La lactancia materna continúa identificándose como un símbolo de la “buena maternidad”, un discurso que genera sentimientos de culpa entre las mujeres que no pueden o no quieren dar el pecho. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), que ha analizado casi 600 comentarios publicados en Instagram de cinco cuentas españolas especializadas en maternidad y lactancia.La investigación señala que el problema no es la lactancia materna en sí, cuyos beneficios médicos y emocionales están documentados, sino la carga simbólica que se construye a su alrededor. Para ello, las investigadoras han examinado los comentarios de publicaciones de cinco creadoras, que se autodefinen como prescriptoras de maternidad (instamamis), cuyos resultados muestran una “fuerte promoción” de la lactancia exclusiva.Renunciar a la lactancia por la reincoporación al trabajoLos resultados, extraídos de los comentarios de las cuentas de @ohmama.matrona, @mamarylactar, @yaizallinas.enf, @sleepbunny.club y @lactapp_lactancia, identifican cuatro tendencias: normalización de la culpa y sacrificio, presiones sociales y contradicciones, soledad materna y participación paterna, y profesionalización de la maternidad. El discurso predominante contrasta con la realidad de muchas mujeres, que deben renunciar a dar el pecho por la reincorporación al puesto de trabajo. “En los comentarios se leen relatos de madres que se levantan de madrugada para extraerse leche antes de ir a trabajar o que cuentan cómo tuvieron que dejar la lactancia antes de los seis meses que recomienda la OMS porque había acabado su permiso de maternidad”, señala Mittzy Arciniega-Cáceres, autora del estudio junto a Sílvia Escobar. Pero esa renuncia casi nunca se plantea como consecuencia de unas condiciones socioeconómicas estructurales. “La mayoría lo vive desde la normalización y la culpa, como un fracaso casi personal. Pocas veces hay una crítica hacia el sistema”, añade. Los comentarios reflejan también las tensiones que se producen entre la representación idealizada de la maternidad y modelos excesivamente demandantes e irrealizables. Estas disputas extremas, conocidas como mommy wars, encuentran en las redes sociales mayor amplifiación y visibilidad.“Por un lado, estas cuentas ofrecen espacios de apoyo y sororidad donde muchas madres encuentran acompañamiento, comparten dudas y se sienten validadas. Por otro, pueden funcionar como espacios de juicio, cuestionando sus decisiones”, advierte Arciniega-Cáceres. Las autoras aseguran, paralelamente, que el papel de las creadoras de contenido está cargado de “contradicciones”. “Se presentan como expertas y dan consejos y apoyo, pero también usan sus cuentas de Instagram como fuente de reputación social o para obtener rédito económico”. Otra tendencia destacada es la presión ejercida por el entorno, familiar o sanitario, que refuerza los mandatos de la “buena maternidad”. La investigación sostiene que las presiones sociales se han intensificado con el tiempo: “Se espera que sean buenas madres, profesionales de éxito, independientes, emocionalmente estables y no dejen de lado los autocuidados. Todos esos mandatos acaban colapsando porque son contradictorios e imposibles de cumplir”.El problema, añade la investidora, es que cuando esas expectativas chocan con la realidad, las mujeres suelen interpretarlo como un fracaso individual, en lugar de relacionarlo con las condiciones de vida que dificultan la conciliación. La figura masculina aparece como un apoyo, no como un corresponsable plenoEn este contexto, la figura paterna o la pareja aparece como un “apoyo” y no como “corresponsable pleno”. Como consecuencia, las madres expresan sentimientos de soledad y describen la crianza como una responsabilidad que recae casi exclusivamente sobre ellas.Además, el informe destaca que la construcción del ideal de maternidad se construye siempre desde una perspectiva “poco interseccional, blanca, heterosexual y de clase media”. En este sentido, Arciniega advierte de un importante sesgo de clase en estos debates. “Alguien que trabaja 12 horas al día o en la economía sumergida difícilmente tiene tiempo para seguir cuentas de Instagram o participar en los comentarios”, señala. Según la investigación, los debates están pensados para una clase media dotada de privilegios.Lee tambiénPese a los avances en igualdad, ciertos mandatos que “creíamos superados” reaparecen con fuerza. La investigadora vincula este fenómeno con el concepto de “maternidad intensiva”, acuñado por la socióloga Sharon Hays en 1996 para describir un modelo que exige a las madres una dedicación y entrega absoluta a los hijos. “Esos mandatos se han reconstruido y adaptado a los nuevos tiempos, pero no se han superado”.Periodista especializada en temática social: feminismos, migraciones, salud mental. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Doble licenciada en Periodismo y Publicidad y RR.PP. por la UAB