Las imágenes parecen sacadas de un videojuego de simulación militar. En el punto de mira aparecen petroleros, remolcadores y transbordadores rastreados, alcanzados y hundidos. Durante la última semana, Ucrania lanzó una nueva ofensiva contra buques cargueros rusos que navegan por el mar de Azov. En su punto cúlmen, hasta 10 embarcaciones de la conocida como 'flota fantasma', que utiliza el Kremlin para transportar petróleo y productos derivados eludiendo las sanciones internacionales, resultaron atacadas en una única noche. Es imposible de confirmar el número total, pero las fuerzas de Kiev cifran en un centenar en apenas doce días. Esta campaña, de nombre 'MoLoChKa' y con mucho de espectacular, cumple una función más allá de laminar objetivos rusos allá donde estén. Los continuos ataques en el mar Negro y de Azov están afectando también la exportación de petróleo ruso. Es decir, la principal producción económica rusa. Ucrania está pinchando el balón de oxígeno de Putin. La subida del petróleo por la guerra en Irán no ha llenado las arcas rusas tanto como el Kremlin esperaba y revela una debilidad que preocupa en Moscú. Porque en la guerra energética, la clave no es el precio del crudo, sino la capacidad real de convertir el oro negro en dinero. Rusia tuvo su oportunidad en marzo después de que el gas y el petróleo doblaran su cotización y el presidente estadounidense Donald Trump flexibilizara algunas sanciones. Un soporte vital en el momento necesario. La energía representa más del 30% del presupuesto ruso. Por eso, Kiev lleva años desarrollando una estrategia para asfixiar las cuentas de Moscú. Y ahora parece conseguirlo con cinco dedos. Con cinco vías. Con cinco golpes al dinero. Los buques del mar de Azov son solo el último. 1. La producción saltó por los aires "Las sanciones más eficaces —las que surten más efecto— son los incendios en las refinerías, las terminales y los depósitos de petróleo", defiende Volodímir Zelenski. Tan solo entre enero y octubre del año pasado, Ucrania golpeó 21 de las 38 grandes plantas rusas. Y el ritmo ha aumentado considerablemente durante la primera mitad de 2026, con daños en 26 de las 38 refinerías principales en apenas 100 días. Una carrera entre lo que Rusia necesita para repararlas y lo que Ucrania tarda en volver a destruirlas. Una imagen encarnó este tira y afloja: la de la tapa de la mayor refinería de Moscú saltando por los aires por el error de una defensa antiaérea rusa durante el ataque de un enjambre de drones ucranianos. Drones que llegan cada vez más lejos, el récord hace una semana, cuando alcanzaron la refinería de Omsk, en Siberia, a unos 2.700 kilómetros de la frontera ucraniana. Moscú ha perdido prácticamente una quinta parte de su capacidad de refinación, y ha pasado de unos 5,2 millones de barriles diarios antes de la guerra a 3,8 millones actuales, según un estudio reciente del Instituto de Estudios Energéticos de Oxford (OIES). Esto representa el nivel más bajo de Rusia en 21 años, según el centro. Sin capacidad de ofrecer productos refinados, sus exportaciones se vuelcan cada vez más en petróleo crudo. Ucrania ha aprendido que no bastan ataques esporádicos, sino constantes y contundentes. Desde el último año, se ha centrado en dirigir sus ataques a objetivos más difíciles de reparar, como las plantas de hidrocraqueo, que transforman gasóleos pesados de baja calidad en productos refinados de alta calidad, como gasolina y diésel. Y lo está consiguiendo. Según informes internos rusos, la refinería de Moscú quedará fuera de servicio hasta, al menos, 2027. Aunque no podemos tener cifras exactas, las propias autoridades rusas se han visto forzadas a admitir "reducciones en la producción". "La producción actual es, en efecto, algo inferior a la de principios de año, debido a que varias de nuestras refinerías de petróleo están actualmente en mantenimiento no programado", declaraba el viceprimer ministro Alexander Novak el mismo día que los drones ucranianos atacaban San Petersburgo y Moscú. Si las capacidades para convertir el crudo en gasolina, diésel y dinero se ven afectadas, Rusia tiene que detener la extracción en los pozos o vender sin refinar, perdiendo un importante margen de beneficios. Por eso, castigar la producción tan solo es el primer dedo de una mano que pretende ahogar la economía rusa. El movimiento clave para arrinconar al rey en esta compleja partida de ajedrez en la que se ha convertido la invasión de Ucrania. 2. Golpe a las exportaciones El segundo dedo persigue las exportaciones, dirigiendo las piezas de su rival hacia las esquinas del tablero. ¿Cómo lo ha conseguido? Limpiando el mar Negro de buques rusos. Un plan que no empezó ni este 2026 ni con la guerra en Irán, sino en 2023. Aunque la contraofensiva fracasada en el sur y el inicio de la guerra en Gaza ocultaron parte de su éxito. Aquel año, Ucrania neutralizó una decena de naves moscovitas —incluido un submarino— recuperando así la salida al mar para exportar grano. La campaña también obligó a otros barcos de guerra rusos estacionados en Crimea a replegarse al puerto de Novorossiysk, el tercer hub ruso más importante en la exportación de crudo. A escala española, es como si los navíos fondeados en Menorca tuvieran que refugiarse en Valencia para estar a salvo. O eso creían en el Kremlin, porque tampoco ha sido suficiente. A base de misiles, drones aéreos y robots marinos, Ucrania ha dañado las instalaciones de Novorossiysk en repetidas ocasiones. También ha hundido fragatas militares. Con cuatro ataques en lo que llevamos de año, el puerto se ha convertido en una ratonera. Consciente del peligro, Moscú miró al noroeste, lejos de las fronteras ucranianas. En concreto, al Báltico, la salida al mar entre Finlandia y Estonia. Allí, los puertos de Primorsk y Ust-Luga concentran ya más de la mitad de las exportaciones marítimas de crudo. Precisamente, donde Ucrania ha atacado diez veces desde el 22 de marzo. Las consecuencias: 850 millones de euros en daños a la infraestructura y 180 millones de crudo calcinado. Lo más importante, sin embargo, no es la destrucción, sino el cuello de botella. Los ataques de Kiev han dejado fuera de servicio el 20% de la capacidad exportadora rusa —con picos del 40%—, anulando la subida de los precios por Irán. Un millón de barriles menos cada día. 84 millones de euros que el Kremlin deja de ingresar cada 24 horas. Este 2026, los ingresos relativos al gas y al petróleo para el presupuesto estatal ruso suponen apenas un 3,5% del PIB, frente a un 9% en 2019, un mínimo en la historia reciente rusa. "La combinación de un mayor potencial geográfico, múltiples ataques y una selección cada vez más precisa de unidades de refinación más complejas, junto con los ataques a la infraestructura de exportación, está ejerciendo presión tanto sobre el mercado interno ruso como sobre las ventas de exportación de productos", afirmaba la OIES en su informe. 3. El callejón marino Atacadas la producción y la exportación, a Putin aún le quedaban dos vías para intentar seguir beneficiándose de la subida de los precios del petróleo antes de que se reabra Ormuz: las rutas seguras hacia Asia y la flota fantasma rusa. La encargada del 49% de las exportaciones marítimas del Kremlin. Por eso, Ucrania concentra su cuarto dedo en perseguirla con la ayuda de aliados que nadie esperaba. Por la puerta de atrás y la boca pequeña, el país ha vuelto al terreno de juego internacional. Desde sus costas salió un dron marino ucraniano que impactó en uno de los barcos clandestinos utilizados por Moscú para sortear las sanciones internacionales, según una investigación de RFI, la radio pública francesa. La tripulación fue rescatada, pero el barco estuvo a la deriva con 60.000 toneladas de gas y un boquete de 40 metros. El ataque, el segundo en cuatro meses, ha destapado un acuerdo por el que Kiev instruye al ejército libio en el uso de drones a cambio de establecer 200 de sus militares en tres bases del país. El Mediterráneo ya no es una ruta tan segura para estos viejos barcos que transportan petróleo y gas a través de empresas pantalla para seguir llenando las arcas de Moscú. Una presión a la que Europa se suma más al norte. Francia ha abordado cuatro buques en lo que va de año. Suecia, dos más, y Reino Unido ha también dado luz verde a sus fuerzas para interceptar esta flota paralela en aguas británicas, con un primer caso el 14 de junio, cuando los Royal Marines abordaron un buque cargado de 98.000 toneladas de crudo que cruzaba el canal de la Mancha. "Estos barcos, que eluden las sanciones internacionales y violan el derecho del mar, son especuladores de guerra. Buscan lucrarse y financiar el esfuerzo bélico de Rusia", escribió Emmanuel Macron en X. "La guerra en Irán no desviará a Francia de su apoyo a Ucrania". Castigada la vía oficial, y con la clandestina bajo asedio, el Kremlin estudia el mapa para evitar el estrangulamiento. De sus tres rutas marinas principales —el Báltico, el mar Negro y el Pacífico—, las dos primeras están cada vez más expuestas al radar ucraniano. Ambas, además, canalizan el 80% de los productos refinados (mayormente gasolina y diésel) y comparten el mismo problema: necesitan alcanzar el canal de Suez en su camino hacia India, China y el resto de Asia. Un embudo geográfico que concentra el tráfico… y los riesgos. Si parten desde el Báltico, los barcos se exponen a los abordajes de franceses e ingleses hasta su entrada en el Mediterráneo, donde los ucranianos demuestran su capacidad para hundirlos. Si, por el contrario, salen indemnes del mar Negro y cruzan las aguas turcas, la ruta les lleva a bordear Chipre y navegar en paralelo a Siria, Líbano, Israel y Gaza, hasta llegar a Egipto. TE PUEDE INTERESAR Esa última ruta son tareas pendientes para Ucrania, pero Kiev no ha perdido el tiempo. En abril, Volodímir Zelenski fue recibido con honores en Damasco, donde habló con las autoridades sirias sobre grano, reconstrucción, energía y defensa. Pero a nadie se le escapó que la oferta más jugosa del nuevo gobierno sirio sería permitir la entrada de operadores de drones, como ha hecho Libia. No parece un acuerdo descabellado. Tampoco está confirmado, pero hay señales de sospechas de que puede abrirse otro frente en el mar. Encajan aquí también los ataques a más de 100 barcos rusos en el mar de Azov. Una primera capa de la estrategia es, sin duda, aislar la Crimea ocupada. Pero también avanza hacia donde están apuntando los ucranianos. Lo ponía en palabras Igor Dimitriev, analista ruso. "Ahora queda claro por qué el Ejército ucraniano combatieron de forma metódica en Crimea y a lo largo del corredor terrestre durante dos años. Estaban preparando una brecha para permitir el acceso de drones hacia el mar de Azov, y de hacia la ruta principal del mar Negro. Allí la cosa será más complicada, ya que los ataques podrían implicar a petróleo kazajo y azerí, pero desde luego demuestra que tenían ya planificado estos próximos movimientos". Doce años después de invadir Crimea para asegurarse una salida al mundo, el mar se ha convertido en el verdadero callejón de Moscú. Un nudo corredizo que sostiene su esfuerzo bélico con cada tirón, pero que lo está ahogando al mismo tiempo. Y esa misma lógica se extiende por tierra. Los siguientes dedos en el cuello de Putin no son ucranianos, sino ruso. 4. Problemas internos Los rusos ya no pueden ver la guerra solo en las pantallas de su televisor, y la campaña contra la producción y exportación petrolífera pasa ya factura social, con escasez tanto de gasolina como de combustible. Para evitarlo, el gobierno ruso ha establecido dos estrategias que, indirectamente, dañan sus propias arcas. Primero, la prohibición de las exportaciones de diésel por la escasez de combustible (que alcanza casi la totalidad de las 83 regiones de Rusia). La situación es tal que Kazajistán ha acordado suministrar a Rusia 50.000 toneladas métricas de gasolina durante julio y agosto como ayuda humanitaria, según reportó Reuters. Un tiro en la cartera para frenar la inflación, tener reservas y evitar protestas en las calles. El verano pasado, la Duma ya aprobó una medida similar, acompañándola de un tope a los precios que obligó a los pequeños productores a vender a pérdidas. El año pasado, estos pagos compensatorios representaron cerca del 10% de los ingresos de gas y petróleo. En la primavera de 2026, esta cifra ascendió casi un 30%. "Tan solo entre abril y junio, los pagos del mecanismo de amortiguación sumaron unos 622.000 millones de rublos (8.000 millones de dólares), frente a los 2,2 billones de rublos (28.400 millones de dólares) ingresados por el sector de hidrocarburos. En otras palabras, una parte cada vez mayor de los ingresos petroleros deja de permanecer en las arcas públicas", aclara Geraschenko. 5. El gigante indefendible Como el Titanic, Rusia tiene su mayor fortaleza y su principal debilidad en el tamaño. La capacidad ucraniana para golpear 2.000 kilómetros en el interior de sus fronteras ha invertido su histórica ventaja. En jerga estadounidense, Rusia está pasando del too big to fail (demasiado grande para caer) al too big to defend (demasiado grande para protegerse). A las grandes refinerías dañadas, les han seguido otras más pequeñas en el mar, plantas químicas, fábricas de ensamblaje de drones, metalúrgicas que producen armamento y una variedad de factorías que nutren las arcas del Kremlin o cuyos componentes son útiles en el frente de batalla. La campaña ucraniana "está aprovechando unas defensas aéreas rusas cada vez más dispersas para dañar de forma significativa su capacidad de exportación de petróleo", señala el Instituto para el Estudio de la Guerra. También destaca la destrucción sistemática de radares y equipos antiaéreos rusos. Por eso, Moscú coloca a contrarreloj redes antidrones, construye muros de decenas de metros y recluta a reservistas con ametralladoras para proteger sus plantas. Son medidas que tienen una efectividad limitada. La predicción de que la subida del petróleo salvaría las cuentas del Kremlin ignoraba los cinco dedos que las estrangulan. En la nueva Rusia, no es oro (negro) todo lo que reluce. O, al menos, no mientras Putin pierda la capacidad de convertirlo en dinero.
Los 5 dedos ucranianos que estrangulan las cuentas de Vladimir Putin
Rusia iba a beneficiarse de los altos precios del petróleo. Pero se ha topado con los cinco dedos que utiliza Ucrania para estrangular la producción energética del Kremlin








