Una historia es siempre el ángulo desde el que se cuenta. He aquí uno: España se proclamó campeona del mundo por segunda vez en su historia en el Metlife Stadium de Nueva Jersey ante Donald Trump, Tom Cruise y Shakira. Y he aquí otro: Argentina perdió en el campo la chance de ganar un cuarto mundial que alimentaba sus sueños en La Fugazzeta, una pizzería de Santiago de Compostela donde el único que no vestía de albiceleste era este cronista, que termina ahora de sacudir su notebook sobre una de las mesas altas que el local tiene dispuestas contra la pared, ideales para “comer de parado, al estilo porteño”. En los 107 minutos que trascurrieron desde el inicio de partido al gol de Ferran Torres que bordó la segunda estrella española, esta pequeña pizzería argentina pasó de Bombonera a velorio.
Antes de que la muzzarella volase enrabietada en La Fugazzeta, hablo por teléfono con mi amigo Alfredo Garófano, fotógrafo argentino que lleva cuatro décadas en España. Empezó su carrera como paparazzi y hoy es jefe de fotografía de la revista Lecturas. Por su objetivo pasó toda la crónica social imaginable, desde Lady Di hasta Anabel Pantoja. Es un hombre que no sólo lo vio todo sino que lo inmortalizó todo (entre otras cosas, al rey Juan Carlos desnudo, hito profesional que le hizo creer durante breves e ingenuos momentos que se haría rico). Pero hoy se siente raro. “Lo único que no había visto nunca de un partido es la necesidad de dar tantas explicaciones para decir que se va con uno u otro equipo. En Catalunya dicen ‘Voy con Messi para que los españoles se jodan’ o ‘Voy con España porque hay ocho del Barça’. Me parece una locura”. Todos los países tienen sus monstruos particulares, rarezas mutantes capaces de carcomer cualquier enfoque desde un lore indescifrable para el observador externo. El monstruo español es la rivalidad Madrid-Barça. Un argentino puede intentarlo, e incluso ponerle muchas ganas al empeño, pero nunca será capaz de hacer entender del todo El Peronismo a un español; del mismo modo que un español nunca será capaz de hacer entender a un argentino que un votante madridista de Vox obsesionado con la “prioridad nacional” en la política reniegue de la Selección porque no hay jugadores de su club y sí muchos del rival.










