Los problemas de memoria y pensamiento son los síntomas más comunes asociados con un diagnóstico de demencia. Sin embargo, los síntomas no cognitivos pueden aparecer años o incluso décadas antes.

La enfermedad de Alzheimer, que representa entre el 60 y el 80 por ciento de los casos de demencia, puede progresar a través de tres etapas principales. La primera etapa puede comenzar entre 15 y 20 años antes de que se manifiesten cambios cognitivos evidentes. Durante este tiempo, el cerebro comienza a encogerse y las proteínas mal plegadas, características del Alzheimer, empiezan a acumularse: placas de beta-amiloide pegajosas en el cerebro y ovillos de tau en las neuronas.

A esto le sigue un deterioro cognitivo leve, en el que las personas comienzan a tener problemas notables de memoria y cognición, pero por lo demás mantienen un buen funcionamiento general. Luego viene la etapa de "demencia", cuando se ven afectados múltiples dominios cognitivos, lo que conlleva la incapacidad de desenvolverse de forma independiente en la vida diaria.

Los científicos creen que los cambios biológicos que se producen en el cerebro durante la primera y la segunda etapa pueden causar síntomas emocionales, sensoriales y físicos incluso años antes de un posible diagnóstico.