Donald Trump quiere ser protagonista. ¿De qué? Da igual. De lo que sea. El domingo era la final del Mundial. En Nueva York —cuyo alcalde, el socialista Zohran Mamdani, se mantuvo apartado de los focos—, en un torneo que Estados Unidos ha coorganizado con México y Canadá. Pero era Trump quien se iba a colar en la entrega de medallas a los futbolistas. Y, pese a la insistencia de Rodri, en la foto del campeón levantando el trofeo. Pero tanto protagonismo se volvió en su contra.
El presidente de EEUU recibió un sonoro abucheo cuando fue presentado en la ceremonia previa al partido de la final de la Copa del Mundo. Tras ser nombrados, la realización mostró el palco en el que se encontraba junto con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Gritos y pitada. Un tiempo reglamentario y una prórroga más tarde, con España ya ganadora, bajó al césped, de nuevo acompañado por Infantino, para la entrega de medallas. Abucheos de nuevo.
Cuando argentinos primero y españoles después recibieron su correspondiente medalla, Trump guardaba un último truco final. El mandatario unió sus manos con las de Infantino para cargar entre los dos el trofeo de la Copa del Mundo: más de seis kilos de oro y 18 quilates. Caminaron juntos, abrazando la copa, y se la dieron al capitán de la selección española, Rodrigo Hernández. Abucheos. Muchos más abucheos.










