Criterio urbanoEste es el momento de fomentar mayor seguridad.
La semana pasada se realizó la presentación por parte del Ministerio de la Defensa sobre las necesidades que se requieren para hacer frente al crimen organizado. Hay una cifra en el diagnóstico más reciente que debería ocupar el centro de la conversación pública. No es el número de operativos, ni las toneladas incautadas, ni los estados de excepción. Es una comparación: los ingresos estimados del crimen organizado transnacional ascienden a unos Q19 mil 230 millones al año, entre 2.5% y 3% del PIB, según estimaciones de las autoridades, mientras el presupuesto de defensa apenas alcanza los Q3 mil 859 millones, un 0.43% del PIB.
Durante años hemos dicho que la seguridad es un asunto prioritario, más patrullajes, más presencia, más firmeza. Pero cuando una organización criminal dispone de cinco veces más recursos que la institución encargada de contenerla, y además diversifica ingresos entre narcotráfico, extorsión, contrabando, minería ilegal y trata de personas, el problema deja de ser de voluntad y pasa a ser de capacidad. Ninguna estrategia puramente reactiva revierte una asimetría de ese tamaño.
El diagnóstico oficial admite brechas de 52% en munición, de 37% en movilidad, de hasta 65% en comunicaciones, y la ausencia de una red integrada entre las fuerzas de tierra, mar y aire. Se reconoce además que existen “siete criterios doctrinarios operando en paralelo dentro de una misma institución”. Y acepta algo que ninguna burocracia admite con facilidad: “que inyectar más recursos a un sistema desordenado solo multiplica la ineficiencia”.









