NoticiaHizo todo por ganar, pero tuvo que esperar hasta el alargue, para gritar la victoria. Final de la Copa Mundial 2026: termina 0-0 el primer tiempo del partido entre Argentina y España Foto: AFPPERIODISTA19.07.2026 17:02 Actualizado: 19.07.2026 17:05
A veces el fútbol se olvida del azar y se hace el justo. A veces premia al que más lo intenta, al que más lo merece y al que mejor lo juega. Eso fue España, el equipo que hizo todo lo posible por ser el campeón del Mundial 2026, no cualquier campeón, uno que emocionó con su juego de armonía, de toque letal, y el fútbol no le dio la espalda a su propuesta. Le ganó 1-0 a Argentina, la de Messi, y celebra la segunda corona de su historia, con autoridad, con belleza y con justicia. El partido arrancó y España agarró el balón como si fuera suyo, como advirtiendo de su dominio, como si no fuera un balón sino una bola de cristal en la que los jugadores vieron toda la gloria que les esperaba. Los músicos españoles empezaron a tocar lo que saben: uno, dos, tres pases, atrás, al lado, al frente, aplausos, y los argentinos eran guerreros vigilantes, de esos que no se atreven, pero sudan; España seguía en lo suyo, 4, 5, 6 pases, pared, un taco abusivo, un primer remate de Yamal a las manos del Dibu. España no solo necesitaba de su fútbol mágico, necesitaba de ingenio. Fue cuando Oryazabal encontró la pelota refundida al borde del área y lanzó un buen disparo que atajó el portero. Minutos después, intervino Cucurella con un zurdazo rasante y la pelota pasó muy cerca. Pero era muy poco. Escaramuzas.El primer tiempo fue pobre. Se agotó y todavía no se sentía la atmósfera de ser el partido definitivo, no había goles, no había aparecido ni Messi –si acaso tocó la pelota–. España, cansado de tener el balón, no liquidaba; Argentina, cansado de defender, no se decidía a arriesgar: este partido todavía no parecía la final. Si se esperaba suspenso, era un cursi melodrama. Cuando sonó el silbato de los 45, los equipos se sintieron como en tregua. Necesitaban descansar, no sus piernas sino su mente. Prometiendo volver a jugar la final que aún parecía que no jugaban.De vuelta, España retomó su conducta asfixiante. Baena fue el primero en intentarlo. Después Ferrán Torres. Luego Pedri... Y como los atacantes no podían, los defensas fueron a intentarlo, con el remate de Cubarsí y el cabezazo de Laporte. Solo faltaba que el portero Simón, aburrido de tanta quietud, también fuera a probar. Lo de España ya no era música, era monólogo. Pero sin gol. Y mientras tanto, el Dibu volaba de un lado al otro. Los jugadores argentinos sintieron que su rival parecía un vendaval que los empujaba contra su arco y los asfixiaba. Y ellos, aunque peleaban y braveaban, no lograban ni respirar. Y si miraban a Messi era para preguntarle, ¿estás?Sin embargo, no se veía cómo España iba a vencer al Dibu, ni como Argentina iba a conocer al arco rival. El partido se aceraba a la prórroga, pero los hinchas ya apostaban quiénes iban a patear los penaltis. Antes del alargue, Argentina perdió a Enzo Fernández por expulsión. Y si con 11 ya eran una pared, con 10 iban a ser una muralla troyana. Los 90 se acabaron –hubo otra atajada del Dibu, a Yamal– y los jugadores albicelestes miraron otra vez a Messi como para preguntarle, ¿y ahora que hacemos?Los hinchas que les temen a los penaltis clamaron por un gol en el alargue, unito, como fuera, no tenía que ser lindo. Pero España encontró otra vez las manos del milagroso Dibu ante remate de de Williams. Al propio Williams le anularon un gol por una falta previa. Al fin se acabaron los 120 y en el estadio hubo un aterrador sonido, ¿lo oyeron?: era el silencio de una final del Mundial que se iba a los penaltis.En ese momento el Dibu miró sus manos, “tendrán que salvarnos otra vez”.AVANCEPABLO ROMERORedactor de DEPORTES@PabloRomeroETIG: pablo.rimeromMás noticias de deportes Sigue toda la información de Deportes en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











