banco Mundial, del Departamento de Estado, del Departamento de Defensa, de congresistas republicanos y demócratas, y de otros altos funcionarios estadounidenses.El mindefensa designado, general (r) Jorge Mora junto a Joseph M. Humire. Foto:CortesíaEl propósito oficial del viaje fue comenzar a reconstruir la relación bilateral y transmitir el interés del nuevo gobierno por recuperar la cooperación estratégica con Estados Unidos después de varios años de tensiones durante la administración Petro.Pero el componente de seguridad ocupó un lugar central en esa agenda.Durante los encuentros sostenidos en el Pentágono y otras dependencias federales, ambas partes discutieron mecanismos para fortalecer nuevamente la cooperación en defensa, inteligencia, entrenamiento militar y lucha contra el narcotráfico, temas que durante años constituyeron el principal eje de la relación bilateral.¿Estaría pensando Estados Unidos instalar bases militares en Colombia?La coincidencia de prioridades no sorprende.Para Washington, Colombia continúa siendo el principal aliado estratégico en Suramérica y un socio indispensable en la lucha contra los carteles del narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales. Para el gobierno entrante, por su parte, el respaldo estadounidense será clave para recuperar capacidades operativas en momentos en que la producción de cocaína alcanza niveles históricos y grupos como las disidencias de las Farc, el ELN y el Clan del Golfo han ampliado su presencia territorial. LEA TAMBIÉN A diferencia de los últimos años, la administración Trump ha dejado claro que pretende abordar esas amenazas desde una perspectiva de seguridad nacional y no únicamente como un problema de orden público o de política antidrogas.Otra de las señales surgió durante la audiencia "Un nuevo comienzo para Colombia", realizada la semana pasada por el Subcomité para el Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes. Durante ese debate, la congresista María Elvira Salazar preguntó directamente si el nuevo gobierno colombiano permitiría a EE. UU. instalar bases militares en el país.El encuentro del mindefensa designado y Joseph M. Humire. Foto:CortesíaLa respuesta provino de F. Cartwright Weiland, secretario adjunto de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL) del Departamento de Estado.Cartwright recordó que Estados Unidos ya tiene experiencia apoyando en Colombia los llamados Forward Operating Bases (FOB) o puestos operativos avanzados, utilizados durante el Plan Colombia para fortalecer la presencia de la Fuerza Pública en regiones estratégicas.El Plan Patriota comenzó a desarrollarse entre 2003 y 2004 como una segunda fase del Plan Colombia y se convirtió en la mayor ofensiva militar lanzada por el Estado colombiano contra las Farc.El funcionario aclaró que esos puestos eran administrados por Colombia y no constituían bases militares estadounidenses, una precisión importante, dado que la Corte Constitucional colombiana bloqueó en 2009 el acuerdo que habría permitido a tropas estadounidenses utilizar siete bases militares nacionales, al considerar que debía tramitarse como un tratado internacional.Aunque evitó afirmar que ese modelo será retomado, Cartwright dejó abierta la puerta al señalar que Washington cuenta con esa experiencia y que podría volver a explorarse con el nuevo gobierno.El intercambio pasó relativamente desapercibido, pero resulta significativo porque constituye una de las primeras ocasiones en las que funcionarios estadounidenses vuelven a mencionar públicamente herramientas concretas de cooperación militar empleadas durante la época del Plan Colombia.Donald Trump durante la cumbre 'Escudo de las Américas' Foto:AFP¿Por qué se habla de un nuevo Plan Patriota?La referencia de Humire al Plan Patriota tampoco parece casual.El Plan Patriota comenzó a desarrollarse entre 2003 y 2004 como una segunda fase del Plan Colombia y se convirtió en la mayor ofensiva militar lanzada por el Estado colombiano contra las Farc.Mientras el Plan Colombia había estado orientado principalmente a fortalecer las instituciones de seguridad, combatir el narcotráfico y modernizar las Fuerzas Militares con apoyo estadounidense, el Plan Patriota trasladó ese fortalecimiento al terreno mediante una campaña destinada a recuperar extensas zonas del sur del país que permanecían bajo control de la guerrilla.Las operaciones se concentraron principalmente en Meta, Guaviare, Caquetá y Putumayo, donde las Farc mantenían buena parte de su retaguardia estratégica, sus corredores de movilidad y una porción importante de la economía derivada del narcotráfico.Escudo de las Américas. Foto:La ofensiva involucró inicialmente a cerca de 15.000 efectivos y dio origen a la consolidación de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega, integrada por unidades del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, para desarrollar operaciones permanentes en esas regiones.Estados Unidos no participó directamente en los combates, pero desempeñó un papel determinante mediante la financiación, el entrenamiento, la inteligencia, las comunicaciones, la movilidad aérea, la asesoría en planeación operativa y el apoyo logístico, lo que fortaleció las capacidades de las Fuerzas Militares colombianas.Ese proceso no produjo resultados inmediatos, pero modificó progresivamente el equilibrio militar del conflicto y creó las condiciones para las operaciones que años después terminarían con la muerte de varios de los principales comandantes de las Farc, entre ellos Raúl Reyes, el 'Mono Jojoy' y Alfonso Cano. LEA TAMBIÉN Redes transcriminales e influencia extranjera: los objetivos de la nueva estrategia de seguridad para ColombiaPese a las referencias históricas, el eventual "Plan Patriota 2.0" difícilmente sería una reedición del programa que operó durante la primera década de este siglo.El contexto regional, las amenazas y las prioridades de Washington son hoy muy diferentes.A comienzos de los años 2000, la principal preocupación era una guerrilla que controlaba amplias zonas del territorio colombiano, realizaba secuestros masivos, atacaba bases militares y era considerada por Estados Unidos una organización terrorista con capacidad para desestabilizar al Estado.El Plan Patriota sellevó a cabo durante el gobierno de Álvaro Uribe Foto:Álvaro UribeHoy, aunque las disidencias de las Farc y el ELN siguen representando una amenaza importante, el énfasis estadounidense parece concentrarse en redes criminales mucho más diversificadas, vinculadas no solo al narcotráfico sino también al tráfico de migrantes, la minería ilegal, el lavado de activos y otras economías ilícitas con conexiones internacionales.A ello se suma una preocupación creciente por la influencia de actores externos como China, Rusia e Irán en América Latina, un tema que ha cobrado un lugar cada vez más visible en la estrategia de seguridad hemisférica de la administración Trump.En ese contexto, la cooperación con Colombia dejaría de centrarse exclusivamente en derrotar a grupos insurgentes para convertirse en una plataforma regional de seguridad orientada a enfrentar amenazas transnacionales.Eso explica el porqué, además de la lucha contra las drogas, en Washington se habla cada vez con mayor frecuencia de intercambio de inteligencia, vigilancia aérea, control de fronteras, ciberseguridad, protección de infraestructura crítica y combate a organizaciones criminales que operan simultáneamente en varios países del continente.EE. UU.: de las tensiones con Petro a una nueva alianza con De la EspriellaDurante buena parte de las últimas tres décadas, la cooperación en materia de seguridad fue el pilar principal de la relación entre Colombia y Estados Unidos.El Plan Colombia, lanzado en 1999 durante los gobiernos de Andrés Pastrana y Bill Clinton, movilizó más de 10.000 millones de dólares en asistencia estadounidense durante dos décadas y transformó profundamente las capacidades de las Fuerzas Militares y de la Policía colombiana.Con el paso de los años, esa relación evolucionó desde una estrategia centrada en el combate al narcotráfico hacia un modelo más amplio de cooperación militar, intercambio de inteligencia y entrenamiento, que incluso permitió a Colombia convertirse en exportador de conocimiento para otros países de la región.Sin embargo, esa prioridad fue perdiendo fuerza en los últimos años.El gobierno entrante ha tenido importantes acercamientos con Washington. Foto:AFPLas diferencias entre Bogotá y Washington sobre la política antidrogas, la reducción de la erradicación de cultivos ilícitos, la estrategia de paz total y otros asuntos de política exterior fueron enfriando una relación que durante décadas había sido considerada ejemplar en la región.Aunque la cooperación entre las Fuerzas Armadas y las agencias de seguridad nunca desapareció por completo, sí perdió protagonismo político y dejó de ocupar el lugar central que había tenido desde finales de los años noventa.El cambio de gobierno en Colombia parece estar modificando rápidamente ese panorama. LEA TAMBIÉN Las reuniones sostenidas en Washington por la delegación del presidente electo, las declaraciones de Humire, la audiencia en el Congreso sobre un "nuevo comienzo" para la relación bilateral y las referencias de funcionarios estadounidenses a mecanismos utilizados durante el Plan Colombia constituyen, en conjunto, las primeras señales de una estrategia que busca recuperar esa alianza.Para el nuevo gobierno colombiano, una relación más estrecha con Washington podría traducirse en mayores recursos para inteligencia, entrenamiento, movilidad aérea, tecnología y fortalecimiento institucional, en momentos en que los indicadores de seguridad muestran un deterioro en varias regiones del país.También podría facilitar la llegada de nuevas inversiones y reforzar el respaldo político de Estados Unidos a Colombia en otros frentes, desde la cooperación económica hasta el acceso a organismos multilaterales.Los viejos debates que se volverían a abrir entre EE. UU. y ColombiaPero un acercamiento de esa magnitud también podría reabrir viejos debates.Sectores de oposición probablemente cuestionarán un eventual incremento de la participación estadounidense en asuntos de seguridad, especialmente si se plantean mecanismos de cooperación que recuerden los años del Plan Colombia.La discusión sobre las Forward Operating Bases, por ejemplo, muestra que algunos de esos instrumentos siguen siendo políticamente sensibles casi dos décadas después de que la Corte Constitucional frenara el acuerdo sobre el uso de bases militares colombianas por parte de personal estadounidense.Tampoco está claro cuál será el alcance real de la cooperación.Por ahora, ni la Casa Blanca ni el Departamento de Defensa han anunciado un nuevo paquete de ayuda, un incremento de recursos o una estrategia formal equivalente al antiguo Plan Colombia.El vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, junto al secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio Foto:AFPLa expresión "Plan Patriota 2.0" sigue siendo, hasta el momento, una referencia utilizada por funcionarios estadounidenses para describir la dirección que podría tomar la relación bilateral más que el nombre oficial de un programa ya diseñado.Aun así, el simbolismo resulta difícil de ignorar.En Washington son conscientes del peso que tuvo el Plan Patriota en la historia reciente de Colombia y de lo que representa para quienes participaron en aquella etapa de cooperación.Que un alto funcionario del Departamento de Defensa haya decidido utilizar precisamente ese nombre, mientras otros funcionarios del Departamento de Estado y del Congreso vuelven a hablar de herramientas empleadas durante el Plan Colombia, envía una señal clara sobre el tipo de relación que Estados Unidos espera construir con el gobierno de Abelardo de la Espriella. LEA TAMBIÉN Todavía es prematuro saber si esa visión terminará convirtiéndose en una política formal, cuánto dinero estará dispuesto a invertir Washington o qué programas concretos harán parte de esa nueva etapa. Pero las piezas que han comenzado a aparecer en las últimas semanas sugieren que, por primera vez en varios años, la cooperación en materia de seguridad volverá a ocupar el centro de la agenda bilateral.SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO – Washington@sergom68 Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.









