Tras más de cuatro años de guerra a gran escala iniciada por Moscú, los drones rusos se han convertido en el arma más letal de Ucrania, causando la muerte de miles de soldados y civiles. Pero para cada innovación rusa —vehículos con visión en primera persona, propulsión a reacción, cables de fibra óptica— Ucrania ha desarrollado contramedidas. Ahora, mientras los drones atacan a Israel, los estados del Golfo Pérsico y las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio, el Gobierno y la industria de defensa de Ucrania quieren compartir lo que han aprendido.

Ucrania vende equipos a sus aliados, les ofrece asesoramiento y establece líneas de producción conjuntas para obtener beneficios económicos y diplomáticos. “Ucrania ha acumulado mucha experiencia sangrienta”, dijo Stanislav Hryshyn, director de estrategia de General Cherry, un importante fabricante de drones interceptores. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien ha impulsado los acuerdos para la compra de drones en entrevistas, discursos y reuniones con otros jefes de Estado, ha encontrado un mercado receptivo. Hezbolá está desplegando vehículos aéreos no tripulados para atacar a Israel, e Irán los utiliza contra varios países de la región. Ucrania también utiliza drones para vigilar y atacar a las fuerzas rusas.