El papa León XIV inició sus vacaciones el pasado 5 de julio y se trasladó a Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma, para iniciar su periodo de descanso estival que se prolongará hasta el lunes 27 de julio. Con este desplazamiento al histórico enclave de los Castelli Romani, la oficina de prensa de la Santa Sede ha confirmado la reducción drástica de la actividad ordinaria del pontífice estadounidense durante el mes de julio, en una tradición veraniega que reanuda plenamente el protagonismo histórico de esta villa pontificia extraterritorial. A lo largo de estas tres semanas de reposo quedan completamente suspendidas todas las audiencias generales, privadas y especiales. La única cita pública regular del pontífice será el rezo dominical del ángelus, que abandonará la emblemática ventana del Palacio Apostólico vaticano para celebrarse de forma extraordinaria desde la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo. Según el calendario previsto por la Prefectura de la Casa Pontificia, las audiencias públicas habituales en el Vaticano no se retomarán hasta el miércoles 5 de agosto, aunque no se descarta que León XIV realice escapadas improvisadas a parroquias de la zona o regrese puntualmente para las celebraciones del 15 de agosto, tal como hizo el año pasado. TE PUEDE INTERESAR La gran novedad de este verano radica en la elección de su residencia. Si bien León XIV ya había acudido de forma habitual a las Villas Pontificias cada martes para pasar su día libre —e incluso veraneó allí el año anterior fijando su estancia en Villa Barberini—, en esta ocasión habitará las estancias oficiales del Palacio Apostólico. Se trata de las mismas dependencias privadas que ocuparon históricamente pontífices como Juan Pablo II o Benedicto XVI, devolviendo al recinto principal su vida cotidiana tras casi una década en la que su uso estuvo volcado exclusivamente en la atención a los visitantes. Un refugio histórico adaptado a los nuevos tiempos El Palacio Apostólico, cuya restauración original fue encargada por el papa Urbano VIII al afamado arquitecto Carlo Maderno para convertirlo en la sede estival de la Iglesia, sufrió un cambio radical durante el pontificado de Francisco, quien prefirió pasar los veranos en Roma y abrir el complejo al público como museo en 2016. Para recuperar su función original, el espacio museístico cerró definitivamente sus puertas el pasado 30 de junio. A lo largo del último mes, un equipo de obreros ha trabajado a ritmo constante para llevar a cabo un profundo lavado de cara y acondicionar las estancias que habían sido diseñadas para itinerarios turísticos, transformándolas nuevamente en un hogar habitable, privado y cómodo para el pontífice. En relación con el ritmo diario que mantendrá durante estas semanas de retiro lejos del calor estival de la capital italiana, el propio León XIV explicaba sus planes vacaciones con suma naturalidad: "Las vacaciones, en definitiva, un poco de reposo, mucha lectura, reflexión, preparación para lo que viene después. Siempre hay trabajo también". De este modo, la estancia combinará el descanso activo con el tiempo necesario para redactar futuros documentos de magisterio, pasear por los jardines monumentales o practicar algo de deporte, aprovechando la pista de tenis o la propia piscina que mandó construir Juan Pablo II y que el papa estadounidense ya ha utilizado durante sus días libres para mantenerse en forma. Castel Gandolfo recobra su esencia pontificia: un refugio de historia, lectura y calma en el corazón de los Castelli Romani El complejo de las Villas Pontificias conforma una auténtica ciudadela que integra el Palacio Apostólico, Villa Barberini, Villa Cybo, zonas de invernaderos, extensos viñedos, una granja propia y el célebre Observatorio Astronómico de la Specola, recinto que el papa ya visitó el verano pasado junto a una residencia de ancianos cercana. Este lugar tan singular, que Juan Pablo II bautizó afectuosamente como el "segundo Vaticano" y que sirvió de refugio a Benedicto XVI tras hacerse efectiva su renuncia al pontificado el 28 de febrero de 2013, recobra hoy toda su esencia pontificia para ofrecer a León XIV el entorno idóneo de serenidad antes de retomar la intensa agenda de la Santa Sede en agosto. El papa León XIV inició sus vacaciones el pasado 5 de julio y se trasladó a Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma, para iniciar su periodo de descanso estival que se prolongará hasta el lunes 27 de julio. Con este desplazamiento al histórico enclave de los Castelli Romani, la oficina de prensa de la Santa Sede ha confirmado la reducción drástica de la actividad ordinaria del pontífice estadounidense durante el mes de julio, en una tradición veraniega que reanuda plenamente el protagonismo histórico de esta villa pontificia extraterritorial.