Hay clásicos que parecen haber encontrado una forma definitiva. Alice’s Adventures in Wonderland es uno de ellos. Desde la novela de Lewis Carroll hasta las múltiples adaptaciones cinematográficas y teatrales, la historia de Alicia parece pertenecer ya al imaginario colectivo. Sin embargo, Christopher Wheeldon y Joby Talbot eligieron recorrer el camino inverso: en lugar de reproducir una versión conocida, construyeron un ballet narrativo que conserva el espíritu del original mientras desarrolla un lenguaje propio, donde la coreografía, la música, la escenografía y la tecnología dialogan permanentemente. Estrenada originalmente por el Royal Ballet de Londres, la producción llega ahora al Teatro Colón en una versión realizada junto al Ballet Estable. Se trata de una de las propuestas escénicas más complejas de los últimos años: una gran orquesta, una escenografía monumental, recursos audiovisuales, múltiples cambios de escena y una coreografía de enorme exigencia técnica para sus intérpretes. Durante la presentación de la producción, Wheeldon dijo “esta producción llega íntegramente desde una coproducción entre Suecia y Dinamarca. Con el paso de los años fuimos realizando pequeños ajustes. Cuando estrenamos Alice originalmente tenía una estructura diferente; con el tiempo hicimos algunas modificaciones y pequeños recortes para que el espectáculo fluyera mejor. En esta versión redujimos ligeramente la duración e hicimos algunos cambios pensando también en el público. Sin embargo, el verdadero desafío no estuvo allí, sino en trasladar una producción de este tamaño hasta Buenos Aires. Había que conseguir que todos los elementos llegaran en buenas condiciones después de un viaje tan largo y evitar que el equipo técnico tuviera que hacer demasiadas reparaciones una vez aquí. En cuanto a la coreografía, el elenco del Teatro Colón se adaptó muy bien al lenguaje de la obra. Ahora estamos realizando los últimos ajustes para que todo fluya de la mejor manera posible durante las funciones”.