La decisión de la Administración Trump de subir hasta el 25% el arancel sobre exportaciones brasileñas se anunció con frialdad tecnócrata el miércoles en un documento de 138 páginas basado en la sección 301 de la ley de comercio. Pero, pese al lenguaje técnico, pocos en Brasilia dudan de que el llamado tarifaço -arancelazo- sea el último ejemplo de la agresiva estrategia de injerencia estadounidense en las elecciones presidenciales en América Latina. Tras intervenciones decisivas en las presidenciales en Argentina, Ecuador, Honduras, Perú y Colombia, y otros países, ahora viene el reto más grande para la política exterior de Trump en la región: evitar una segunda victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en el gigante suramericano de 210 millones de habitantes. A tres meses de las elecciones del cuatro de octubre, Lula lidera las encuestas -40% al 28% según el último sondeo de Genial/Quaest- frente a Flavio Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Bolsonaro padre —estrecho aliado de Trump— se encuentra actualmente en prisión domiciliaria por su participación en un intento de golpe. El representante de comercio estadounidense Jamison Greer insistió en que la nueva batería de aranceles —que afecta al 18% de las exportaciones brasileñas a EE. UU. y convierte a Brasil en el segundo país del mundo más castigado tras China— responde a “prácticas comerciales desleales”. Greer destacó siete áreas para justificar el mega arancel contra Brasil, desde comercio digital y sistemas de pagos hasta la sobreproducción de etanol y la extracción de madera procedente de deforestación ilegal. Estas “han impedido que los trabajadores y productores estadounidenses accedan a este importante mercado”, dijo.Pero el secretario de Estado, Marco Rubio, pareció delatar el verdadero motivo del arancelazo. Lula no negoció “de buena fe” y “colocó su ego por encima del acuerdo ”, afirmó en un tuit. “La forma en que Rubio justifica los aranceles es muy inusual y profundamente política”, dijo Oliver Stuenkel, experto en política internacional de la Fundación Getulio Vargas, en una entrevista a La Vanguardia. “Hay una contradicción entre todos esos aspectos técnicos de esta investigación y la evidente motivación política que la ha guiado (...) es claramente un intento de interferir en la política interna de Brasil”.Oliver Stuenkel: “Es claramente un intento de interferir en la política interna de Brasil”. Desde luego, dado el considerable déficit comercial que Brasil mantiene con EE.UU., diferencia de países como China, Japón o Alemania, es difícil encontrar un sólido argumento económico detrás de los nuevos aranceles.Será más difícil para Trump repetir en Brasil el éxito de sus otras intervenciones electorales latinoamericanas. Ya se ha comprobado en las encuestas que los brasileños se inclinan más hacia Lula cuando Washington amenaza la soberanía brasileña. Es más, más de la mitad de los brasileños creen que los Bolsonaro son responsables del arancelazo, según la encuesta, Genial/Quaest. Tras calificar las declaraciones de Rubio de “inaceptables, arrogantes y groseras” , la Cancillería brasileña acusó directamente al clan bolsonarista: “Los aranceles se han elaborado “con la colaboración de la familia Bolsonaro”.Se refiere al hermano de Flavio, Eduardo, ya afincado en Washington, que ha aprovechado sus estrechas relaciones con el movimiento MAGA para instar a Trump a actuar contra Lula y contra el juez del Tribunal Supremo Alexandre de Moraes, que condenó al expresidente.Así mismo, Flavio visitó la Casa Blanca hace dos semanas supuestamente para intentar convencer a la administración estadounidense de que no subiera aranceles, en una maniobra obviamente electoralista. Las principales asociaciones exportadoras criticaron la visita por dificultar aún más las negociaciones con la administración de Trump.De ahí la paradoja. “Si se trata de un intento de interferir en las elecciones de Brasil, lo más probable es que beneficie a Lula”, añade Stuenkel.“Esto puede resultar positivo para Lula, ya que la relación de Flávio Bolsonaro con Trump se percibe como de subordinación a Washington, y eso no cae bien”, coincide Mayra Goulart, analista política de la Universidad Federal de Rio de Janeiro.Los nuevos aranceles, el 35% si se incluye el 10% aplicado a todos los países en estos momentos, eximen a más de 2.000 productos como café, zumo de naranja o carne vacuna, cuyos precios en EE.UU. cuando Trump anunció los primeros aranceles sobre exportaciones brasileñas el año pasado. Tras meses de tensión, Trump y Lula se reconciliaron y celebraron una reunión en la Casa Blanca en mayo. Pero las tensiones han vuelto al acercarse las elecciones. Ahora, el arancelazo “sitúa la política exterior en el centro de la contienda electoral” lo que beneficia a Lula porque “tiene una narrativa fuerte como defensor de la soberanía de Brasil”, dice Paulo Abrau de la Oficina Brasil Washington en la capital estadounidense. Detrás de la táctica de injerencia electoral de Rubio puede estar el famoso método de negociación de Trump, dice Thiago Rodrigues, experto en política exterior de la Universidad Fluminense Federal en Niteroi. “Rubio es ideológico; en cambio, el estilo de Trump es proponer algo inaceptable y después pactar un punto intermedio; habrá alguna negociación sobre el acceso estadounidense a los minerales estratégicos, a tierras raras, alguna concesión en términos de la economía financiera”.“Habrá alguna negociación sobre el acceso estadounidense a las tierrras raras”Sin embargo, es difícil imaginar dónde Lula puede hacer concesiones. Por ejemplo, Washington se queja de que el sistema de pago conocido como Pix —un sistema nacional público que permite pagar electrónicamente y sin coste a través del teléfono móvil— “haya puesto en desventaja” a las empresas de tarjetas de crédito estadounidenses como Visa, Mastercard, American Express. Pero pocos de los 175 millones de usuarios de Pix en Brasil estarían de acuerdo con que Lula retirase el servicio Pix porque resta mercado a Visa. Las protestas estadounidenses contra Pix van “menos sobre competencia desleal y más sobre el papel estratégico de la infraestructura financiera”, dijo Alex Hoffmann, CEO de PagBrasil.La queja trumpista contra la deforestación ilegal es aún menos razonable. La administración Lula “ha permitido que continúe la deforestación ilegal en detrimento de la industria maderera estadounidense”, sostiene el documento del arancelazo. Pero la deforestación ha caído un 70% durante esta presidencia de Lula. El verdadero culpable de la destrucción de la Amazonia fue Bolsonaro, que gobernó entre 2018 y 2022, con el apoyo de la primera administración de Trump.