EntrevistaMiroslav Jenca, representante especial del secretario general y jefe de la misión de verificación de la ONU en Colombia. Foto: ONUEDITOR MESA19.07.2026 23:03 Actualizado: 19.07.2026 23:03 19.07.2026 23:03 Actualizado: 19.07.2026 23:03

A puertas de una nueva transición de poder en Colombia y en la conmemoración del décimo aniversario del acuerdo de paz de 2016, la comunidad internacional observa con lupa el rumbo que tomará la implementación en las regiones. Miroslav Jenča, representante especial del secretario general y jefe de la misión de verificación de las Naciones Unidas en Colombia, hace un balance sobre los aciertos de la reincorporación y los retos, especialmente por los persistentes vacíos institucionales y la reconfiguración de la violencia.¿Qué tan blindado está jurídicamente el acuerdo de paz frente a un cambio de prioridades del próximo gobierno?Esta pregunta corresponde a expertos constitucionalistas, aunque queda claro que el acuerdo de paz es parte del bloque constitucional de Colombia. Para Naciones Unidas, la implementación del acuerdo de paz es una oportunidad para seguir construyendo la paz, la seguridad y la prosperidad que anhelan todos los colombianos. Confiamos en que el gobierno entrante, al haber definido temas como la seguridad y el desarrollo de los territorios como prioridades de su gestión, podrá ver la importancia de dar continuidad al acuerdo cuya implementación contribuye a alcanzar estos objetivos.Como se demostró en la reciente sesión del Consejo de Seguridad, la comunidad internacional mantiene su apoyo y acompañamiento a estos esfuerzos. La Misión de Verificación, junto con el equipo país de las Naciones Unidas, que cuenta con una valiosa experiencia acumulada a través de los años y una amplia presencia territorial, está preparada para sentarse con las nuevas autoridades, escuchar sus prioridades y compartir perspectivas sobre el estado de implementación del acuerdo, siempre con total respeto por la soberanía de Colombia, tal como lo hemos hecho en anteriores transiciones de poder.¿Existe una preocupación concreta en Naciones Unidas de que Colombia pueda perder impulso en la implementación del acuerdo durante el próximo gobierno?El acuerdo ha dado resultados concretos para Colombia. Es una herramienta clave para consolidar la paz y la seguridad en el país. Contiene elementos muy concretos para responder a una sociedad que aspira a más seguridad, mayor desarrollo del campo y mayor presencia del Estado en las regiones. Desde la Misión, hemos reiterado la voluntad de entablar diálogo con las nuevas autoridades y de continuar, en el marco de nuestro mandato y con pleno respeto por la soberanía de Colombia, acompañando los esfuerzos nacionales para construir la paz y fortalecer la seguridad.A casi diez años de la firma del acuerdo, ¿cuál considera que ha sido el mayor error en su implementación?Me atrevería a decir que han sido precisamente los rezagos y asimetrías en su implementación. La Misión está presente en las zonas más afectadas por el conflicto armado y la violencia. Desde estos territorios, podemos decir que las regiones que presentan mayores desafíos actualmente son justamente aquellas donde la implementación del acuerdo de paz ha sido insuficiente. A diez años de la firma, creemos que asumir la responsabilidad de su implementación, con los ajustes necesarios y un enfoque articulado entre instituciones, requiere la llegada de una presencia estatal integral, junto con el desarrollo acelerado de la infraestructura en los territorios.Firma del Acuerdo de Paz con las Farc, gestado por el expresidente Juan Manuel Santos. Foto:CARLOS ORTEGA¿Cuáles son hoy los puntos del acuerdo que presentan los mayores rezagos y cuáles los mayores avances?Colombia, a pesar de los desafíos serios que enfrenta, ha progresado desde los años más difíciles de su conflicto armado. Elecciones pacíficas, inclusivas y participativas como las que acaban de ocurrir en Colombia son un ejemplo. En cuanto a los temas que son objeto de la verificación actual de la Misión, hay avances importantes en la reincorporación, con más de 11.000 firmantes de paz que hoy son ciudadanos que trabajan por el bienestar de sus familias y comunidades, la mayoría de ellos implicados en iniciativas de reconciliación, emprendimiento, desarrollo y construcción de paz.Hay avances también en reforma rural respecto a la formalización y entrega de tierras, así mismo en reducción de la pobreza multidimensional rural, avances en los Pdet, que han implicado niveles altos de inversión en regiones históricamente marginadas. También es necesario acelerar otros aspectos fundamentales, como la formalización de la propiedad, el apoyo técnico y financiero, y las garantías de seguridad para quienes reciben la tierra. Del mismo modo, es indispensable seguir fortaleciendo la reincorporación para consolidar proyectos productivos y proteger a quienes continúan apostándole a la paz.El sector privado tiene un papel clave que jugar en el avance de la reincorporación y el desarrollo rural. Respecto a las medidas de garantías de seguridad que contempla el acuerdo, Colombia hoy cuenta con una arquitectura institucional y normativa consolidada para su implementación; por supuesto, es necesario acelerar su puesta en marcha. Otro avance fundamental es la centralidad de las víctimas, que ha permitido su posicionamiento en la búsqueda de sus derechos.El proceso de justicia transicional también ha mostrado avances muy importantes, incluyendo en el marco de la Jurisdicción Especial para la Paz. A la vez, es necesario reconocer que, a estas alturas del proceso, existe un reclamo para acelerar sus resultados. Y hay algo más: hay logros que a veces se nos olvidan, como la dejación de armas de la extinta guerrilla de las Farc durante la cual la Misión recogió casi 9.000 armas, más de 38.255 kg de explosivos, y 3.500 minas antipersonales, entre otros.El fin del conflicto con este actor armado significó una reducción significativa de los niveles de violencia, que no son los mismos que en los años más álgidos del conflicto. Los rezagos más importantes tienen que ver con los obstáculos a la implementación del acuerdo, que representan persistencia de la violencia, el asesinato de firmantes de paz, la afectación a comunidades étnicas, a las mujeres, el incremento del reclutamiento forzado, entre otros. Usted ha señalado que algunos grupos armados aprovecharon las iniciativas de paz impulsadas por este gobierno para ampliar su influencia. ¿Qué factores permitieron que esos grupos retomaran o consolidaran su presencia territorial?Efectivamente, hay un debate intenso sobre el impacto de las iniciativas de negociación de los últimos años. Frente a esto, es importante tener en cuenta que, una vez se produjo la desmovilización y desarme de las Farc-EP, las zonas bajo su influencia no fueron ocupadas por el Estado, lo que generó una debilidad que fue utilizada por los grupos armados. A esto se une la persistencia de las economías ilícitas, motor de la expansión de estos grupos.Respecto a las negociaciones, se evidenció que iniciativas como los ceses tuvieron inicialmente efectos positivos sobre indicadores como homicidio y confrontaciones armadas. Sin embargo, al mismo tiempo, los grupos consolidaron su control territorial migrando hacia formas de violencia menos visibles, como extorsión, amenazas y reclutamiento de menores de edad.Posteriormente, las confrontaciones territoriales entre los grupos armados ilegales y su fragmentación incrementaron la violencia en algunos territorios, notablemente en Catatumbo, Cauca y Guaviare. Insistimos en que estos hallazgos subrayan la necesidad de fortalecer la presencia institucional civil sostenida, acompañada de una política de seguridad y protección efectiva de comunidades en las zonas de conflicto, como condiciones indispensables para que cualquier proceso de consolidación de paz y seguridad produzca resultados duraderos.Momentos de la firma del acuerdo de paz en 2016. Acto en Caquetá hace 10 años. Foto:Carlos Ortega / Archivo EL TIEMPOLa Misión ha advertido sobre el uso creciente de drones por parte de los grupos armados. Además de esa tecnología, ¿qué otras capacidades nuevas evidencian una transformación de estos grupos frente a años anteriores?La Misión ha constatado en el terreno, en especial en regiones como Catatumbo y Cauca, una transformación tecnológica de los grupos armados, incluyendo el uso de drones y otros instrumentos, que ha intensificado no solo el conflicto entre los grupos armados, sino sobre todo el impacto en la población civil.Nos preocupa igualmente el uso de inteligencia artificial y contenidos manipulados con fines de desinformación, incitación a la violencia y reclutamiento de menores de edad a través de redes sociales. Frente a ello, es muy relevante fortalecer las capacidades estatales de monitoreo y respuesta, la cooperación internacional en la materia y la protección de la población civil frente a estas nuevas modalidades de violencia.También habló de polarización política. Los acuerdos son un punto de discordia; mientras unos los consideran una conquista histórica, otros los ven como una concesión excesiva a los grupos armados. ¿Cree que esa polarización es inevitable en cualquier proceso de paz o considera que, en el caso colombiano, ha alcanzado un nivel particularmente profundo?Los procesos de construcción de paz son complejos y no lineales, es natural que haya diferentes puntos de vista sobre las prioridades y énfasis. Pero hay que destacar el compromiso inequívoco de la sociedad colombiana con la construcción de paz. En Colombia, la polarización se ha visto agudizada en el marco del reciente periodo electoral.En el Consejo de Seguridad, reiteré el llamado del secretario general para que los liderazgos políticos y sociales actúen con responsabilidad para reducir las tensiones luego de una campaña electoral polarizante. La construcción de la paz y la seguridad en una sociedad fracturada exige reconocer las diferencias políticas como legítimas y favorecer canales de diálogo respetuosos. ¿Cuál es su balance de la ‘paz total’?El mandato de la Misión se centra en la verificación de la implementación de ciertos aspectos del acuerdo de paz de 2016, específicamente la reincorporación, la reforma rural integral y las garantías de seguridad. Reconozco el intenso debate sobre el impacto de otras recientes iniciativas de paz, dados sus resultados limitados y la preocupación de que algunos grupos armados hayan aprovechado la situación para ampliar su influencia, agravando la inseguridad en diversas regiones. Consideramos importante extraer y aplicar las lecciones pertinentes de esta experiencia para poder usar el instrumento de diálogo con mayor eficacia en el futuro.La Misión reitera que los procesos de negociación requieren hojas de ruta claras, un marco jurídico establecido, mecanismos de verificación efectivos y una arquitectura institucional coherente, para que se traduzcan en una reducción sostenida de la violencia y en beneficios tangibles para las comunidades afectadas.¿Algún mensaje para el nuevo presidente?Las Naciones Unidas, incluyendo la Misión de Verificación en Colombia, están preparadas para sentarse con las nuevas autoridades, escuchar sus prioridades y compartir perspectivas sobre el estado de implementación del acuerdo, siempre con total respeto por la soberanía de Colombia, tal como lo hemos hecho en anteriores transiciones de poder.La Misión cuenta con una valiosa experiencia acumulada a través de los años y una amplia presencia territorial, que pone a disposición de las nuevas autoridades para seguir acompañando el proceso de consolidación de la paz y la seguridad en el país. Jhon Torres Natalia Peláez-Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.