Mientras esta noche, en el Teatro Colón, la magia de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, volverá a envolver al público balletómano de la ciudad con una nueva función de la transposición Alice’s Adventures in Wonderland, con coreografía de Christopher Wheeldon y música de Joby Talbot, los recuerdos infantiles de su lectura regresan a esta sección diaria, que acompañará la Feria del Libro Infantil. Hoy es la dramaturga, narradora y poeta Patricia Suárez, quien no solo evoca el disfrute, sino que recorre las muchas maneras en las que esa novela fue determinante en la autora que ella es hoy en día."Creo que mi yo adulto le regalaría a mi yo de niña Alicia en el país de las maravillas. Va a sonar ampuloso, pero me parece imposible pensar la adultez sin haber leído Alicia, sin conocer ese mundo donde todo es posible y donde nada es como nosotros creemos que es", dice a Clarín la autora de Perdida en el momento, la novela con la que en 2003 ganó el Premio Clarín Novela."Agregaría algo más –completa–: sirve para aprender a desconfiar de los discursos oficiales y entender que siempre existe un camino diferente para aquello que deseamos".Patricia Suárez nació en Rosario en 1969 y publicó en 1994 su primer cuento, "El señor y la señora Schwarz", en la revista V de Vian, dirigida por Sergio Olguín. Fue el inicio de una trayectoria que se cuenta en decenas: de libros, de obras de teatro, de poemas...Fue alumna de la escritora Hebe Uhart, pero también del dramaturgo Mauricio Kartun. En 1997 recibió el Premio Haroldo Conti para Jóvenes Narradores de la Provincia de Buenos Aires por el cuento "El aniversario de la muerte del Sr. Rojo".Nada en la memoria"Creo que a los chicos les pasa algo parecido a lo que nos ocurre a los adultos –retoma–. Consumimos muchísima realidad virtual, inteligencia artificial, series, y, salvo excepciones, no nos queda casi nada en la memoria. Todo es muy fragmentario y efímero. Supongo que ellos también viven esa experiencia. Por eso creo que un libro es una experiencia real: no se puede consumir en minutos ni por episodios para pasar enseguida al siguiente. No hay otro igual".En ese diálogo de libros y premios que articulan su trayectoria, en 1997 recibió el Premio Monte Ávila dentro del Concurso Juan Rulfo por el cuento para niños "Historia de Pollito Belleza" y en 2003, el Premio Clarín Novela con Perdida en el momento. Como dramaturga escribió Valhala (Premio Argentores Ciclo de Teatro Leído 2000), realizada en el Teatro del Ángel; la trilogía Las polacas, compuesta por Historias tártaras, Casamentera (Premio Fondo Nacional de las Artes 2001) y La Varsovia (Premio Instituto Nacional del Teatro 2001).Para Patricia Suárez, Alicia en el país de las maravillas tiene un mérito extraordinario: "Obliga a la imaginación. Somos nosotros quienes inventamos los rostros de los personajes, su manera de hablar, el tono de su voz. Aunque los diálogos estén escritos, cada lector imagina cómo suenan y, a veces, hasta les presta la voz de alguien querido, de alguien que está o que ya no está. Para un niño eso es muy importante".La lista de premios recibidos por la autora todavía no termina: es autora de El tapadito (2º Premio de Obras del Instituto Nacional de Teatro 2004), Edgardo practica y Cosima hace magia (Premio de Dramaturgia “La scrittura de la diferenza” 2004, Nápoles) y Herr Klement (VI Premio de Textos Dramáticos “Serantes” 2005, Santurce, España).También recibió el Premio Argentores a la Producción 2005 por la obra Roter Himmel, escrita junto a María Rosa Pfeiffer, y el Primer Premio del IV Concurso de Teatro de Humor de la Biblioteca Teatral Hueney de Neuquén por la obra Miracolosa. En 2007 recibió, junto a Pfeiffer, el Primer Premio del Instituto Nacional de Teatro por La bámbola. Y así...Por eso, Patricia Suárez ama los libros y confía en ellos: "Un libro es un consuelo enorme, un campo de aprendizaje del lenguaje y un amigo que dura para siempre. Yo no me puedo olvidar de Lewis Carroll y de Alicia, ni de Mark Twain y de Huckleberry Finn, por citar algunos clásicos”, enumera.Y asegura: “La lectura nos ayuda a formar criterio a largo plazo, pero también tiene un efecto inmediato: nos da lenguaje. Y eso, para un niño, es fundamental, porque le permite expresar con precisión lo que siente, defender sus ideas y defenderse a sí mismo. Por eso es tan importante que puedan leer libros desde la primera infancia".