Trump (a su derecha, Marco Rubio) y Lula, en un encuentro en 2025 (Foto: Reuters)El anuncio del gobierno de Estados Unidos de que impondrá un arancel del 25% a la mayoría de los productos que importa de Brasil no tendría en principio gran impacto sobre el comercio bilateral ni sobre la economía brasileña, pero podría afectar a algunos sectores de la economía argentina en la medida que algunos actores del socio del Mercosur busquen redirigir su oferta al mercado local. Gustavo Perego, director de Negocios de la consultora Abeceb, estimó que el impacto comercial real, en términos de reducción de las exportaciones de Brasil a Estados Unidos, estaría entre USD 700 y 1.000 millones anuales, esto es entre 1,8% y 2,6% sobre las ventas brasileñas al país del norte, lejos de los USD 4.700 millones que dijo el gobierno brasileño y de los USD 11.000 millones que estimó AmCham, la cámara de comercio de Estados Unidos en Brasil. PUBLICIDADSegún datos del International Trade Centre, en 2025 Brasil exportó bienes por poco más de USD 38.000 millones a Estados Unidos. En cuanto al impacto sobre el nivel de actividad, Perego lo estimó en 0,03% del PBI de Brasil. “Acá el factor es político, los sectores que quedaron fuera de las sanciones podrían terminar entrando mañana”, dijo el analista, que sigue de cerca los avatares de la economía brasileña. PUBLICIDADAcá el factor es político, los sectores que quedaron fuera de las sanciones podrían terminar entrando mañana (Perego)Los sectores y productos que Washington dejó fuera del arancel del 25%, porque impactan en la inflación de Estados Unidos, son carne, jugo de naranja, café, partes de aviones y mineral de hierro, que habían sido alcanzados en 2025, cuando el gobierno de Donald Trump impuso aranceles que levantó tras el inicio de negociaciones con Brasil. El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó al gobierno de Lula da Silva de no negociar de buena fe (Foto: Reuters)El jueves, al anunciar la sanción arancelaria, el secretario de Estado, Marco Rubio, acusó al gobierno de Lula da Silva de no negociar de buena fe. “Sus políticas económicas son malas para los estadounidenses y malas para los brasileños. Durante el último año, Lula ha puesto su ego por delante de llegar a un acuerdo por el bienestar del pueblo brasileño, y estos aranceles son el precio por eso”, posteó en un mensaje en la red X el jefe de la diplomacia norteamericana.PUBLICIDAD“Lo más importante es la estrategia de presión por las grandes empresas de tecnología”, dijo Perego. Por caso, Washington quiere prohibir el uso del PIX para las transacciones con Estados Unidos y considera que el sistema de pagos digitales que diseñó e instrumentó el Banco Central de Brasil compite deslealmente con plataformas y servicios de pago norteamericanos. Además, el analista de Abeceb subrayó que Estados Unidos pretende la apertura del sector de químicos, automotor y manufactura general, mayor protección de propiedad intelectual y que Brasil sea parte de su estrategia de seguridad en tierras raras y minerales críticos, mientras Brasil es hoy el país latinoamericano de mayor relacionamiento con China. PUBLICIDADEstados Unidos pretende la apertura del sector de químicos, automotor y manufactura general, mayor protección de propiedad intelectual (Perego)“El impacto de esto es menor que el de los aranceles del año pasado, pero habrá mucho show, Lula lo va a usar en la campaña presidencial (las elecciones son en octubre) y no sé cómo lo hará Flavio Bolsonaro, pero por ahora esto es más posicionamiento que efectos comerciales”, dijo Perego (de hecho, Lula ya jugó la carta de la soberanía y acusó a la familia Bolsonaro de jugar para que Estados Unidos sancione a Brasil. Según la encuestadora Quest, el 50% de los brasileños “culpa” a Flavio Bolsonaro, que un mes atrás había estado en la Casa Blanca). En cuanto al impacto potencial sobre Argentina, Perego destacó que sectores afectados por el arancel del 25%, como textiles, calzado, muebles, papel y celulosa, podrían mirar volcar al mercado argentino excedentes que ya no logren colocar en Estados Unidos. PUBLICIDADEn menor medida, dijo, también podría haber algún impacto en el sector de maquinaria agrícola, pero limitado por lo integrado que ese sector está en Argentina. Vidriera de una tienda de calzado en San Pablo. Es uno de los sectores alcanzados por el arancel del 25% de Estados Unidos capaz de reorientar su oferta hacia Argentina (Foto: Reuters)Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral de Fundación Mediterránea, dijo que, más allá de cuál sea la motivación, las sanciones de Washington favorecen políticamente a Lula, que en octubre buscará su cuarto mandato presidencial. Pero no hay que olvidar, resaltó, que mientras a principios de siglo Estados Unidos absorbía el 18% de las exportaciones brasileñas y China el 6%, hoy China absorbe casi el 30% de las ventas brasileñas y Estados Unidos cerca del 10 por ciento. Y mientras Brasil tiene un superávit bilateral en el comercio de bienes con el país asiático (de casi USD 30.000 millones en 2025), el saldo comercial de bienes con Estados Unidos es deficitario (cerca de USD 8.000 millones en 2025).PUBLICIDADProspectivamente, sin embargo, Vasconcelos resaltó la importancia de la “crisis fiscal asintomática” que está incubando Brasil, con un fuerte aumento de la deuda pública y de su costo fiscal en términos del PBI.Durante el actual mandato de Lula, precisó el economista de Ieral, la tasa de desempleo bajó del 9,5% al 5,5%, pero la deuda pública bruta pasó de 71% a casi 83% del PBI, por el combo de un gasto público que crece al 5,1% real acumulativo desde 2022 y un costo financiero que ya equivale a 8% del PBI anual. PUBLICIDADSegún el economista, si el gobierno que asume el 1 de enero de 2027 no desindexa el gasto público y no recupera credibilidad fiscal, con el nivel actual de tasas la deuda pública alcanzaría 105% del PBI hacia 2030, trayectoria que tendría “efectos demoledores sobre los proyectos de inversión privados”. Si el gobierno que asume el 1 de enero de 2027 no desindexa el gasto público y no recupera credibilidad fiscal, con el nivel actual de tasas la deuda pública alcanzaría 105% del PBI hacia 2030 (Vasconcelos)El problema, dijo Vasconcelos, es que, con el desempleo en mínimos históricos, las supertasas de interés y el déficit fiscal y sus efectos no están en la agenda política de Brasil. PUBLICIDAD“La gestación de esta crisis asintomática hace que Lula tenga posibilidades ciertas de un nuevo mandato e implica que un eventual triunfo de un candidato opositor difícilmente sea acompañado de un parlamento dispuesto a romper el statu quo. Y la mayoría de las reformas fiscales necesarias para frenar el espiral de la deuda requieren contar con 60% de votos en las cámaras del Congreso, por tratarse de Propuestas de Enmienda de la Constitución”, destacó Vasconcelos. La macro brasileña entraría así en un círculo vicioso, pues aunque el país goza de una buena calificación crediticia, tiene reservas internacionales por USD 360.000 millones y el grueso de su deuda pública está nominada en reales, la tasa real a que la refinancia (superior al 7% real) hará que el déficit financiero siga en torno del 8,5% anual en que se instaló desde 2023, algo que sufre el sector privado: el “riesgo corporativo” de las empresas brasileñas (medido por el Cembi) es muy similar al de las empresas argentinas. En ese contexto, Jorge Vasconcelos, aunque admite que la recuperación económica es todavía “materia opinable”, es moderadamente optimista sobre las perspectivas de la economía argentina. Pese a una tasa de inversión que ha retrocedido en los cuatro últimos trimestres, la economía creció en torno al 3% anualizado en el primer trimestre de 2026 (Vasconcelos)“Pese a una tasa de inversión que ha retrocedido en los cuatro últimos trimestres, la economía creció en torno al 3% anualizado en el primer trimestre de 2026, en relación al cuarto de 2025, sostenida del lado de la oferta, con mejoras de productividad y la diferencia positiva entre la variación neta de exportaciones e importaciones”. Son factores genuinos, dice el economista del Ieral, que es necesario empalmar con mejoras en consumo e inversión. Aunque las mejoras de productividad y la dinámica exportadora sostienen un crecimiento de 2,5 a 3% del PBI, la economía no puede todavía funcionar en “piloto automático”, hace falta “combustible” para recuperar inversión, empleo y consumo y afianzar el crecimiento en un mundo que hoy, pese a turbulencias geopolíticas, ofrece más oportunidades que amenazas. Según Vasconcelos, las comparaciones relevantes del desempeño por sectores deben hacerse no contra fines de 2023 sino contra abril de 2024, piso de actividad tras el ajuste que hizo el gobierno de Javier Milei. En ese cotejo, dice, “la mayoría de los sectores lograron datos positivos, pero hay una diferenciación nítida entre los que están logrando continuidad de crecimiento y aquellos que, tras un rebote inicial, empezaron a perder parte del terreno recuperado”. En ese segundo pelotón incluye a la industria, el comercio y la construcción, pero no los agrupa como “perdedores” del nuevo modelo. En muchos casos, explica, la falta de dinamismo no se debe a la apertura y competencia externa, sino a problemas como la falta de crédito de largo plazo, una reforma laboral muy incipiente y una alta presión tributaria que sigue, en particular impuestos distorsivos como Ingresos Brutos (provinciales) y tasas (municipales). Dentro de la industria, actividades que ponderan un 56% en el PBI sectorial están revelando una gran capacidad de adaptación, como la producción de Alimentos (creció 5,6% desde abril 2024 a igual mes de 2026); Madera, Papel y Refinación de petróleo (9,4 a 9,6%); Productos Químicos (17%) y Minerales no metálicos (20,4%). Incluyendo Muebles, precisa, estos sectores participan en más de 50% en el Valor Agregado Manufacturero. A su vez, los sectores con mayores dificultades (30% del Valor Agregado Industrial) incluyen Maquinaria y Equipo, Industrias Metálicas Básicas, Prendas de Vestir, Textiles y Automotores, con caídas de 5 a 10% respecto de abril de 2024. Incluso allí, dice un informe, hay empresas que se diferencian para bien. Por fuera de la industria, con algo más del 20% del PBI, están Comercio y Construcción, que cayeron en los últimos doce meses tras el rebote iniciado en el segundo trimestre de 2024. El Comercio, dice el estudio en base a datos de Scentia, se estaría recuperando a un ritmo leve pero sostenido, aunque en un nivel aún 1,6% inferior a mayo de 2025. Pero incluso allí, dice el informe, hay indicios de “cambio estructural”. El comercio electrónico se está incrementando un 29,9% interanual. El precio promedio de los productos de consumo masivo comercializados sube en los últimos doce meses 11,8 puntos porcentuales menos que la inflación medida por el Indec. A mayo de este año, los precios de la canasta monitoreados por Scentia aumentan 21,4% interanual, cuando el IPC, relevado por el Indec lo hace 33,2 por ciento. La diferencia de 11,8 puntos porcentuales entre ambos índices refleja, por un lado, el peso de los servicios (que forman parte del IPC) y, por el otro, la sustitución constante de productos demandados por los consumidores “en el mostrador”, a favor de aquellos que ofrecen la mejor relación calidad/precio. Es un mecanismo de “defensa del bolsillo” que podría requerir abundancia de opciones del lado de la oferta y que, al existir, ayuda a recuperar volumen de ventas a un ritmo superior al que explicarse considerando la “inflación Indec”. Por último, la inversión en construcción está en el piso de los últimos 20 años, en sólo 6,9% del PBI, en gran medida por la escasez de obra pública y de crédito hipotecario a las familias, pero también por problemas de competitividad del sector (falta de escala y de modernización de procesos) reflejados en que sus precios subieron mucho más que los del promedio de la economía. Aun así, concluye, “en la medición desestacionalizada, Construcciones parece haber hecho piso a principios de 2026, al igual que el consumo masivo”.PUBLICIDADPUBLICIDAD