En China, llegar a los últimos escalafones del poder ha dejado de ser sinónimo de impunidad. Bajo la atenta mirada del presidente Xi Jinping, tanto líderes políticos como militares son sometidos a un exhaustivo y permanente escrutinio que puede —y así ha sucedido— desembocar en una purga inmediata. La reciente caída en desgracia de Ma Xingrui, miembro del Politburó del Comité Central chino, uno de los principales órganos de toma de decisiones de Pekín, se suma a la larga lista de cargos de renombre liquidados en la permanente campaña anticorrupción que lidera Xi. Prueba de ello son los más de cien oficiales del Ejército chino purgados desde 2022, según los datos recogidos por el Center for Strategic and International Studies de Washington, o los 115 cargos civiles de alto nivel investigados en 2025 a través de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria, que impuso sanciones a casi un millón de personas. "No debe verse como un hecho aislado. Encaja en un patrón que ha surgido en los últimos años", advierte David Maxwell, analista y vicepresidente del Center for Asia Pacific Strategy. Ma Xingrui llevaba bajo investigación desde abril, después de meses de una extraña ausencia en medios estatales, que vaticinaba la tormenta que se gestaba sobre su cabeza. El 14 de julio fue finalmente expulsado del Partido Comunista Chino (PCCh) por cargos de corrupción, convirtiéndose en el tercer miembro del Politburó (formado por poco más que una veintena de personas) en sufrir un destino similar en el último año. TE PUEDE INTERESAR Su caso resalta no sólo por haberse derrumbado desde uno de los puestos más altos del Gobierno, sino por el éxito que acumulaba su carrera hasta la fecha. "Sobre el papel, Ma Xingrui era una figura ideal en áreas muy valoradas por Xi Jinping", resalta Joseph Torigian, analista del Council on Foreign Relations. Con perfil de tecnócrata, el político dio sus primeros pasos en instituciones del programa aeroespacial chino. Sus logros lo propulsaron en 2013 al cargo de director de la Agencia Espacial, comandando en 2015 la primera misión del país en aterrizar en la superficie lunar. Un par de años después, fue nombrado gobernador de la provincia de Guangdong, consiguiendo que prosperara económicamente. Como secretario del Partido en Xinjiang, una de las regiones estratégicas más importantes de China, apuntaló la línea dura contra la minoría uigur. "Su ascenso al Politburó en 2022 confirmó que disfrutaba de la confianza de Xi Jinping", refuerza Raigirdas Boruta, experto del Geopolitics and Security Studies Center. Por ello, la destitución de alguien de su nivel sugiere una grave ruptura política o un gran reajuste interno. TE PUEDE INTERESAR Para expulsarlo, el Partido recurrió a su acusación más generalizada: la corrupción. "En Occidente solemos diferenciar la política de la lucha contra la corrupción. El PCCh, no", explica Maxwell, quien detalla que "dentro del sistema del partido, las investigaciones por corrupción son simultáneamente acciones disciplinarias, control político y reorganización de liderazgo", lo cual hace "difícil distinguir los casos de corrupción de los de simple faccionalismo político". Sin embargo, la enorme escalada de acusaciones de los últimos años "sugiere que hay más una preocupación sistémica que problemas disciplinarios aislados", concluye. Dentro de esta 'preocupación sistémica', el caso de Ma Xingrui ha dejado claro que "un buen desempeño" no garantiza necesariamente una protección política permanente bajo Xi. "Los altos funcionarios son juzgados no sólo por los resultados de sus políticas, sino también por su disciplina personal, la conducta de sus familias y subordinados, y su continua fiabilidad", añade Boruta. TE PUEDE INTERESAR "La visión de Xi Jinping es que la gente comete errores constantemente porque el liberalismo burgués es un germen que nunca se puede erradicar por completo", apunta Torigian. El experto advierte que esta mentalidad de Xi le llevaría a pensar que "en las condiciones adecuadas, la enfermedad se propagará, especialmente si estás teniendo éxito, porque entonces la gente se vuelve demasiado confiada y motiva a los enemigos internos a oponerse a ti". Ni siquiera la amistad con el propio Xi ofrece garantía alguna de estar a salvo. Diversos ejemplos lo demuestran: en 2023, Xi aupó como ministro de Exteriores a Qin Gang. Fue el más efímero de toda la historia del PCCh, desapareciendo a los seis meses y degradado a trabajar en una editorial. Otro sería el del general Zhang Youxia, cuyo padre había luchado junto al de Xi en la Guerra Civil China. El presidente llegó a apoyarse lo suficiente en él como para mantenerlo en el puesto de vicepresidente de la Comisión Militar Central, el Alto Mando chino, aun cuando sobrepasó la edad de jubilación. No hubo salvoconducto. A principios de este año, el diario del Ejército de Liberación Popular publicaba una editorial anunciando que Zhang estaba bajo investigación por "violaciones graves de la disciplina y la ley" dentro de una "guerra decisiva, prolongada y global contra la corrupción en el Ejército". TE PUEDE INTERESAR Ahora, la caída de Ma apuntala esta nueva dirección de la purga. "Los casos recientes son especialmente reveladores porque involucran cada vez más a funcionarios ascendidos bajo el propio Xi, incluidos miembros de su presunto círculo íntimo. Esto sugiere que la campaña ha ido más allá de la eliminación de facciones rivales; ahora funciona como un sistema permanente de control de la élite", analiza Boruta. Aunque purgas como estas pueden ser un instrumento recurrente de consolidación del poder y refuerzan la autoridad inmediata de Xi, también "podrían exponer las debilidades de sus elecciones de personal y generar temor e inestabilidad dentro del Ejército y del PCCh", advierte Boruta. La escala de estas liquidaciones rivaliza con las históricas purgas de las 'campañas de rectificación' de Mao Zedong, aunque "la escala y los métodos son muy distintos", según el analista. "Aunque las similitudes yacen en la concentración de autoridad bajo un líder, la continua prueba de la lealtad y la inseguridad dentro de la élite política, las purgas de Mao se centraban en un componente ideológico masivo, la humillación pública y una fuerte disrupción de las instituciones. Con Xi, todo opera dentro del cuerpo disciplinario del Partido, con investigaciones cerradas y manejadas bajo un amparo legal", expone Boruta. Los últimos hombres de Xi El grupo de confianza de Xi quizás se haya visto reducido, pero algunos nombres que lo acompañan desde su época como alto funcionario provincial permanecen, de momento, a su lado. Cai Qi, secretario del PCCh en Pekín y miembro del Politburó, se eleva como uno de estos pilares que aún sostienen la confianza del presidente desde que trabajó junto a él en la provincia de Zhejiang. "Cai Qi es probablemente el ejemplo más claro de alguien que ha salido fortalecido de las purgas. Combina sus antiguos lazos personales con Xi con el control del aparato administrativo central del Partido, los flujos de información y una gestión cada vez más ideológica de los cuadros políticos", explica Boruta. Cai Qi no sería el único beneficiado: "El primer ministro, Li Qiang, el viceprimer ministro, Ding Xuexiang, y el secretario de la Comisión Central de Inspección Disciplinaria (a cargo de las purgas), Li Xi, son también importantes, pero su influencia está más limitada funcionalmente, centrada en áreas concretas y dependientes de Xi", valora el analista. TE PUEDE INTERESAR Precisamente, la dependencia del presidente chino y no aparecer como un potencial rival político parecen ser algunos de los factores que garantizan la supervivencia a la sombra de Xi. El propio Cai Qi, de 70 años, aunque cuenta con una carrera destacada e incluso algunos medios de comunicación lo han llegado a tildar de "el hombre más influyente" sobre Xi, su edad lo sitúa "más como un asesor cercano que como un posible heredero", según Boruta, con una potencial jubilación inminente en el próximo comité del partido. En opinión del analista, para esquivar la lista de las purgas, "el perfil más seguro es el de un funcionario que se mantiene personalmente leal, ofrece resultados concretos, evita construir una red de clientelismo autónoma y mantiene a sus familiares y subordinados bajo control". En resumen, "mantenerse leal sin convertirse en independiente y poderoso". TE PUEDE INTERESAR Esta es una tarea difícil bajo el mandato de Xi Jinping. "Sólo él decide quién es inocente y quién culpable. Y su juicio es inherentemente arbitrario", defiende Torigian. "La historia del PCCh demuestra que incluso los miembros más astutos del partido pueden malinterpretar su entorno. No se puede predecir con certeza cómo tratar con Xi Jinping. La línea roja siempre está cambiando. Lo más importante es asegurarse de comprender lo que quiere. Pero él mismo podría ni saberlo, o podría cambiar de opinión", añade. Una situación política complicada de gestionar frente a un líder "con el que no se puede estar en desacuerdo, pero al que tampoco puedes mentirle". El destino de los purgados En un panorama político en el que la incertidumbre se ha vuelto la norma, el futuro de aquellos que han tropezado en la lista negra permanece opaco para los observadores ajenos al PCCh. Las expulsiones del partido y los cargos se suelen anunciar tardíamente, con el Gobierno ofreciendo excusas hasta que la investigación está consolidada. En el caso de Qin Gang, el exministro de Exteriores, su predecesor, Wang Yi, estuvo asistiendo como sustituto a reuniones con altas instituciones durante semanas, alegando que Qin padecía 'problemas de salud', hasta que finalmente publicaron su destitución. Cuando llega el anuncio, "la absolución es prácticamente inconcebible", afirma Boruta. El analista postula que, para Ma, el siguiente paso probablemente sea "un juicio cerrado o altamente controlado que culminará en una larga condena de prisión, o quizás cadena perpetua si las cantidades de soborno de las que lo acusan son realmente elevadas". El exmiembro del Politburó es "muy improbable que vuelva a aparecer en público, salvo en las grabaciones del juicio". Los funcionarios o militares, directamente, "suelen desaparecer tras ser detenidos, pierden sus redes políticas y su estatus público, y además pueden ver cómo sus familiares o allegados son investigados y acusados". En las situaciones más extremas, como la anunciada el pasado mayo por el Gobierno chino, para los exministros de Defensa, Wei Fenghe y Li Shagfu, también acusados de corrupción, supusieron la pena de muerte —conmutada por cadena perpetua— y la confiscación de todos sus bienes.