Y 38 días y 103 partidos después, tras goles de bandera, héroes insospechados y remontadas imposibles, la esperada final del Mundial de fútbol 2026 se celebra este domingo en el estadio MetLife de New Jersey entre España y Argentina con capacidad para 82.500 espectadores. Más allá de lo que suceda en el césped, la atención también estará en el reducido grupo de personas que se sentarán en el palco, de alto voltaje, que será un reflejo de las tensiones políticas de estos tiempos con rivales políticos y antagonistas ideológicos del anfitrión Donald Trump.El presidente de Estados Unidos presidirá el encuentro final de un campeonato al que no ha prestado mucha atención. No ha acudido a ningún partido, aunque asegura que ha visto algunos. Estará acompañado por el presidente español, Pedro Sánchez, con el que ha mantenido algunas diferencias; y con sus vecinos del norte y el sur, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; y el primer ministro canadiense, Mark Carney. La ausencia de Javier Milei por superstición ayuda a que el ambiente no esté aún más caldeado en el palco en el que también se sentará el alcalde de Nueva York, Zorhan Mamdani, uno de los mayores rivales políticos de Trump. Con esta compañía, el palco se convertirá en campo de batalla silencioso entre dos visiones muy diferentes de ver el mundo. Estos serán los ocupantes del palco de máxima tensión:Pedro Sánchez. Junto a Trump se sentará el presidente español, Pedro Sánchez, con quien ha mantenido varios desencuentros por la negativa española de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB e impedir que Estados Unidos utilice las bases militares conjuntas en territorio español para los aviones que participan en la guerra de Irán. Las relaciones entre ambos países no atraviesan su mejor momento y Trump se ha encargado de escenificarlo cada vez que puede, con amenazas y dardos verbales. El pasado octubre aseguró que “España debería ser reprendida por la OTAN”, calificó al país como “un socio terrible y desleal” y pidió al secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, que expulsara a España de la organización militar. Meses más tarde, el pasado marzo, la calificó como “perdedora” y ordenó a su equipo que “cortara todo el comercio con España”. Hace 10 días volvió a la carga contra España en uno de los ataques más duros de estos meses de desencuentro: “España es una causa perdida. No queremos hacer ningún negocio comercial con España de ahora en adelante, por cierto. Me gustaría cortarlo. España es un compañero terrible en la OTAN. Corten todo el comercio con España, por favor. Incluyendo las visitas. No queremos tener nada que ver. No tienen remedio, mala gente”. Sin embargo, a las pocas horas, Trump decidió encarrilar la situación. Aseguró que España se había comprometido a costear una partida de gasto en defensa. “Debo admitir que tuve problemas con España, y aún los tengo, pero hoy España se redimió por completo. España fue muy generosa hoy”, señaló, unas declaraciones que contribuyeron a enfriar los ánimos. En el lado español, están tranquilos porque conocen el carácter voluble del mandatario estadounidense.Felipe VI. Está previsto que el Rey y la reina Letizia acudan a la final, como anunció el jefe del Estado durante su viaje a Guadalajara (México) para ver el encuentro de la fase de grupos del Mundial entre España y Uruguay. Su presencia también ayudará a relajar los ánimos, ya que mantiene una relación de respeto y cercanía diplomática con Trump, con el que ha coincidido en varias ocasiones. Mark Carney. La tensión que rodea a Trump también salpica a sus vecinos del norte y del sur, con quienes ha colaborado para organizar el Mundial, pero con quienes mantiene una fría relación. Los tres países están en plenas negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), un acuerdo firmado hace tan solo seis años y que Washington amenaza con romper.Como prueba de cómo están las relaciones, Trump amenazó este viernes a Canadá con imponer nuevos aranceles por el humo negro que cubre los cielos del norte de Estados Unidos por varios incendios en la provincia de Ontario y que están causando graves pérdidas. “Responsabilizamos a Canadá por no mantener adecuadamente sus bosques y la maleza que contienen, lo que provoca que Estados Unidos sufra una invasión innecesaria de aire sucio, contaminado”.El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha mostrado grandes dosis de diplomacia para tratar de contener al inquilino del Despacho Oval, pero también ha sido uno de los pocos que le ha plantado cara. Carney es uno de los políticos mundiales más audaces. Su discurso este pasado enero en el Foro de Davos fue muy celebrado por la comunidad internacional por desafiar la visión que Trump tiene del mundo, priorizando el nacionalismo económico, el proteccionismo arancelario y el escepticismo hacia la globalización. Canadá fue uno de los países que reaccionó tras el anuncio de Estados Unidos de imponer aranceles a todo el mundo. Ottawa respondió con nuevas tarifas para las importaciones estadounidenses y desde entonces han estado negociando un marco para rebajar los gravámenes, pero casi año y medio después Canadá es el único país del G20 que aún no ha cerrado un pacto comercial con Estados Unidos. Claudia Sheinbaum. A su lado estará la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, defensora de un pragmatismo diplomático con su vecino del norte, pero que también ha protagonizado algún episodio de alta tensión con Trump. Aún se recuerda la incomodidad de la dirigente mexicana cuando visitó Washington el pasado diciembre para el sorteo del Mundial. Sheinbaum evidenció una separación física, que simbolizaba también el momento de frialdad entre ambos líderes. Están en las antípodas ideológicas y representan dos formas diametralmente distintas de ejercer el poder. Trump ha acusado a México de amparar a los carteles de la droga y ha amenazado con intervenir, pero la mandataria mexicana ha apelado a la soberanía de su país. Y ha defendido la labor de las autoridades mexicanas de seguridad. La tensión se agravó con la muerte de agentes de la CIA en territorio mexicano. México también negocia el T-MEC con Estados Unidos, en unas conversaciones que parecen más afines que con Canadá. Zohran Mamdani. Otro de los ocupantes del palco será el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que sorprendentemente mantiene una respetuosa relación con Trump pese a sus gigantescas diferencias ideológicas. Mamdani llegó a la alcaldía casi por sorpresa representando al ala socialista del Partido Demócrata, una corriente que está ganando fuerza en los últimos meses y a cuyos miembros Trump no para de atacar llamándolos “comunistas peligrosos”. Pese a que ambos líderes políticos no ocultan sus diferencias ideológicas, en las escasas veces que han aparecido juntos han escenificado cierta admiración, más Trump por Mamdani que viceversa, pero sí que ha sorprendido la cordialidad entre ambos. El ocupante de la Casa Blanca suele ser despiadado con sus enemigos, pero con Mamdani mantiene cierta deferencia. Son sus satélites políticos y mediáticos los que no dan respiro al alcalde neoyorquino.Gianni Infantino. El presidente de la FIFA es el hombre del Mundial. Lo ha dado todo para que este torneo sea un éxito y a la vez un lucrativo negocio para la institución que preside. Su figura está envuelta en la polémica por la discutida relación de amistad que mantiene con Trump, lo halaga continuamente y atiende a todas sus demandas. Por eso, cuando el presidente estadounidense lo llamó para quejarse por la tarjeta roja a Balogun y la FIFA le suspendió la sanción en un hecho sin precedentes en el fútbol mundial, se montó un escándalo que ha empañado el campeonato. Se espera que Infantino, un hombre con grandes dotes diplomáticas, ayude a rebajar la tensión en el palco y a suavizar cualquier malentendido que pueda suceder. Aunque todas las miradas estarán puestas en Trump, por su carácter volcánico e impredecible. Este viernes, el presidente republicano ya insinuó que un próximo Mundial debería volver a celebrarse en su país debido al éxito de esta edición. El ausente Javier Milei. El presidente de Argentina, Javier Milei, no estará en el palco. Ha asegurado que no viajará por superstición. Asegura que cumple con la cábala que le ha dado a la selección nacional de su país la victoria en todos los partidos hasta la final. “Como hace frío y no prendo la calefacción, uso una campera de una petrolera. El día del partido con Suiza, me dio mucho calor”, narró. “Me la saqué y nos hicieron un gol. Me la volví a poner y no me la saqué nunca más”.
Un palco de alto voltaje para la gran final
Trump compartirá tribuna con Pedro Sánchez, con quien ha mantenido algunos desencuentros, y con el alcalde de Nueva York, uno de sus mayores rivales políticos










