La diferencia entre exportaciones e importaciones de la Argentina (superávit comercial) cerró el primer semestre en casi US$14.000 millones, el mayor en dólares constantes desde la primera mitad de 2009 y cinco veces más que los US$2762 millones del mismo período de 2025. Detrás de ese salto aparece, otra vez, el sector energético. El saldo positivo del rubro Combustibles y energía sumó casi US$6000 millones en el semestre, el nivel más alto del siglo, y aportó US$2300 millones adicionales respecto de la primera mitad del año pasado.El resto de los rubros —sin agro ni energía— también mejoró: pasó de un déficit de casi US$1000 millones en el primer semestre de 2025 a un superávit de casi US$8000 millones este año, señaló la consultora Equilibra. Las exportaciones totales acumularon US$49.412 millones (una suba de 24% interanual), tanto por mayores cantidades (14%) como por mejores precios (9%), mientras que las importaciones sumaron US$35.437 millones (una baja de 4%), con una caída concentrada en piezas y accesorios, bienes de capital e insumos intermedios, en línea con la debilidad de la actividad industrial.Desde la consultora LCG coinciden en que el complejo energético explica buena parte del salto del semestre, aunque no todo: calculan que cerca de un 20% del incremento del superávit comercial frente a 2025 se debió a un mayor saldo de combustibles y energía, mientras que casi la mitad respondió a una reducción del déficit de los sectores menos dinámicos de la economía, que pasaron de un rojo de US$22.000 millones a uno de US$17.000 millones. Hacia adelante, la consultora anticipa que el ritmo se modere —las exportaciones deberían perder algo de dinamismo—, pero igual proyecta para todo 2026 un superávit comercial en torno a los US$20.000 millones, con la energía como uno de los pilares centrales de esa proyección.El sector de petróleo, gas y minería aporta hoy unos US$2000 millones mensuales al mercado de cambios, cuando en 2023 esa cifra era prácticamente nulaEl ingreso de dólares del sector energético no se limita solo por las exportaciones petroleras, sino también por las emisiones de bonos que hacen las empresas para financiar las inverisones. En el primer semestre, el mercado de obligaciones negociables (ON) colocó US$9632 millones, de las cuales el sector energético concentró el 55% de ese volumen —US$5307 millones—, con YPF, Pampa Energía y Edenor entre los principales emisores, según un informe de la consultora financiera Ricsa. Las tasas promedio treparon a 8,1% anual en dólares, contra el 7,3% de un año atrás, aunque con una dispersión amplia entre emisores: Pampa Energía se financió al 5% y CGC pagó hasta 12%, una brecha de 640 puntos básicos que refleja una discriminación crediticia cada vez más marcada dentro del propio sector. El plazo, de hecho, no explica la tasa: Vista Energy y Pampa Energía consiguieron fondeo a más de 10 años por debajo del 8% anual, mientras que Crown Point y CGC pagaron entre 11% y 12% a solo dos o tres años.El cambio es estructural y no solo coyuntural. El sector energético, que durante más de una década fue uno de los principales agujeros de la economía argentina —con importaciones de energía que llegaron a superar los US$12.000 millones anuales—, pasó de un déficit comercial de US$6902 millones en 2013, el peor registro de su historia, a un superávit de US$7829 millones en 2025, un giro de más de US$14.700 millones en poco más de una década, según datos de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH). Ese cambio fue posible por el salto de la producción no convencional de Vaca Muerta, que hoy explica más de dos tercios del petróleo que se extrae en el país.La cara B del boom de dólaresEl nuevo ingreso de divisas conviene mirarlo, sin embargo, en contraste con la demanda de dólares que persiste puertas adentro. Este año, con tranquilidad cambiaria, las familias compran alrededor de US$2000 millones por mes para ahorro, un nivel altísimo; el año pasado, que fue electoral, la dolarización de carteras superó los US$30.000 millones anuales, y este año, que no lo es, terminaría en unos US$20.000 millones.Este año, aun con tranquilidad cambiaria, las familias compran alrededor de US$2000 millones por mes para ahorrar en dólaresEsa demanda, sin embargo, queda matizada por la nueva oferta de divisas que generan distintos sectores de la economía. El agro aportó unos US$2000 millones mensuales en el primer semestre, el tramo fuerte de la cosecha; la emisión de obligaciones negociables (ON, bonos corporativos) de empresas sumó cerca de US$1500 millones por mes; los préstamos financieros que las compañías deben liquidar aportaron otros US$1000 millones mensuales, y el complejo de petróleo, gas y minería sumó casi US$2000 millones por mes, cuando en 2023 esa cifra era prácticamente nula y, antes, implicaba demanda neta de divisas en lugar de oferta. Esa oferta nueva puede financiar sin sobresaltos la dolarización actual de las familias.El economista Juan Battaglia, economista jefe de Cucchiara y Cía., agrega una variable a futuro: cuando la economía argentina empiece a crecer con más fuerza, también van a crecer las importaciones. La relación histórica indica que, por cada punto que crece el PBI, las importaciones suben unos tres puntos; con una relación más conservadora de dos a uno, si la economía crece 3% las importaciones subirían 6%, lo que implicaría una demanda adicional de divisas de unos US$4500 millones, equivalente a exportar más de 150.000 barriles diarios de petróleo a US$75 el barril. Es, en parte, la oferta excedente que el sector energético deberá seguir generando para sostener el actual equilibrio cambiario.Actualidad económicaArgentinaVaca Muerta