El delantero español derriba la resistencia del meta albiceleste, autor de 11 paradas, récord en una final desde, al menos, 1966
Ferran Torres era un hombre angustiado el día dos del Mundial. No le cabía la ansiedad en el cuerpo cuando el árbitro fue a consultar al VAR para ver si le validaba un gol ante Arabia Saudí. España ya ganaba 4-0, así que era una cuestión casi exclusivamente personal. Uno de los más discutidos de la Roja necesitaba un refuerzo, un do de pecho que lo impulsara en medio de su propia neblina. Pero no, recibió lo contrario: la deliberación del colegiado dejó sin tanto al azulgrana, tan necesitado de cosas buenas que llevarse a la boca.
Después de haber sido titular en el primer duelo, con Cabo Verde, porque todavía Lamine Yamal no estaba disponible de inicio por la lesión, esa tarde cayó a la suplencia, de donde ya no saldría el resto del torneo. De la Fuente, eso sí, un entrenador y un tipo de fe, siempre tiró de él como recambio y en la final, en el minuto 61, sustituyó a Mikel Oyarzabal, perdido en la selva defensiva argentina.
La Albiceleste iba descontando minutos en su aspiración de alcanzar la tanda de penaltis después de sembrar de cepos el césped, hasta que un centro al segundo palo de Pedro Porro le abrió el paraíso a Ferran Torres. La pilló por arriba Nico Williams, la dejó atrás y, con la defensa descuajeringada tras la expulsión de Enzo Fernández, apareció como un tiburón Ferran. Tiburón, así se le conoce. Y de eso ejerció. Ya para los restos.










