Hay personas que parecen haber nacido para no ser una estrella, todo y que la vida les haya llevado muy cerca de los focos. Joan Roca era una de ellas. Y ha fallecido como vivió, de manera discreta, casi por sorpresa, ahorrando dolor, comentarios, especulaciones y palabrería vacía en su lento declinar. Joan, bajista de Antònia Font, ha muerto a los 54 años, hoy, sin que nadie más que sus allegados supiesen que el desenlace, que incluso parece haberles sorprendido a ellos, estuviese tan cerca.Nacido en Son Sardina, cerca de Palma, Roca estaba enfermo desde hacía tiempo, pero nada se filtró porque la vida ha de continuar aunque se vaya acercando a su final, evitando ruidos innecesarios y morbosidad indebida. De hecho, el grupo tenía previsto un concierto en el Mobofest de Sant Joan, en el centro de la isla, en una ubicación natural, el próximo sábado. Una lástima que no haya llegado a celebrarse, seguro que los entornos del festival placían a un Joan que además de bajista tenía una empresa de jardinería.Joan era el más corpulento de los miembros del grupo, una persona que destacaba en el contexto de la banda, enhiesto tras su bajo y parapetado tras una mandíbula que pese a su contundencia no le hacía parecer un bruto, sino más simpático. Sonreía bastante y se le notaba que disfrutaba tocando. Era miembro fundador de Antònia Font, y vivió todas las vicisitudes del grupo, el inicio con su primer y homónimo disco, el despegue con Alegria, la consagración con Batiscafo Katiuscas, el sinfonismo comedido y casi doméstico de Coser i Cantar, el devaneo experimental con las canciones de poco más de un minuto propias de Vostè és Aquí y el retorno con Un minut estrobocòpica. Roca vivió esa gira de reencuentro con su público que sumó apoteosis de las que explican el placer de subirse a un escenario, y siempre se mantuvo en una discreta penumbra tras la figura de Joan Miquel Oliver y de Pau Debón, los que solían ser encargados de atender las entrevistas de la banda. De momento el grupo no ha hecho ningún comunicado público y todo se ignora sobre un futuro que puede no sea el mejor momento de abordar. Sea como fuere, Antònia Font ya no serán lo mismo, les faltará aquel hombretón de apariencia afable que daba sentido rítmico a unas canciones que miran al mundo entre renglones sinuosos y melodías inolvidables. Un grupo también de silencios donde el bajo había de parar en seco para dejar una canción suspendida durante un suspiro. El de Joan Roca se ha instalado en el silencio para siempre. Nos quedan sus discos. Y el recuerdo de su planta en escena.