Roberto RodríguezBarcelona 20/07/2026 01:38 Actualizado a 20/07/2026 01:44 Hay finales que se recuerdan por un gol, como el de Ferran Torres. Otras, por una parada imposible. Este España-Argentina pasará también a la historia por el silbato. El esloveno Slavko Vinčić emuló de manera infausta a Howard Webb en la final del 2010 que España ganó a Países Bajos al permitir que el partido se convirtiese en una retahíla interminable de protestas y pérdidas de tiempo por parte de la selección argentina. Desde las acciones disciplinarias, como la excesiva permisividad ante las provocaciones de Paredes, hasta la polémica falta que invalidó el gol de Nico Williams en la prórroga, el esloveno desesperó a la selección española.Condicionó el encuentro Vincic al no sancionar desde el principio las duras entradas de los de Scaloni. Una de Tagliafico sobre Lamine Yamal sirvió como carta de presentación. El nivel de contacto no bajó y a cada balón dividido algún español salía damnificado. Oyarzabal y Dani Olmo fueron las siguientes víctimas sin sanción de Lisandro Martínez y de Mac Allister, respectivamente. A ello se unió una absoluta permisividad para que cada saque de banda o de portería supusiese una pérdida de tiempo.El árbitro esloveno permitió todo el juego subterráneo de la albiceleste y desesperó a los de De la FuenteTodo empeoró en el segundo tiempo. La salida de Leandro Paredes elevó todavía más el nivel de agresividad de los argentinos. Lo primero que hizo fue cazar a Rodri y, todavía con el capitán tirado en el césped, se permitió el lujo de empujar a Olmo en varias ocasiones hasta tirarlo al suelo. Solo tras encararse con varios jugadores españoles reaccionó Vincic, que le mostró la tarjeta amarilla. Paredes continúo con su tarea. Patadas sin balón de por medio, empujones por la espalda... El abanico de recursos subterráneos fue interminable. Vincic se guardó la tarjeta roja de manera incomprensible e imperdonable, como Howard Webb con De Jong en el 2010 tras su entrada a Xabi Alonso.Su falta de firmeza siguió elevando la temperatura del partido. Mientras España intentaba no entrar al juego de los argentinos, el criterio del árbitro favorecía a estos últimos. Lamine Yamal reclamó numerosas faltas, que sí concedió al otro bando con leves empujones.Leandro Paredes se queja de una falta señalada.Matt Slocum / Ap-LaPresseVoló por los aires Pau Cubarsí tras una entrada con los tacos por delante de Enzo Fernández. Después de una noche aciaga, el esloveno encontró algo de valentía para expulsar al jugador del Chelsea. España ya tenía a su nuevo Heitinga. Era cuestión de persistir.Pero una decisión tan trascendente como dejar a un equipo con un hombre menos condicionó al colegiado. Primero con un añadido de 4 minutos en el segundo tiempo. Después, con la jugada por la que será recordado: un gol anulado a Nico Williams ya en la prórroga. Imposible saber por qué no concedió el tanto. Quizás por una falta previa inexistente de Mikel Merino sobre Otamendi. Aunque Vincic pareció más preocupado por las enésimas molestias del Dibu Martínez, que en su intención de perder tiempo se echó al suelo durante varios minutos.Todavía hubo más en la segunda parte de la prórroga, con uno de esos fueras de juego milimétricos que nadie comprende. Ferran Torres había marcado el segundo gol, que habría dado la tranquilidad definitiva a España.Quedaba la traca final. Un añadido inverosímil de cinco minutos en la segunda parte de la prórroga, que tan solo dura quince. Unas matemáticas completamente imposibles que no pudieron, sin embargo, con la gran apuesta futbolística de selección española.Roberto Rodríguez Díaz (Salvatierra de Miño) es licenciado en Periodismo (UPSA) y máster por la BCNY (UB-CU). Trabaja en La Vanguardia desde 2008 donde ha cubierto desde el Mundial de Sudáfrica en 2010 hasta el Tour de Francia de 2025. Siguiendo al Espanyol desde 2020. En Twitter: @Roberto_roda