El verbo perder es anatema en el fútbol argentino, al menos hasta este domingo. Aquellos que alguna vez Marcelo Bielsa definió como “rebeldes ante la derrota” se rindieron a España en la final de un mundial sin que ello suponga un trauma nacional. Esta vez, en cambio, supone un reconocimiento a lo que se adivina como el final de la carrera inalcanzable de Lionel Messi con su selección, que en los últimos años pareció más bien un grupo de amigos a su alrededor, sin que eso sea algo que se pueda menospreciar. Al revés, resultó una fórmula ganadora que remató en una imagen imperecedera, la de las lágrimas del 10 mientras esperaba que España levantase la Copa del Mundo.
Llegaba la sensación desde Argentina que cuatro días no habían sido suficientes para degustar y digerir del todo la victoria ante los ingleses. Decían en los medios que la final ya venía “de yapa”, algo así como de regalo, o de propina después de un banquete. Se dio así por la circunstancia de esa semifinal, en una Copa del Mundo en la que todo era ya de regalo, porque Messi tiene 39 años y se entendía como “la última de Leo”, y porque todo el camino hacia la final fue un penar en el que empezaban perdiendo y luego los remontaban. Si no llegaban, se podría entender por primera vez en Argentina, un país hipercompetitivo y nunca satisfecho del todo a pesar de su vigencia histórica en el último medio siglo. Desde el inicio de los mundiales, en 1930 hasta 1978 habían jugado una final, y desde entonces hasta hoy, en el mismo período de 48 años, llegaron a seis finales: en este medio siglo hay por lo menos tres generaciones que han aprendido a alentar a una selección campeona o subcampeona. Se entiende así el peregrinar constante al Obelisco de Buenos Aires en este tiempo, independientemente del momento político, inmerso casi siempre en un carrusel de crisis económicas y con la olla a presión de la política siempre pitando. En Argentina, más que en ningún otro lado, el fútbol funciona como un espejo deformado de la realidad. Y como tal, se muestra exagerado en sus demostraciones populares.










