EDITORIALLos politiqueros en precampaña solo tienen en mente gastar dinero que no es suyo para promocionarse.
Todo parece apuntar a que los Q2 mil millones del erario destinados al subsidio a combustibles se agotará antes de los tres meses para los cuales fue previsto y también antes de que finalice el conflicto en Irán que detonó tal carestía. Y sí, existe un efecto en la baja aparente de esos precios en los montos estipulados, pero no es que desaparezca tal costo; solo se traslada: no lo paga el conductor del vehículo, sino toda la ciudadanía. ¿Para qué pudieron servir más esos recursos? Se supone que el efecto del subsidio sería una supuesta baja en los precios de productos de consumo diario o descenso notorio en el valor de pasajes.
Dicen las autoridades que ahora van a “evaluar” los efectos, cuando en realidad tal seguimiento debió hacerse en tiempo real, desde el día uno de vigencia del beneficio económico, con exigencia efectiva de números de identificación tributaria o DPI a los beneficiarios, para saber, al menos, a qué regiones fue el aporte y cómo se distribuyeron esos recursos públicos.
Las cifras hablan: en un mes de vigencia, el subsidio consumió más de Q811 millones. El promedio semanal supera los Q200 millones, una velocidad de ejecución que apunta a agotar los fondos semanas antes de la fecha originalmente prevista. Las propias autoridades reconocen que, de mantenerse el ritmo actual, el programa podría quedar sin recursos hacia mediados de julio. Y es que un subsidio sin focalizar es como intentar apagar un incendio con una manguera que rocía agua en todas direcciones. Parte del recurso llega a las llamas, pero una cantidad considerable termina donde nunca hubo fuego. Hasta ahora se está considerando priorizar ciertos sectores para optimizar los fondos. De por sí, un subsidio a largo plazo es insostenible, y peor aún sin un monitoreo efectivo, técnico y en tiempo real.







