Víctor Torres fue clave en el operativo que logró sacar con vida del estacionamiento de un edificio a un vigilante, ocho días después del terremoto
“¡Vamos, carajo! Solo es tu mente”, le insistía Víctor Torres Fuentes, voluntario del Grupo de Búsqueda y Rescate de los Bomberos de Chile, a Hernán Gil en cuanto logró asomar la cabeza entre los escombros de un edificio en Catia La Mar, en La Guaira, Venezuela. El vigilante llevaba ocho días atrapado bajo la estructura, derrumbada por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron al país caribeño el 24 de junio. Era el jueves 2 de julio cuando el equipo de rescate consiguió llegar hasta él. Ya recuperándose en una clínica de Caracas, Gil evocó aquellas palabras de aliento que, asegura, le “dieron fortaleza”.
Torres, un ingeniero de minas que lleva 25 de sus 40 años dedicados a servir al cuerpo de bomberos, asegura que el esfuerzo fue colectivo, dado que en este operativo participaron rescatistas chilenos y de Estados Unidos, España, Venezuela, Portugal, México, Costa Rica y El Salvador. “El rescate de Hernán fue un momento de esperanza y de unión de las Américas”, dice en una entrevista con EL PAÍS.
Aterrizó este sábado en Santiago de Chile, junto con otros 44 compañeros —incluyendo a tres mujeres— que han estado en las labores de rescate en Venezuela, cuyos seísmos han dejado a más de 3.500 muertos, 16.700 heridos y decenas de miles de damnificados. “Los grandes héroes fueron los venezolanos, ayudando a su propia gente en las primeras horas de los terremotos”, señala el socorrista.













