EDITORIALLas subvenciones son, por principio, injustas y desiguales, porque benefician más a quienes poseen vehículo, pero los recursos son aportados por todos los tributantes.

Masivamente perjudicial para miles de automovilistas resultó una protesta de taxistas ocurrida la mañana de ayer en la calzada Roosevelt. Los quejosos bloquearon la importante ruta en reclamo por el alza en el precio de los combustibles, como si solo a ellos les afectara. Tal encarecimiento se padece a nivel internacional debido a la prolongación del conflicto en Irán, a causa de complicaciones en el cumplimiento de acuerdos trazados hace un mes con Estados Unidos. La incertidumbre de los mercados tras la aparente ruptura del diálogo volvió a elevar los costos no solo del petróleo, sino del transporte y la producción de sus derivados.

También hubo una protesta de vendedores del mercado de La Terminal por la misma causa, lo cual podría parecer hasta cierto punto una consecuencia lógica. Sin embargo, también comenzaron a circular, con una temporalidad casi secuencial, videos con expresiones de ciertos políticos indignados por la misma causa y exigiendo “medidas” sin sugerir ninguna en concreto.

En solo dos meses, entre el 1 de mayo y el 2 de julio, Guatemala gastó Q1 mil 600 millones en un subsidio de Q5 a las gasolinas y Q8 al diésel, el cual prosiguió incluso en los momentos en que ya los precios de tales productos habían ido descendiendo. De esa cuenta, hubo semanas en que tales carburantes se vendieron a menos de Q30, por lo cual el Ministerio de Energía y Minas decidió finalizar la subvención. El reinicio de las hostilidades en Oriente Medio causó un repunte internacional de precios y, en medio de las presiones, el Ejecutivo anunció que evalúa de nuevo el subsidio, de cuyo fondo quedan solo unos Q400 millones. Al ritmo que se gastó en los primeros dos meses, eso alcanzaría para poco más de dos semanas.