20/07/2026 15:29 Actualizado a 21/07/2026 12:20 La megalomanía de Donald Trump ha topado con un límite y se llama Rodri. Pero también Lamine Yamal y Keyne, Borja Iglesias, hasta Cuti Romero en su desgracia… La arrogancia del presidente de Estados Unidos no casa bien con el mundo del fútbol, donde tras cada victoria se habla y se escribe con romanticismo de pasiones, valores, justicia divina o poética… y, desde este Mundial en Estados Unidos, también de corrupción, favores y “delincuentes” en la cancha y el palco. La selección española se hizo con la victoria, pero lo que triunfa en las redes son los desplantes al presidente de Estados Unidos y un modus vivendi de los jugadores que tiene poco que ver con el de Trump y su familia. El presidente estadounidense no tendrá nunca una foto levantando la copa del Mundo de fútbol si la IA no la fabrica, y el capitán de la selección española intentó que no se apropiara de la suya. Rodri es viral en las redes por esperar a que Trump saliera del tiro de cámara para alzar el trofeo. Por esperar y casi echarlo del escenario, porque el gesto de acompañar al todopoderoso presidente de Estados Unidos educadamente con la mano en la espalda solo se dispensa a personas de la tercera edad. Los vídeos también muestran a Merino troleando a Trump con un bailecito una vez está fuera de su vista y todos sabíamos que Borja Iglesias no quería “líos” y pondría su mano, pero no sus ideales, para tener la fiesta en paz.Rodri, invitando a Trump a dejar el escenario para la celebración Dylan Martinez / ReutersLa estrategia de Rodri fue aplaudida en las redes en todos los idiomas: “Estoy con lágrimas en los ojos”, “gracias por no dejar a Trump meterse en la foto”, “Rodri es capaz de mantener la calma hasta en mitad de una celebración para esperar a que Trump se quite de en medio y apartarlo para que quede una foto limpia. Leyenda del deporte español”, “Rodri echando a Trump. Que lo cuelguen en el Prado”. Rodri puso la guinda al Mundial más politizado de la historia en el que Trump quería ser “el niño en el bautizo”, “el novio de la boda”...Hasta la prensa legacy es incapaz de contenerse. The Guardian publica una imagen tomada por Javier García /Shutterstock en la que aparecen el complaciente presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y Trump cubiertos de confeti dorado y que va acompañada de un elocuente pie de foto: “Gianni Infantino explica cuidadosamente a Trump que no forma parte de la selección española”.El protagonismo que buscaba Trump lo ocupó Keyne, el hermano pequeño de Lamine Yamal. La estrella del mundial en las redes llegó al MetLife Stadium con una gorra de la Patrulla Canina y acabó calzándose la de un policía de Nueva York. Keyne le marcó un penalti a Nico Williams, Oyarzabal lo estrujó y su foto con la copa ha sido bautizada como “la imagen del Mundial”.Lamine y su troupe son una especie de Kardashian catalanes con los pies en el suelo. Keyne es el alma de la fiesta, la sensación del campeonato, la mascota del equipo, un niño de tres años a quien Penélope Cruz quería saludar. ¿Puede un niño digerir tanta atención y exposición mediática? Su madre, Sheila Ebana, comparte en Instagram -2,3 millones de seguidores- fotos y videos cocinando con el niño; Lamine baila, juega, disfruta con él. Ofrecen la imagen de una familia que ha superado duras circunstancias. La madre de Lamine, su amigo Souhaib, su primo Mohamed, la abuela… Familias que las redes han aprendido a querer, como la madre de Nico Williams, María Coforn Arthuer, a quien el jugador entregó la medalla: “Mi madre ha sufrido mucho. Andar por el desierto descalza, muchas cosas que no le desearía a nadie. Al final, aquí nadie viene a España a robar a nadie. Nadie nace siendo racista; hay que educar bien a los chavales”. Una mujer que salió de Ghana embarazada hace 30 años atravesó Burkina Faso, Mali, Argelia, el Sáhara y saltó la valla de Melilla. ¿Qué piensa Trump? ¿Enviaría el ICE?Hoy nadie pregunta si Lamine es español ni se queja de que sea musulmán. Se puede rezar en el césped una vez finalizado el partido mientras se montaba una tangana de escándalo a su espalda con Paredes agrediendo a Eric García y Gavi. “El barroco español en su máxima expresión”, quizás “el único momento de paz que tuvo sin que nadie le diera una patada”, comentan. La escena parecía una parodia de los Monty Python, y, sin que sirva de precedente, a la tropa digital no le importa qué reza el futbolista. Bueno, a ninguno, excepto a Silvia Orriols.Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.