OpiniónLa voz popular ignorada hace una década –sobre qué clase de paz quieren los colombianos, con quiénes y en qué términos– ha vuelto a resonar.20.07.2026 23:01 Actualizado: 20.07.2026 23:01 Hace casi exactamente diez años se le hizo una pregunta a los colombianos, que solo tenía una respuesta correcta: ¿Apoya el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Resultó que poco más del cincuenta por ciento de quienes votaron respondió mal: dijo “no”.Una mayoría de quienes ejercieron el derecho que Santos había invocado como sello de legitimidad de todo el proceso rechazó los acuerdos. Eso es la soberanía popular en acción.Santos se había comprometido a respetar el resultado. En cambio, tras algunas revisiones mínimas y concesiones cosméticas, los acuerdos los impuso en el Congreso, que, como establece la Constitución, representa al pueblo (y es más maleable). Así, fueron aprobados “unánimemente” –por quienes estaban presentes en la sesión–, luego de que los partidos que habían hecho campaña por el “no” boicotearon la votación. La voz del pueblo fue desconocida con elegancia, con legalidad y con constitucionalidad.De verdad, la soberanía popular es incómoda, peligrosa incluso. Recuérdese que el Pacto de Unión de 1861 y la Constitución de Rionegro de 1863 invocaban ambos la doctrina de la soberanía popular como fuente de legitimidad, pero luego criminalizaban las posibles manifestaciones del pueblo como actos de sedición y rebelión. Aunque el pueblo como sujeto político no está criminalizado en la Constitución de 1991, a la clase política su voluntad parece importar poco.El triunfo de De La Espriella demuestra que la voz del pueblo no se puede ignorar. El pueblo, ampliado y unido, no será vencidoEso fue hace 10 años. Hoy, la gran mayoría de los combatientes acreditados de las Farc se desmovilizaron. Miles entregaron sus armas bajo supervisión de la ONU. Pero fracciones significativas nunca se incorporaron al proceso, otras se rearmaron tras desmovilizarse, y nuevas organizaciones criminales se han multiplicado, ocupando el espacio territorial que dejó el desmonte de las Farc. El año pasado se registró el mayor número de homicidios desde al menos 2015. La “paz” que se obtuvo eludiendo la voluntad popular no ha llegado. Como la utopía prometida por el comunismo, siempreestá justo al doblar la esquina, a una negociación más de distancia. Las causas de este fracaso son, sin duda, muchas, pero la fragilidad política de un acuerdo impuesto sin el consentimiento popular es una de ellas.Lo que nos lleva al 21 de junio pasado, fecha en que el pueblo colombiano volvió a hablar. Abelardo De La Espriella, quien entre otras cosas se ha comprometido a terminar las negociaciones con las organizaciones criminales y simplemente derrotarlas militarmente, ganó la presidencia con casi trece millones de votos, los más que jamás se hayan emitido a favor de un candidato presidencial. El margen fue, como el voto del “no” de hace diez años, ajustadísimo, y el país, como hace diez años, está genuinamente dividido. La gente votó por muchas razones –seguridad, inflación, hastío con Petro, ideología, miedo– pero también con esperanza, con la esperanza de que por fin se hiciera algo frente a las organizaciones criminales que dominan vastas porciones del territorio colombiano y a millones de ciudadanos colombianos e impiden el desarrollo de la sociedad civil. En el mundo mágico pero fantástico de Macondo, las palabras podrían bastar para traer una paz duradera, pero en el mundo real de Colombia, las palabras parecen no estar a la altura de sus promesas.Si el enfoque de De La Espriella tendrá éxito es una pregunta aparte. Lo cierto es que la voz popular ignorada hace una década –sobre qué clase de paz quieren los colombianos, con quiénes y en qué términos– ha vuelto a resonar. Más del doble de quienes pronunciaron su “no” hace 10 años acaba de pronunciarse de nuevo: ¡no! No a las negociaciones con quienes hacen imposible la vida en sociedad para todos. El triunfo de De La Espriella demuestra que la voz del pueblo no se puede ignorar. El pueblo, ampliado y unido, no será vencido.GREGORY LOBO Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
La voz del pueblo no se calla
La voz popular ignorada hace una década –sobre qué clase de paz quieren los colombianos, con quiénes y en qué términos– ha vuelto a resonar.








